Alexia estaba sentada en una mesa de la cafetería, hablando con Mapi mientras disfrutaban de sus bebidas. El sonido de la vibración de su móvil la sacó brevemente de la conversación, y al mirar la pantalla, una sonrisa suave se dibujó en su rostro. Mapi, notando el gesto, arqueó una ceja y preguntó con curiosidad:
—¿Es Yara? —inquirió, sonriendo al ver cómo la expresión de Alexia se iluminaba.
—Sí —respondió Alexia, con un tono que dejaba ver el cariño que sentía por su pareja—. Me dice que ya va para casa y que tiene muchas ganas de pasar tiempo conmigo.
Mapi asintió, entendiendo perfectamente el sentimiento. La conversación continuó durante un rato más, pero Alexia ya estaba pensando en llegar a casa, relajarse con Yara y tal vez ver alguna película juntas, disfrutando de esa tranquilidad que siempre encontraban la una en la otra. Finalmente, se despidieron y cada una se dirigió a su casa.
Alexia había llevado el coche esa tarde, así que el viaje fue rápido. Estaba ansiosa por verla, y esa anticipación la hizo conducir un poco más rápido de lo normal. Al llegar a su edificio, aparcó y se dirigió hacia la puerta con una ligera sensación de emoción. Sin embargo, algo no encajaba. Todas las luces del piso estaban apagadas, y no había ningún indicio de movimiento en el interior.
Frunció el ceño, un poco extrañada. Quizás Yara se había encontrado con alguien en el camino y estaban poniéndose al día. Decidió no darle demasiada importancia y entró al piso, dejando las llaves sobre la mesa y encendiendo algunas luces. Se sentó en el sofá, encendió la televisión y esperó. Los minutos se convirtieron en una hora, y luego en dos, y Yara no aparecía.
La preocupación comenzó a asentarse en su pecho. Había pasado demasiado tiempo desde el último mensaje. Alexia, no queriendo sonar ansiosa, finalmente decidió escribirle a Yara de nuevo: “¿Estás bien? ¿Dónde estás?”. Envió el mensaje, pero al observar la pantalla, notó que solo aparecía una raya en el chat, señal de que el mensaje no había llegado a su destino.
El nudo en su estómago se hizo más grande. Se levantó del sofá y comenzó a caminar de un lado a otro, incapaz de ignorar el creciente miedo que la invadía. Decidió que lo mejor sería llamar a Ona, ya que había estado con Yara esa tarde. Marcó el número y, apenas Ona contestó, Alexia no pudo evitar que su voz revelara su ansiedad.
—Ona, ¿sabes algo de Yara? —preguntó casi sin respirar—. No ha llegado a casa y no responde a mis mensajes. Estoy… estoy asustada.
Ona se alarmó al escuchar la preocupación en la voz de Alexia. Trató de calmarla mientras le explicaba que Yara se había despedido de ella hace tiempo y que le había dicho que iba a ir directamente a casa, con muchas ganas de verla. A sugerencia de Alexia, Ona intentó escribirle un mensaje también, con la esperanza de que tal vez el problema fuera solo con el móvil de Alexia, pero la situación era la misma. Nada llegaba.
—Voy para allá —dijo Ona sin dudarlo—. Te ayudaré a buscarla.
Después de colgar, Alexia se sintió aún más ansiosa. En un impulso, llamó a Mapi, quien inmediatamente sintió la gravedad de la situación. Apenas escuchó lo que estaba pasando, le aseguró que iría a su casa de inmediato para ayudar.
Alexia intentaba mantener la calma, pero el miedo era casi paralizante. Se sentó en el sofá, incapaz de pensar con claridad, su mente llena de imágenes aterradoras. ¿Dónde estaba Yara? ¿Qué le había pasado? El tiempo parecía arrastrarse mientras esperaba que Ona y Mapi llegaran, el silencio del piso solo empeorando su angustia.
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𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔
RandomYara, una jugadora de fútbol poco conocida, se une a la selección española, deseando conocer a sus mayores inspiraciones, pero encuentra a Alexia Putellas muy distante con ella. A medida que Yara busca su lugar en el equipo, descubre que la frialda...
