El silencio en el apartamento era denso, casi opresivo, mientras Alexia se paseaba por la sala de estar, esperando el inevitable encuentro con Olga. Fuera, la noche estaba en calma, pero dentro de la sala todo era un torbellino de emociones. No había podido evitar encerrar a Yara en la habitación. Sabía que ella se resistiría, pero no podía permitir que se pusiera en peligro. No cuando Olga estaba gab cerca, tan llena de odio y resentimiento.
Alexia miró la puerta, sabiendo que era cuestión de poco tiempo que Olga llegara. Si me te repasaba todo una y otra vez. Lo que tenía que decir, cómo debía enfrentarse a su pasado y a los fantasmas que Olga traía consigo. Era una batalla que sabía que debía librar sola para proteger a Yara, para salvar lo poco que quedaba de lo que una vez fue su vida.
El sonido de pasos apresurados en el pasillo rompió el silencio. Alexia se tensó, sintiendo cómo su corazón se aceleraba. Sabía que era Olga. Respiró hondo, preparándose para lo que venía.
La puerta se abrió de golpe, y allí estaba Olga, con su figura recortada por la tenue luz del pasillo. Sus ojos brillaban con una mezcla de rabia y desesperación.
— ¿Dónde está Yara? — Exigió Olga, con su voz cortante—. No sigas protegiéndola. No se lo merece.
Alexia la miró fijamente, sintiendo una mezcla de tristeza y rabia. Sabía que Olga estaba herida, pero también sabía que no podía permitir que su rabia destruyera todo a su paso.
— No voy a dejar que le hagas daño. Le hice una promesa Olga, una promesa desde el momento en que la conocí.
Olga frunció el celo, desconcertada por las palabras de Alexia.
— ¿Una promesa?— repitió con amargura—. No entiendo cómo puedes seguir queriéndola después de todo lo que te hizo, después de cómo te engañó.
Alexia suspiró, sintiendo cómo los recuerdos la invadían. Recuerdos de su relación con Yara, de mis momentos felices y de las dificultades que las habían separado.
— Todo lo que pasó fue mi culpa Olga — dijo Alexia con tristeza—. Mi incapacidad para seguir adelante me cegó. Yara no es responsable de lo que pasó. Fui yo la que no supo dejar ir, y eso nos llevó a este punto. Pero nunca dejaré que le pase nada. Me hice una promesa a mi misma de estar a su lado en los buenos y malos momentos, y si eso significa arriesgar mi vida por ella, lo haré.
Olga la miró con una mezcla de incredulidad y furia. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no sé tristeza, sino de pura rabia.
— ¡No tienes ni idea de lo que dices! ¡Nunca entendiste nada!
— ¡No Olga! Eres tú la que no entiende. Una persona que dice amar, no hace esto. No destruye lo que ama. Siempre hay otra opción. No tienes por qué hacer esto.
— ¡No había otra opción!
En ese momento, Yara, que había estado escuchando todo desde el principio en la habitación, supo que no podía seguir escondida. El corazón le latía con fuerza mientras empujaba la puerta con todas sus fuerzas. Con un último empujón, la puerta cedió y salió corriendo hacia la sala.
Alexia se giró, sorprendida al ver a Yara a su lado.
—¡Yara no!— gritó Alexia, intentando interponerse entre ella y Olga.
Pero Yara la sujetó, mirándola fijamente.
— No vas a hacer esto sola. No voy a dejar que te hagan daño por mi culpa.
Olga, al ver a Yara, sintió cómo la rabia que había contenido durante tanto tiempo alcanzaba su punto de ebullición. Su mano tembló mientras sacaba una pistola de su abrigo, apuntando directamente a Yara.
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𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔
De TodoYara, una jugadora de fútbol poco conocida, se une a la selección española, deseando conocer a sus mayores inspiraciones, pero encuentra a Alexia Putellas muy distante con ella. A medida que Yara busca su lugar en el equipo, descubre que la frialda...
