Capitulo 96

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Olga salió del bar, ajustando su abrigo contra el frío de la noche. El hombre de la barra la esperaba en la esquina, su rostro imperturbable bajo el parpadeo de los faroles. Cuando se encontraron, la tensión en el aire era palpable, pero Olga no podía ocultar su satisfacción.

—Todo ha salido según lo planeado —dijo Olga, con una sonrisa calculadora—. Las chicas no se han acercado a Yara, y eso nos da el control que necesitamos.

El hombre asintió lentamente, observando cómo Olga se acercaba.

—Sí, parece que no han hecho ningún movimiento significativo. Mantener a Yara aislada está funcionando. ¿Cuál es el siguiente paso?

Olga se detuvo en medio de la acera, con la mirada fija en el bar del que acababan de salir. La gente dentro seguía disfrutando de su noche, ajena a los juegos oscuros que se estaban desarrollando.

—Vamos a mantener a Yara bajo control con una distracción. Estoy planeando enviarle un mensaje anónimo que le haga creer que algo ha pasado con sus amigas. La idea es mantenerla preocupada y distraída. Si está emocionalmente desbordada, no podrá concentrarse en buscar ayuda real.

El hombre asintió, comprendiéndolo.

—Eso debería mantenerla en una posición en la que no pueda tomar decisiones claras. ¿Y sobre las demás chicas? ¿Algún plan para ellas?

Olga frunció el ceño, claramente enfadada.

—No, ellas no son nuestra prioridad en este momento. Solo necesitamos que Yara siga creyendo que sus amigas están en peligro. Mientras esté preocupada y distraída, las chicas no tendrán idea de lo que está pasando realmente. No queremos que ellas se involucren y descubran algo que no deben.

El hombre se inclinó hacia adelante, su rostro reflejando una mezcla de curiosidad e interés.

—Entiendo. Pero si Yara comienza a sospechar, ¿cómo vamos a mantenerla bajo control? Necesitamos asegurar que el plan continúe sin problemas.

Olga sonrió, mostrando una satisfacción calculadora.

—Si Yara empieza a cuestionar la situación, la distraeremos aún más. Además, me aseguraré de que el mensaje que le envíe sea lo suficientemente convincente para que no tenga motivo para dudar. La idea es crear una sensación de desesperanza que la mantenga paralizada y sin opciones.

Una idea adicional cruzó la mente de Olga, haciéndola sonreír aún más.

—También voy a organizar una pequeña “celebración” después del partido. No será un evento grande, pero suficiente para hacer que Yara vea a sus amigas en una situación incómoda, rodeada de gente que le haga sentir vulnerable. Quiero que entienda claramente las consecuencias de enfrentarse a nosotros.

El hombre frunció el ceño, analizando la propuesta.

—Eso suena arriesgado, pero efectivo. ¿Cómo planeas asegurarte de que todo salga según lo previsto?

Olga lo miró con determinación.

—He preparado cada detalle para que todo funcione perfectamente. La clave es mantener la calma y no permitir errores. Si Yara y sus amigas quedan distraídas y preocupadas, no tendrán tiempo ni ganas de investigar más a fondo.

Mientras hablaban, el hombre observó el bar a lo lejos, donde la actividad seguía sin cesar.

—Perfecto. Solo debemos asegurarnos de que Yara no tenga ni una pizca de sospecha. Mantendremos las cosas en orden y nos aseguraremos de que nuestro plan avance sin contratiempos.

Olga asintió, complacida con el progreso.

—Así es. El éxito de nuestra operación depende de nuestra capacidad para mantenernos en la sombra y manipular cada detalle. Con la final de la Champions a la vista, estamos en la recta final para culminar nuestro plan.

Con una última mirada al bar, Olga y el hombre se dirigieron a la calle, dejando atrás el bullicio y las luces. Sabían que el tiempo se estaba acabando, y su meticulosa planificación estaba a punto de entrar en su fase final. Cada movimiento tenía que ser preciso, cada acción calculada al milímetro, para asegurar que todo saliera como habían planeado. La calma en el aire era engañosa, oculta bajo la superficie de su elaborado esquema.



Alexia estaba en su habitación, revisando algunas notas cuando el móvil sonó. El número del inspector Martínez apareció en la pantalla, y una sensación de inquietud la invadió. Contestó con una mezcla de ansiedad y esperanza.

—¿Diga? —preguntó Alexia, tratando de mantener la calma.

—Alexia, soy el inspector Martínez —dijo la voz al otro lado de la línea, firme y urgente—. Tenemos noticias importantes sobre el caso de Yara. Hemos encontrado el lugar donde estuvo secuestrada.

Alexia contuvo la respiración. El corazón le latía con fuerza mientras esperaba más detalles.

—¿Qué han encontrado? —preguntó, intentando sonar tranquila.

—Yara fue muy astuta. Antes de ser trasladada o cuando estuvo en ese lugar, escupió en el suelo. Encontramos su ADN en el lugar, lo cual confirma que estuvo allí. Además, en la puerta encontramos unas huellas de un hombre. Las hemos analizado y hemos conseguido una foto del posible sospechoso —explicó el inspector.

Alexia sintió un nudo en el estómago mientras recibía un mensaje con la foto del hombre. Al abrir la imagen, el rostro del hombre la hizo palidecer. Era el mismo hombre que había visto en el parque y el que había estado en el bar esa noche, vigilando a Yara.

—Lo conozco —dijo Alexia, su voz temblando—. Es el mismo hombre que estaba en el parque cuando fui a buscar a Yara. Lo vi también esta noche en el bar. Estaba vigilandola.

El inspector Martínez escuchó atentamente, con una expresión que indicaba que estaba tomando nota de cada palabra.

—Esto es muy importante —dijo el inspector—. Necesitamos seguirle la pista a este hombre desde la sombra. Si se entera de que estamos tras él, podría escapar o cambiar sus planes. Queremos asegurarnos de que no se alarme y podamos investigarlo a fondo.

Alexia asintió, comprendiendo la gravedad de la situación.

—Entendido. ¿Qué hacemos en cuanto a Yara? ¿Debemos hacer algo o mantenerla al margen de esto?

—No, no debemos involucrarla en esto —respondió el inspector con firmeza—. Mantendremos la investigación en secreto y seguiremos al hombre sin hacer ruido. El objetivo es recoger la mayor cantidad de pruebas posible sin que él se dé cuenta de que estamos tras sus pasos.

Alexia miró la foto del hombre nuevamente, su mente corriendo a mil por hora mientras trataba de ensamblar todas las piezas del rompecabezas. El hecho de que Yara hubiera estado en el mismo sitio donde ella y sus amigas complicaba aún más la situación.

—Voy a estar atenta a cualquier movimiento sospechoso —dijo Alexia con determinación—. ¿Hay algo más que deba saber o hacer por ahora?

—Por el momento, eso es todo —respondió el inspector—. Continuaremos con la vigilancia y te mantendremos informada de cualquier novedad. Gracias por tu cooperación y tu paciencia en este caso.

—Gracias a vosotros por la rápida respuesta —dijo Alexia antes de colgar, sintiendo un peso en el pecho.

Colgó el teléfono y se quedó mirando la foto del hombre, el rostro severo y frío. El plan de Olga estaba funcionando de manera más peligrosa de lo que había imaginado. Alexia sabía que debía mantener la calma y ser astuta, no solo para proteger a Yara, sino también para desentrañar toda la red de engaños que se había tejido a su alrededor.

Se dirigió hacia el salón donde Mapi y Ona estaban sentadas, todavía procesando la conversación que habían tenido con Olga en el bar. Alexia les informó rápidamente sobre la llamada del inspector, sin mencionar todos los detalles.

—El inspector nos ha informado que han encontrado el lugar donde estuvo Yara secuestrada —dijo Alexia—. Han encontrado ADN de ella y huellas de un hombre. También me han enviado una foto del sospechoso, y lo he reconocido. Es el mismo hombre que vimos en el bar esta noche.

Mapi y Ona se miraron con preocupación, conscientes de la gravedad de la situación.

—Entonces, ¿qué hacemos ahora? —preguntó Ona, su voz llena de ansiedad.

—El inspector Martínez nos pidió que mantengamos la vigilancia discreta —explicó Alexia—. No debemos involucrar a Yara en esto. Ella ya está en una situación complicada y no queremos que se sienta más estresada o en peligro.

Mapi asintió, su rostro decidido.

—Entonces, sigamos el plan. Mantendremos nuestros ojos y oídos abiertos. No podemos permitirnos cometer errores. La seguridad de Yara y la verdad detrás de todo esto dependen de nuestra discreción.

Alexia, Mapi y Ona se quedaron en silencio por un momento, sus mentes procesando la información. Sabían que se enfrentaban a un reto enorme y que el tiempo era crucial. Cada movimiento debía ser calculado y preciso para desentrañar la verdad sin poner en peligro a Yara o a ellas mismas.

Mientras la noche avanzaba, Alexia miró a sus amigas, su determinación renovada. El camino por delante sería arduo, pero estaban dispuestas a enfrentarlo con valentía y astucia. La verdad estaba al alcance, y estaban decididas a descubrirla, sin importar los obstáculos que se interpusieran en su camino.

𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora