Capitulo 99

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Después de la reunión en el vestuario, la tensión en el ambiente era evidente, especialmente alrededor de Alexia. Ona y Mapi lo notaron desde el principio; Alexia estaba más callada de lo habitual, y la intensidad en su mirada no era solo por el partido de mañana.

—Alexia, ¿todo bien? —preguntó Ona, su voz cargada de preocupación, mientras guardaban sus cosas en silencio.

—Necesito hablar con vosotras —dijo Alexia en un tono bajo, asegurándose de que nadie más la escuchara—. Pero no aquí. ¿Podemos ir a tu casa, Ona?

Sin hacer más preguntas, Ona asintió. Algo en la voz de Alexia le decía que era algo serio, y eso bastaba. Salieron rápidamente del estadio, casi sin intercambiar palabras. El trayecto hacia la casa de Ona fue silencioso, un silencio denso que solo incrementaba la inquietud de Mapi.

Al llegar, entraron directamente en la sala de estar. Ona cerró la puerta detrás de ellas, y el ambiente en la habitación se volvió aún más tenso. Alexia permaneció de pie en medio de la sala, con los brazos cruzados, como si necesitara toda la fuerza posible para lo que estaba a punto de decir.

—¿Qué está pasando, Alexia? —preguntó Mapi finalmente, rompiendo el silencio. La preocupación en su voz era inconfundible.

Alexia respiró hondo, luchando por encontrar las palabras adecuadas. Sabía que lo que iba a decir cambiaría todo, y no solo el partido de mañana.

—Hoy, como sabéis, seguí a Olga —comenzó, viendo cómo sus amigas se ponían en alerta al escuchar ese nombre—. La encontré en el parque, hablando con un hombre… el mismo que vi en la foto del inspector Martínez.

Ona y Mapi intercambiaron una mirada rápida. Sabían de qué foto hablaba Alexia, y lo que implicaba.

—¿El mismo tipo? —preguntó Mapi, tratando de mantener la calma.

—Sí, el mismo —respondió Alexia—. No pude escuchar todo lo que decían, pero lo poco que oí… —Hizo una pausa, tomando un segundo para calmar el nudo en su garganta—. Él dijo que mañana es el día, que terminarán con todo.

—Mañana es la final —susurró Ona, más para sí misma que para las demás.

—Exacto —asintió Alexia—. Y eso no es todo. Después de que él se fuera, me acerqué a Olga. Fingí que todo estaba bien y le pedí ir a su casa… y aceptó.

—¿Entraste en su casa? —preguntó Mapi, su voz cargada de incredulidad—. Alexia, eso fue muy arriesgado.

—Lo sé, pero tenía que hacerlo —respondió Alexia, con firmeza—. Sentía que había algo que no cuadraba, y si podía encontrar una pista, cualquier cosa, nos daría una ventaja para proteger a Yara mañana.

Ona y Mapi guardaron silencio, sabiendo que no podían reprocharle nada. Había hecho lo que creía necesario.

—¿Qué encontraste? —preguntó Ona finalmente.

Alexia se quedó quieta por un momento, como si reunir el valor para responder fuese lo más difícil que había hecho hasta ahora.

—Encontré una pistola —dijo, cada palabra pesada como una losa—. Estaba escondida en una caja en su habitación. Y había una etiqueta en la bolsa… con la fecha de mañana.

El shock en los rostros de Ona y Mapi fue inmediato. Ambas se quedaron sin palabras, intentando procesar lo que Alexia acababa de revelar.

—¿Una pistola? —repitió Mapi, su rostro palideciendo—. ¿Estás segura?

—Totalmente —confirmó Alexia—. Olga va a hacer algo mañana, en la final. No sé exactamente qué, pero está claro que es algo serio, algo que podría ser… fatal.

El silencio que siguió fue opresivo. Ona empezó a caminar de un lado a otro de la habitación, su mente trabajando frenéticamente en posibles soluciones. Mapi estaba sentada, inmóvil, sus manos temblando levemente mientras trataba de asimilar lo que acababa de escuchar.

—Tenemos que avisar a la policía —dijo Mapi finalmente, su voz llena de urgencia—. No podemos esperar a ver qué hace. ¡Tenemos que detenerla antes de que sea demasiado tarde!

—Ya he hablado con el inspector Martínez —dijo Alexia—. Le llamé tan pronto como salí de la casa de Olga. Está al tanto de la situación, pero me pidió que no alertáramos a nadie más por ahora. Van a reforzar la seguridad en el estadio, pero necesitamos estar alerta.

Ona se detuvo, asimilando la información.

—Entonces, no podemos perder de vista a Yara ni un segundo mañana —dijo finalmente, su voz llena de determinación—. Desde que salgamos del hotel hasta que termine el partido, estaremos con ella. No la dejaremos sola en ningún momento.

Alexia asintió, aliviada de que sus amigas comprendieran la gravedad de la situación.

—Exactamente —dijo—. No sabemos qué planean , pero no podemos permitir que Yara esté sola ni un segundo, la vigilaremos desde la distancia .Mañana no es solo un partido; es una batalla para protegerla, y no podemos fallar.

Mapi finalmente se levantó, su expresión más resuelta.

—Estamos contigo, Alexia. No permitiremos que le hagan daño a Yara. No mientras estemos aquí.

Ona asintió también.

—Vamos a protegerla, cueste lo que cueste. Juntas somos más fuertes que cualquier amenaza que nos lancen.

Alexia se sintió reconfortada por la determinación de sus amigas. Sabía que no estaba sola en esto, y que juntas podrían enfrentarse a cualquier cosa que viniera.

La charla continuó, afinando detalles de cómo se mantendrían juntas y cómo reaccionarían ante cualquier señal de peligro. Sabían que la situación era grave, pero también sabían que tenían un plan y que lo ejecutarían con precisión.

Mientras la noche avanzaba, las tres se sintieron unidas por un propósito mayor. No era solo ganar la final; era proteger a una de las suyas. Y para eso, estaban dispuestas a hacer lo que fuera necesario.


Yara había salido de su casa esa mañana con una sensación inquietante en el pecho, una mezcla de preocupación y miedo que no podía sacudirse.

Finalmente, sus pasos la llevaron hacia un área de la ciudad que solía evitar, un barrio antiguo donde las calles eran estrechas y los edificios altos arrojaban sombras que parecían consumir la luz del día. Mientras doblaba una esquina, el corazón de Yara dio un vuelco al ver a Alexia en la distancia, caminando junto a Olga hacia la entrada de un edificio.

Yara observó, oculta en la esquina de la calle, cómo Alexia y Olga se dirigían hacia el edificio. Su corazón latía desbocado en su pecho, y una preocupación profunda se apoderaba de ella. Sabía que no debía intervenir ni hacer ruido, pero la angustia era casi insoportable.

Desde su escondite, Yara vio cómo Alexia se detenía brevemente, agachándose para atarse los cordones de sus playeros. En ese momento, Yara no pudo evitar sentir un alivio momentáneo al ver que Alexia estaba en la misma posición que ella, vulnerable pero intentando mantener la calma. La señal que le hizo ella, una sonrisa tranquila y un gesto sutil, fue un pequeño consuelo en medio de la desesperación. Era como si Alexia le estuviera diciendo, sin palabras, que todo estaba bajo control, que debía confiar en ella, aunque el temor aún la atormentaba.

Yara se quedó paralizada, sin saber si debía seguir o si era mejor mantenerse oculta. La señal de Alexia le daba una pizca de esperanza, pero el miedo de que algo saliera mal la mantenía inmóvil. El tiempo parecía haberse detenido mientras observaba cómo Alexia y Olga entraban en el edificio, y cada segundo de incertidumbre se sentía como una eternidad.

La angustia de Yara aumentó a medida que pasaban los minutos. La espera se volvía interminable, y su mente no dejaba de preguntarse qué estaba ocurriendo dentro del edificio. Se maldijo por no haber podido hacer más, por no haber podido prevenir a Alexia del riesgo que estaba tomando. La sensación de impotencia era abrumadora.

Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Yara vio a Alexia salir del edificio. La forma en que se movía, con la cabeza baja y una expresión de preocupación en su rostro, le hizo sentir una mezcla de alivio y temor. Alexia estaba sola, y aunque parecía que no había sufrido daño físico, Yara sabía que debía haber enfrentado algo serio en el interior.

Yara esperó a que Alexia se alejara lo suficiente del edificio antes de decidirse a moverse. Sabía que no podían encontrarse ni intercambiar palabras por razones de seguridad, pero el deseo de saber qué había pasado era abrumador. A lo lejos, vio a Alexia caminar con pasos decididos, su cuerpo tensado por la preocupación y el esfuerzo de mantener la calma.

El camino hasta el hotel fue una tortura mental, cada paso lleno de ansiedad y preguntas sin respuesta. Cuando finalmente llegó, se sentó en la sala de estar, tratando de reunir sus pensamientos y encontrar alguna manera de hacer frente a la situación.

Mientras estaba sentada, Yara no podía evitar repasar en su mente los posibles escenarios de lo que Alexia había descubierto. La visión de Alexia entrando al edificio de Olga, la preocupación en su rostro, todo eso se repetía en su mente. Se preguntaba si habría encontrado algo relevante, algo que pudiera explicar el peligro inminente. La incertidumbre era angustiante, y la idea de que Alexia pudiera estar en peligro real la mantenía inquieta.

𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora