Capitulo 98

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Alexia entró al baño con el corazón desbocado, sintiendo que el tiempo se le escapaba entre los dedos. Cerró la puerta suavemente y se tomó un momento para respirar, apoyándose en el lavabo mientras su mente se desbordaba con mil pensamientos. Sabía que no podía quedarse allí mucho tiempo, que Olga sospecharía si tardaba demasiado. Pero tampoco podía permitirse salir sin antes haber encontrado alguna pista, algo que les diera ventaja.

Se incorporó y echó un rápido vistazo a su alrededor. El baño estaba inmaculado, con una organización que casi rozaba lo obsesivo. Los frascos de jabón y crema estaban alineados perfectamente, y las toallas colgaban de los ganchos, dobladas con precisión. Alexia abrió el pequeño armario debajo del lavabo, revisando rápidamente los estantes en busca de algo que pudiera ser útil. Pero no encontró nada fuera de lo común, solo artículos de aseo y productos de limpieza.

Sin perder más tiempo, salió del baño y se encontró con Olga en el pasillo.

—Gracias, Olga —dijo Alexia con una sonrisa, intentando sonar relajada—. Me hacía falta.

—De nada, ¿quieres sentarte un rato? —preguntó Olga, señalando el sofá en la sala de estar—. Voy a preparar un café, te hará bien.

—Sí, claro, gracias —respondió Alexia, tratando de esconder su incomodidad. Se dirigió al sofá, preguntándose cuánto tiempo podría mantenerse tranquila antes de que sus nervios la traicionaran. Se sentó, dejando caer sus manos en el regazo, mientras Olga desaparecía en la cocina.

El silencio era opresivo, roto solo por el sonido de Olga trasteando entre las tazas. Alexia cerró los ojos por un momento, intentando concentrarse. Tenía que pensar rápido, cada segundo contaba. De repente, un murmullo bajo llegó desde la cocina.

—Mierda —escuchó a Olga maldecir, aunque en un tono casi imperceptible.

Alexia se irguió, aprovechando la oportunidad para interactuar, pero sin mostrar sospecha.

—¿Todo bien, Olga? —preguntó, levantando la voz para que la escuchara desde la cocina.

—Sí, solo que… —Olga apareció en la puerta de la cocina con una mueca de frustración—. Me he quedado sin café. Voy a tener que ir a la tienda de la esquina. ¿Te importa esperar? No tardo nada, solo un par de minutos.

Alexia sintió una chispa de alivio, disimulada bajo su fingida indiferencia.

—No hay problema, tómate tu tiempo —respondió con una sonrisa tranquilizadora.

Olga asintió y tomó su bolso apresuradamente antes de dirigirse hacia la puerta.

—De verdad, no tardo nada —repitió antes de salir, cerrando la puerta tras de sí.

En cuanto escuchó el clic del cierre, Alexia se levantó del sofá con rapidez. Sabía que esos pocos minutos eran su única oportunidad para investigar a fondo la casa de Olga. Se movió con cautela por el salón, revisando estanterías, cajones, pero todo parecía en orden, como si Olga hubiera tenido cuidado de no dejar nada comprometedor a la vista.

Frustrada, Alexia decidió que tenía que arriesgarse y entrar en la habitación de Olga. Caminó a paso rápido por el pasillo, asegurándose de que ningún detalle escapara a su vista. Abrió la puerta de la habitación y se encontró con un espacio tan ordenado como el resto del apartamento. Una cama perfectamente hecha, un armario grande y un escritorio con solo un par de papeles perfectamente alineados.

Comenzó a buscar rápidamente en el armario, revisando entre la ropa, buscando compartimentos ocultos o algo que pudiera estar fuera de lugar. Pero todo estaba demasiado bien organizado, como si Olga hubiera previsto que alguien podría hurgar en sus pertenencias. Alexia se arrodilló y miró bajo la cama, solo para encontrar el suelo vacío y reluciente.

La desesperación empezaba a instalarse cuando algo captó su atención. Justo encima del armario, casi oculto a la vista, había una caja. Estaba colocada en el fondo, como si intentaran esconderla, pero no lo suficiente para escapar a un vistazo minucioso. El corazón de Alexia latía con fuerza mientras se estiraba para alcanzarla.

Bajó la caja con cuidado y la colocó sobre la cama, mirando la simple tapa de cartón como si estuviera frente a una bomba a punto de explotar. Con manos temblorosas, levantó la tapa y miró dentro.
Lo que vio la dejó paralizada.


Alexia abrió la caja con manos temblorosas, esperando encontrar papeles comprometedores, algún documento que revelara el plan contra Yara. Pero lo que encontró la dejó sin aliento. Dentro de la caja, cuidadosamente envuelta en una bolsa, había una pistola. Era negra y fría al tacto, con un brillo mortal que hizo que a Alexia se le erizara la piel. Sobre la bolsa, había una pequeña etiqueta. La fecha estaba clara, y no había lugar a malinterpretaciones, era mañana. Esto no era un simple plan de sabotaje; estaban dispuestos a hacer algo mucho más grave.

El terror la invadió de golpe. Alexia sabía que cada segundo que pasaba con esa caja abierta era un riesgo. Colocó la pistola de vuelta en la caja con el mayor cuidado posible, tratando de calmar los latidos frenéticos de su corazón. Rápidamente devolvió la caja a su lugar encima del armario y salió de la habitación, sus piernas casi fallándole mientras intentaba mantener la calma. Al llegar al salón, se desplomó en el sofá, sacando su móvil para intentar parecer despreocupada, como si simplemente estuviera revisando mensajes mientras esperaba a Olga.

Apenas tuvo tiempo de calmarse cuando escuchó la llave girar en la cerradura. Olga regresó, entrando con una bolsa de café en la mano, su expresión relajada. Al verla, Alexia hizo un esfuerzo por parecer natural, sonriendo ligeramente mientras fingía estar distraída con su teléfono.

—Vaya, has sido rápida — dijo Alexia, levantando la vista del móvil con una expresión despreocupada, como si nada hubiera pasado.

Olga la miró con una leve sonrisa, cerrando la puerta con un clic que resonó en los oídos de Alexia como una sentencia.

—Te dije que no tardaría nada —respondió Olga, caminando hacia la cocina con la bolsa de café.

Alexia asintió y volvió a bajar la vista hacia su móvil, luchando por mantener sus manos firmes. La imagen de la pistola seguía grabada en su mente, cada detalle de lo que acababa de descubrir la asfixiaba. Ahora tenía claro que no podía quedarse mucho más tiempo allí. Cada minuto que pasaba en ese apartamento la exponía a un peligro inimaginable, pero sabía que salir corriendo levantaría sospechas.

Mientras Olga se movía por la cocina, Alexia trató de pensar en cómo salir de esa situación. Necesitaba tiempo para procesar lo que había descubierto.

—¿Estás bien, Alexia? —preguntó Olga desde la cocina, rompiendo el silencio.

El tono amable de su voz tenía una ligera tensión que no pasó desapercibida para Alexia.

—Sí, todo bien —respondió Alexia, esforzándose por sonar natural—. Solo estaba revisando unos mensajes, ya sabes, con todo lo del partido mañana, hay muchas cosas en mi cabeza.

—Entiendo —dijo Olga, apareciendo nuevamente en la puerta de la cocina con una taza de café en la mano—. Pero no te preocupes, mañana será un gran día, estoy segura.

Las palabras de Olga resonaron en la mente de Alexia como una advertencia velada. Olga le ofreció la taza, pero Alexia sabía que no podía quedarse a charlar tranquilamente. Se obligó a sonreír y tomó la taza, aunque no tenía ninguna intención de beber. Sentía que cualquier cosa que aceptara de Olga podría estar envenenada, no solo literal, sino también en el sentido figurado.

—Gracias, pero creo que mejor me voy —dijo Alexia, levantándose del sofá—. No quiero quitarte más tiempo, y yo también tengo que hacer algunas cosas antes del partido. Nos acaban de citar en el campo para un entrenamiento y hablar sobre las estrategias después.

Alexia le enseñó el mensaje para que viera que era verdad. Nunca había agradecido tanto una charla sobre tácticas como ahora.

Olga la observó con atención, como si estuviera evaluando cada uno de sus movimientos, pero finalmente asintió.

—Está bien, Alexia. Nos vemos mañana en el partido entonces —dijo Olga, su sonrisa aparentemente cordial, pero Alexia podía percibir la amenaza latente detrás de sus palabras.

—Claro, allí nos veremos —respondió Alexia, intentando mantener su voz firme mientras se dirigía hacia la puerta.

Salió del apartamento tan rápido como pudo sin parecer apresurada, y solo cuando estuvo fuera, respiró profundamente, sintiendo el aire fresco golpear su rostro. Se alejó del edificio, su mente en un torbellino. Lo que acababa de descubrir no solo cambiaba todo, sino que ponía la vida de Yara, y tal vez la suya propia y la de sus amigas ,en un peligro inminente. Necesitaba actuar rápido, pero sabía que cualquier movimiento en falso podría arruinarlo todo.

Ya nos vamos acercando más al final de esta historia. Fue la primera que he escrito en mi vida y espero que os esté gustando😊😊

𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora