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—¿Segura que estás bien? Podemos quedarnos el tiempo que necesites

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—¿Segura que estás bien? Podemos quedarnos el tiempo que necesites.

—Por favor, no desatiendan su vida privada o los negocios por mí.

—No es molestia, cariño, nos quedaremos el tiempo que haga falta.

—No lo hago por mí, sino por Han.

—¿No será que te estás evadiendo?

—Leon, a veces eres muy duro— dijo Juliana al verlo.

—No lo regañes, a veces creo que es verdad, llevamos más de un mes aquí después de todo.

—¿Nos llamarás si necesitas algo, verdad?

—Claro que sí, ¿qué pregunta es esa?

—Llama, no importa el día o la hora, necesitamos saber que sigues viva, ¿de acuerdo?

—Sí, cariño— sonrió Kelly y Leon la abrazó con fuerza.

***

—No me avisaste que se fueron.

—En la madrugada, aprovecharon que Dom iría a recogerlos.

—¿Por qué no te fuiste con ellos?

—Me preguntaste si me gustaba hablar de Jesse y... no suelo hacerlo porque... murió en mis brazos, fue la primera vez que me dispararon, no te lo había dicho...

—Noté las cicatrices la primera vez que estuvimos juntos.

—¿Por qué no dijiste nada?

—Quería que tú me lo dijeras.

—No pensé en mi hermano hasta que Dom decidió irse y dejarnos a Letty y a mí atrás.

—¿No guardas un buen recuerdo?

—Todo lo contrario, lo hubieras visto, era la luz de mis ojos, mi razón de vivir— se le comenzó a entrecortar la voz—, Jesse fue tan brillante, un niño listo que mejoró nuestros autos desde que tenía uso de razón— sollozó de solo recordarlo—. Lo amaba, ¿sabes? Con ese niño, digo niño como si le llevara veinte años y eran apenas un par, aprendí tantas cosas. León y yo hablamos de familia, de hijos, una casa propia y obviamente nos llevaríamos a mi hermano— se secó las lágrimas mientras Han la conducía a la cama para abrazarla—; pero murió en mis brazos, tardé más en recuperarme que ahora, supongo que fue por ser la primera vez. Luego de recuperarme, fui a Colombia a esperar a Leon y no llegó, lo esperé tanto tiempo... mi sueño murió con mi hermano, porque no creía que podría sentir de nuevo, no podía superar la pérdida.

—¿Y qué sientes ahora?

—Me duele, hablé con Jesse, le pedía que me llevara con él y no podía, intenté tocarlo y no alcanzaba su mano, ¡mi hermano se fue!

—Jesse está ahí, siempre, a tu lado.

—Ya no lo siento, ¿sabes?

—¿Por eso no quieres volver a Los Ángeles, a tu vieja vida?

—Y porque tengo un pupilo demasiado idiota, deja los coches peor que yo.

—Tienes que irte, este no es tu México.

—Mi oasis suelen ser mis amigos, pero ahora Giselle no está, los latinos siguen endeudados en Mónaco y Leon ahora tiene una vida.

—Puedes volver cuando quieras, no perderemos el contacto— le besó la cabeza.

***

—Apenas recogimos a Leon y Juliana.

—¿Lo reconociste?

—Todavía tengo lagunas, pero sí, recuerdo que me llevó con Juliana para que me curara.

—¿Y cómo te sientes ahora que has vuelto?

—No sé contestar a eso— titubeó luego de un momento.

—Es normal, no quiero ni necesito que contestes ahora mismo, sino cuando lo creas prudente, cuando sea más fácil hacerlo.

—¿Y tú?

—¿Qué cosa? — su interlocutora frenó el auto, en medio del desierto, donde le gustaba manjear, a cualquiera de las dos.

—¿Sabías quién era yo? Esa vez, cuando me golpeaste.

—La que perdió la memoria fuiste tú, no yo. Para mí siempre has sido mi hermana, mayor, obviamente— rio mientras las lágrimas bajaban por sus mejillas—, eras la brabucona que golpeaba a cualquiera que se quería propasar con Mía, siempre ha sido nuestra hermanita, nuestra pequeña y ahora esa pequeña tiene a su pequeño. ¿Por qué no vino Dom?

—Le pedí tiempo.

—¿Quieres hablar de ello?

—Ya lo sabes.

—No es lo mismo saberlo a que tú me lo digas.

—Quiero saber quién soy.

—¿Y por qué viniste?

—Para que me dijeras todo lo que sabes.

—¿Tienes el tanque lleno?

—No se sale con el tanque a medias.

—Bájate, manejo yo.

La otra TorettoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora