Capitulo 81

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El 10 de abril llegó, y con él, un peso sobre el corazón de Alexia que le costaba cargar. Sabía que era el cumpleaños de Yara, un día que, en cualquier otro año, habrían pasado juntas, riendo, celebrando, compartiendo momentos que se convertirían en recuerdos preciados. Pero este año era diferente. Yara no estaba, y la ausencia era una herida abierta que no dejaba de sangrar.

A pesar de todo, Alexia no había podido resistir la tentación de comprarle un regalo. No importaba que Yara no estuviera allí para recibirlo; el acto de elegir algo para ella, de imaginar su sonrisa al verlo, era un pequeño consuelo en medio del dolor. Alexia pasó horas buscando algo que pudiera expresar lo que sentía, algo que le recordara a ella, cuánto la seguía amando, a pesar de la distancia y el silencio. Finalmente, encontró dos cosas que sabía que Yara habría adorado.

El primer regalo fue un peluche de un koala, su animal favorito. Recordaba cómo, en una de sus conversaciones, le había contado que siempre había sentido una extraña conexión con los koalas, con su tranquilidad y su manera de aferrarse a lo que querían. Alexia había encontrado el peluche en una pequeña tienda, y al verlo, supo que era perfecto. Lo abrazó con fuerza antes de comprarlo, imaginando que, de alguna manera, ese abrazo llegaría hasta Yara.

El segundo regalo fue más simbólico, un cupón en un estudio de tatuajes, algo que había mencionado en varias ocasiones. Yara siempre había querido hacerse un tatuaje para su cumpleaños, un deseo que había compartido con Alexia muchas veces. “Cuando llegue el día, quiero que sea algo significativo”, le había dicho en una ocasión. Alexia no tenía dudas de que cumpliría su promesa, pero lo haría lejos, sin ella a su lado.

Mientras sostenía esos regalos, Alexia sintió una mezcla de emociones contradictorias: amor, tristeza, esperanza y desesperación. Sabía que probablemente nunca podría darle estos detalles a Yara, que quizás nunca tendría la oportunidad de ver su reacción o de compartir ese momento con ella. Pero aun así, necesitaba hacer esto, necesitaba sentir que, de alguna manera, seguía estando conectada a Yara, aunque solo fuera a través de un simple peluche y un trozo de papel.

Las ganas de escribirle eran casi insoportables. Alexia había pasado semanas resistiéndose a la tentación de enviarle un mensaje, de buscar algún tipo de contacto, cualquier cosa que le permitiera saber cómo estaba. Pero sabía que no podía hacerlo. Había un muro infranqueable entre ellas ahora, y aunque no comprendía del todo por qué Yara había tomado esa decisión, respetaba su deseo de distancia. Aun así, el deseo de comunicarse con ella no desaparecía, y en lugar de enviar un mensaje, Alexia decidió escribir una carta.

Se sentó en la mesa de su cocina, con un papel en blanco frente a ella y un bolígrafo en la mano. Las palabras no salían fácilmente. ¿Qué podía decirle  que no la hiciera sentir peor, que no añadiera más dolor al que ya estaban sufriendo? Después de varios minutos de incertidumbre, comenzó a escribir.

Querida Yara,

Hoy es tu cumpleaños, y aunque no estemos juntas, no puedo dejar de pensar en ti. He pasado mucho tiempo recordando todas las conversaciones que tuvimos sobre este día, sobre lo que significaba para ti, y sobre lo que querías hacer. Me gustaría pensar que, de alguna manera, estás cumpliendo tus sueños, aunque sea lejos de aquí, aunque sea lejos de mí.

Te compré unos regalos. Puede que nunca los recibas, pero eso no cambia lo que significan para mí. Un pequeño koala, para que tengas algo que te haga compañía, algo que te recuerde que siempre estaré aquí, a tu lado, en espíritu. Y un cupón para un tatuaje, algo que sé que querías hacer desde hace tiempo. Espero que, dondequiera que estés, puedas hacer ese tatuaje que tanto querías. Tal vez, si alguna vez nos volvemos a encontrar, podré verlo, y podremos reírnos juntas de cómo te dolió menos de lo que pensabas.

No sé si alguna vez leerás esta carta. No sé si algún día la recibirás. Pero necesito que sepas que no importa lo que haya pasado, no importa lo que pase en el futuro, siempre tendrás un lugar en mi corazón. Te echo de menos cada día, y aunque intento seguir adelante, hay momentos en los que todo lo que quiero es escuchar tu voz, ver tu sonrisa, sentir que todo volverá a ser como antes.

Hoy brindaré por ti, por lo que eres y por lo que siempre serás para mí. Feliz cumpleaños, Yara. Dondequiera que estés, espero que sepas que siempre estaré aquí, esperando que la vida nos dé una segunda oportunidad.

Con todo mi amor, 
Alexia

Cuando terminó de escribir, las lágrimas corrían por sus mejillas. No sabía si alguna vez Yara leería esas palabras, pero de alguna manera, el acto de escribirlas la hizo sentir un poco más cerca de ella. Guardó la carta en un cajón, junto con los regalos, y se prometió a sí misma que, si alguna vez regresaba, se los entregaría.

El resto del día lo pasó en un estado de melancolía. Cada pequeño detalle, cada pensamiento, le recordaba a Yara. Por la noche, después de cenar sola, salió al balcón y miró las estrellas. Sostuvo el peluche del koala contra su pecho, cerrando los ojos y deseando, con todas sus fuerzas, que Yara pudiera sentir su amor, su cariño, a pesar de la distancia que las separaba.

Cuando se fue a la cama, el koala estaba a su lado, y aunque el espacio al otro lado de la cama estaba vacío, Alexia se durmió imaginando que algún día, de alguna manera, volvería. Era una esperanza frágil, pero en ese momento, era lo único que la mantenía adelante.

¿Qué os está pareciendo hasta ahora?
¿Os gusta? ¿Qué creéis que va a pasar con nuestras chicas? ¿Hará algo Olga para evitar un reencuentro?

Pronto veremos qué es lo que realmente va a pasar

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𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora