El salón de la casa de Eli estaba lleno de tensión mientras el partido transcurría en la pantalla. Alexia, Mapi, Ona, Alba y Eli estaban sentadas juntas en el sofá, cada una al borde de su asiento, con los ojos pegados al televisor. Había una mezcla de emociones flotando en el aire: nerviosismo, esperanza y una persistente ansiedad que Alexia no lograba sacudirse.
Desde el inicio del partido, el Manchester United y el Chelsea estaban peleando cada centímetro del campo, y el 0-0 con el que se habían ido al descanso solo aumentaba la sensación de que algo grande estaba por suceder. Cada vez que Yara tocaba el balón, todas se inclinaban un poco más hacia adelante, como si con eso pudieran enviarle fuerza.
—Está muy reñido, no será fácil —dijo Ona, rompiendo el silencio momentáneo del grupo.
—Pero las veo bien, están aguantando —respondió Eli, tratando de infundir algo de optimismo.
El segundo tiempo comenzó, y apenas unos minutos después, el Chelsea logró meter un gol. Un suspiro colectivo de decepción se escuchó en la sala. Mapi se llevó las manos a la cara, y Alba apretó los puños, sintiendo la tensión aumentar. Alexia permaneció en silencio, sus ojos fijos en Yara, quien seguía dando instrucciones y animando a sus compañeras en el campo.
El tiempo pasaba y el empate no llegaba, pero entonces una falta al borde del área les dio una esperanza. Vieron cómo Yara, en lugar de tomar la responsabilidad ella misma, le cedió el tiro a una compañera.
—Confía en ella —murmuró Alexia, más para sí misma que para las demás, notando el gesto de Yara. Esa confianza que había depositado en su compañera reflejaba la misma determinación que conocía tan bien.
La sala contuvo la respiración cuando la jugadora se preparó para el tiro, y en el instante en que el balón voló hacia la escuadra y entró en la red, estallaron en un grito de celebración.
—¡Golazo! —gritó Mapi, saltando del sofá, mientras Ona aplaudía con fuerza.
—¡Qué tiro! —exclamó Eli, emocionada.
—Esto no ha terminado —dijo Alba, aunque con una sonrisa aliviada.
El empate devolvió un poco de esperanza al grupo, pero sabían que necesitaban otro gol. El tiempo se deslizaba rápidamente, y cuando el Manchester obtuvo un córner, todas volvieron a quedarse en silencio, expectantes. Alexia observó cómo Yara se colocaba en el área, su actitud, su posición… algo en su mirada le decía que estaba lista para hacer lo que fuera necesario.
—Va a ser gol —dijo Alexia de repente, con una certeza que sorprendió a las demás.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Ona, volviendo la cabeza hacia ella.
—Lo veo en su actitud. Está completamente concentrada. Si ese centro va bien, lo meterá.
Y tal como había predicho, el centro llegó perfecto, y Yara, sin dudarlo, remató de cabeza, enviando el balón directo al fondo de la red. La sala estalló en un estallido de gritos y abrazos, y todas se levantaron de un salto.
—¡Lo sabía! ¡Lo sabía! —gritó Alexia, sin poder contener su emoción, mientras Mapi y Ona la abrazaban.
—¡Están en la final! —celebró Eli, quien no pudo evitar emocionarse también.
Pero mientras la celebración continuaba, Alexia se fijó en la pantalla, en Yara, que repetía el mismo gesto que ya había hecho antes: besó el tatuaje del delfín y luego formó un corazón con las manos.
—Mirar eso… —dijo Alexia, señalando la pantalla.
Todas se volvieron hacia el televisor, observando el gesto que Yara repetía con tanto significado.
—Lo está haciendo de nuevo… —murmuró Alba, comprendiendo al instante.
—No puede ser una coincidencia —añadió Ona, su tono volviéndose serio.
Alexia se dejó caer nuevamente en el sofá, su corazón latiendo con fuerza. Las señales estaban ahí, claras como el agua. Yara no se había ido voluntariamente, y a través de esos pequeños gestos, estaba tratando de comunicarse con ellas, de hacerles saber que necesitaba su ayuda.
—Ella está intentando decirnos algo —dijo Alexia, su voz firme—. No podemos ignorarlo.
Mapi, Ona, Alba y Eli la miraron, compartiendo la misma comprensión. El partido había terminado, pero su lucha estaba lejos de hacerlo. Sabían que ahora, más que nunca, tenían que encontrar la forma de ayudar a Yara. Las señales estaban claras, y no podían fallarle.
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𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔
De TodoYara, una jugadora de fútbol poco conocida, se une a la selección española, deseando conocer a sus mayores inspiraciones, pero encuentra a Alexia Putellas muy distante con ella. A medida que Yara busca su lugar en el equipo, descubre que la frialda...
