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—Les conseguí una invitación a la fiesta más exclusiva del año

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—Les conseguí una invitación a la fiesta más exclusiva del año...

—Safar.

—No— espetó—. Robaron el auto del anfitrión y saltaron entre dos edificios.

—De hecho, fueron tres edificios.

—Dos, insulto, tres, honor. Perdón.

—Vaya, vaya, vaya. A decir verdad, tiene una interesante interpretación de la discreción, señor Toretto. Creí que teníamos un acuerdo, Dom.

—A veces hay que jugar una carta para que no te atrapen.

—Por eso yo prefiero repartir— se giró a Safar—. Buenas noches.

—Me echan de mi propio taller. Excelente.

—¿Puedo?

—Brian, dáselo.

—Tantas molestias por esta pequeña cosa. Con todo respeto, hiciste un gran trabajo ahí atrás. Todos ustedes— se giró. Kelly saludó con la mano a modo de agradecimiento, Roman aun no la soltaba, la bolsa de hielo comenzaba a calentarse—. Todos mis hombres ahora están listos, totalmente a tu disposición.

—Ramsey, actívalo y encuéntrame a Shaw.

—Esto es una locura.

—Dame un segundo. Está cazando, entrando a las cámaras de las Torres Etihad, ahí vieron a Shaw por última vez y ahí empezaré. Estos números son un biomapa del rostro de Shaw, lo cotejará con todas las cámaras, con todo aparato de audio en el hemisferio. Listo, parece que se oculta aquí.

—Es perfecto— dijo Brian—, fábrica automatizada sin gente y con muchos escondites.

—Cambiaste el rostro de estas búsquedas para siempre. Felicidades.

—Amanece en dos horas, es cuando saldremos tras Shaw, cámbiense.

Kelly le lanzó su bolsa de hielo a Roman y esté dejó de molestar con que quería revisar su correo. Se quitó el vestido y lo lanzó al coche de Roman para sacar la maleta de la cajuela, llevaba una licra y una camiseta interior, ideal para ese tipo de situaciones. Pronto se puso su acostumbrado traje de porrista con sus tenis, siempre creyó que no podría vencer al mal con un simple pantalón de mezclilla que le limitaba el movimiento.

—Vamos ahora, solo tú, tu equipo y yo.

—Claro que no— se plantó detrás de él con los brazos cruzados.

—No eres asesina.

—¿Eso piensas?

—Te dije que diría eso— habló Brian lanzándole una maleta a la rubia—. Te conozco demasiado bien, Dom, iremos contigo.

—Parece que la fiesta es una cacería, atrapemos a una sombra.

Todos subieron a las camionetas y salieron a toda prisa. Tan pronto como tomaron carretera, ya solo les faltaban diez kilómetros para llegar al lugar. Solo cuatro camionetas y el menor ruido posible. Primero los militares y hasta atrás la rubia, su primo exigió ir antes que ella. Todos con ametralladora en mano. No tardaron en encontrarlo, estaba comiendo, parecía que ya los esperaba.

—Espero que disfrutes tu última comida.

—¿Esto es todo? ¿Es todo lo que amerito? ¿Doce hombres y una porrista?

—Descubrirás que es más que suficiente— dijo un soldado. Shaw se limpió la boca con la servilleta y quitó la espuela de la granada, todos retrocedieron un paso, menos los primos.

—Yo estoy listo para ver a mi creador, ¿y tú?

—¿Qué esperabas, Toretto? ¿Tomarme por sorpresa? ¿Verme agitando una bandera blanca? ¿Has escuchado el dicho "el enemigo de mi enemigo, es mi amigo"?

—Yo no tengo amigos, solo familia.

—Pues yo tengo muchos amigos.

—Emboscada— exclamó al ponerse espalda con espalda a su primo.

—Cúbrete, Kelly.

Apenas y veían por la oscuridad, seguro los mercenarios no tenían problema con su visor de rayo. Don Nadie tenía unos lentes especiales, así que fue allanando el camino, no lo suficiente, cuando iba a cargar más, dos balas le atravesaron. Dom y Kelly dispararon hacia el puente y él ayudó a sacar a don Nadie. Brian y Kelly intentaron tomar el Ojo, pero les fue imposible, así que lo dejaron atrás. Shaw lanzó por fin la granada, Brian la lanzó al suelo y la cubrió con su cuerpo. Salieron poco después detrás de Dom, ella al volante. 

La otra TorettoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora