Después de varios días de entrenamientos y partidos, la rutina seguía su curso normal para Alexia, Yara, y sus amigas del equipo. Sin embargo, tras uno de los entrenamientos, pasó algo que rompería la monotonía de la semana.
Después de un día largo y agotador, el vestuario estaba lleno del bullicio habitual. Las jugadoras se reían, se contaban anécdotas y se preparaban para salir, pero Ona no se unía a las conversaciones tan animada como de costumbre. Se notaba una mezcla de emoción y nerviosismo en sus ojos. Finalmente, mientras recogía sus cosas, se acercó a Yara con una sonrisa que intentaba ser casual.
—Yara, ¿te parece si tomamos algo juntas después? —preguntó Ona, tratando de sonar despreocupada, aunque su tono la traicionaba—. Quiero contarte algo… importante.
Yara, siempre perceptiva, captó de inmediato que su amiga estaba inquieta por algo. Le sonrió, tratando de tranquilizarla.
—Claro. Dame unos minutos para terminar aquí y nos vamos.
Una vez listas, salieron del vestuario y se dirigieron a una pequeña cafetería que frecuentaban. Era un lugar acogedor, con paredes de ladrillo visto y una suave luz que creaba un ambiente íntimo. Eligieron una mesa en un rincón apartado, donde podrían hablar sin ser interrumpidas.
Las dos pidieron unas bebidas y, mientras esperaban, Ona jugueteaba nerviosamente con una servilleta, sin saber muy bien cómo empezar.
—Bueno… —comenzó finalmente, tomando un sorbo de su bebida como si necesitara un impulso de valor—. Hay algo que quería decirte, pero no sabía muy bien cómo. Estoy… conociendo a alguien.
Yara arqueó una ceja, interesada. Aunque en su círculo eran todas muy cercanas, no era común que Ona hablara de su vida amorosa. Siempre había sido más reservada en ese aspecto.
—¿Alguien? —repitió Yara suavemente, animándola a continuar—. Cuéntame más.
Ona respiró hondo y comenzó a contarle cómo había conocido a esa persona. Era una chica que había conocido en una salida casual con un grupo de amigas. Al principio, fue solo una charla amigable, pero poco a poco, Ona se dio cuenta de que había algo más, algo que la hacía sonreír cuando pensaba en ella. A medida que pasaban tiempo juntas, esa conexión se hacía más fuerte. Contó cómo empezaron a compartir mensajes, salidas, y cómo cada vez que estaban juntas, sentía que el mundo se hacía un poco más brillante.
—Me gusta mucho —confesó finalmente Ona, sus ojos reflejando la mezcla de emoción y miedo que sentía—. Pero no sé qué hacer. ¿Debería seguir adelante y dejar que todo fluya, o tal vez sería mejor echarme para atrás antes de que sea demasiado tarde?
Yara escuchó en silencio, permitiendo que Ona desahogara todas sus dudas y temores. No era fácil para Ona abrirse así, y Yara lo sabía. Por eso, se tomó un momento para pensar antes de responder.
—Ona, entiendo perfectamente por lo que estás pasando —dijo Yara con una voz calmada—. Es normal tener dudas cuando te importa tanto alguien. Nadie quiere salir lastimado, y a veces es difícil saber si seguir adelante es lo correcto, pero la verdadera pregunta es: ¿cómo te sientes cuando estás con ella? ¿Te sientes bien? ¿Te hace feliz?
Ona asintió lentamente.
—Sí, me siento muy bien con ella. De hecho, cuando estoy con ella, todo parece más fácil, más… correcto, pero, al mismo tiempo, no quiero apresurarme. No quiero ilusionarme solo para descubrir que no es lo que esperaba.
Yara sonrió con ternura y se inclinó un poco más hacia adelante.
—Entonces, quizás la mejor opción sea dejar que las cosas fluyan, pero sin presionarte demasiado. No tienes que tomar decisiones grandes ahora mismo. Si te hace feliz, disfruta el momento. No te fuerces a decidir algo antes de tiempo. Las cosas importantes se desarrollan a su propio ritmo y, si en algún momento sientes que no es lo correcto, también está bien dar un paso atrás. Lo más importante es que te sientas segura y tranquila con lo que haces.
Ona dejó escapar un suspiro, como si un peso se hubiera levantado de sus hombros.
—Tienes razón. Creo que a veces me olvido de que no todo tiene que resolverse de inmediato. Quiero disfrutar de lo que está pasando sin complicarlo demasiado. Gracias por escucharme y por tu consejo. En verdad lo necesitaba.
Yara le apretó suavemente la mano, transmitiéndole apoyo.
—Siempre estaré aquí para ti, Ona. No dudes en venir a hablar conmigo cuando lo necesites y recuerda, lo más importante es que sigas tu corazón y hagas lo que te haga sentir bien.
Después de eso, la conversación entre las dos amigas cambió a temas más ligeros. Ona, ahora más tranquila, pudo disfrutar del resto de la tarde, sabiendo que tenía el apoyo de su amiga. Se quedaron un rato más en la cafetería, riendo y hablando como siempre, antes de despedirse y tomar caminos diferentes.
Al otro lado de la ciudad, Alexia y Mapi se encontraban disfrutando de una tarde libre en una cafetería diferente. Era un lugar tranquilo, con grandes ventanales que dejaban entrar la luz del sol de la tarde. Después de pedir sus bebidas, ambas se sentaron en una mesa junto a la ventana, observando a la gente pasar por la calle mientras charlaban de manera distendida.
En un momento, Mapi rompió el silencio con una observación que había estado rondando su mente desde el cumpleaños de Alexia.
—Oye, Alexia —dijo, con un tono casual pero curioso—, estuve pensando en tu cumpleaños. Fue una fiesta increíble, pero me di cuenta de que no vi que Yara te diera ningún regalo. O al menos no lo vi en la fiesta. ¿Me estoy imaginando cosas?
Alexia sonrió, recordando ese momento especial que había compartido con Yara.
—No te lo imaginaste —respondió Alexia, apoyando la barbilla en su mano mientras sonreía —.
Me dio su regalo después, cuando estábamos solas. Quería que fuera un momento solo entre nosotras, sin toda la gente alrededor.
Mapi asintió, interesada en escuchar más.
—¿Y qué te dio? —preguntó, con una mezcla de curiosidad y emoción—. Porque conociendo a Yara, seguro que fue algo especial.
Alexia asintió, los recuerdos inundándola mientras hablaba.
—Fue más que especial. Me dio un cristal con una foto nuestra que sacamos en uno de los días más mágicos que hemos tenido juntas. Era un día en la playa, al atardecer, con esa luz dorada que hace que todo parezca más hermoso y, debajo de la foto, había una captura de pantalla de la canción que bailamos un día en la playa, la primera vez que lo hicimos al empezar el año.
Mapi la escuchaba atentamente, con una sonrisa creciente en el rostro.
—¡Vaya! Eso suena increíble, pero no me sorprende que Yara haya pensado en algo así. Ella siempre se fija en esos detalles que hacen que todo sea más significativo.
—Sí, lo hace —dijo Alexia, sus ojos brillando mientras continuaba—. Pero eso no fue todo. También me regaló un peluche de un delfín. Sabía que desde niña siempre he amado a los delfines, es mi animal favorito. Es algo que mencioné en una conversación casual hace mucho tiempo, y ella lo recordó. Me hizo sentir tan especial, tan cuidada…
Mapi asintió, sintiendo la emoción en la voz de su amiga.
—Realmente te conoce, Alexia. No solo en lo que te gusta, sino en lo que significa para ti.
—Exactamente —asintió Alexia—. Y luego, me sorprendió con algo que nunca esperé. Me regaló un pase para nadar con delfines en Tarragona. Es algo que siempre había soñado hacer, pero nunca había tenido la oportunidad. Ese regalo fue como un sueño hecho realidad, algo que ni siquiera sabía que necesitaba hasta que lo vi.
Mapi dejó escapar un pequeño silbido de admiración.
—Eso es impresionante. No solo es un regalo, es una experiencia, un recuerdo que vas a llevar contigo para siempre. Sabe cómo tocar tu corazón.
—Sí, lo sabe —dijo Alexia, con una sonrisa que no podía contener—. Pero lo que más me conmovió fue el pensamiento y el amor que puso en cada detalle. No era solo el valor material de los regalos, sino lo que cada uno de ellos representaba. Cada uno de ellos me recordaba un momento especial que habíamos compartido, y el hecho de que se tomó el tiempo de pensar en algo que realmente me haría feliz… eso es lo que realmente significa para mí.
Mapi sonrió, apoyando una mano sobre la de Alexia.
—Eso es lo que hace que un regalo sea realmente especial. No es el objeto en sí, sino lo que simboliza. Yara te dio más que cosas, te dio recuerdos, momentos, y sobre todo, amor. Esos son los regalos que más se valoran.
—Tienes razón —respondió Alexia, apretando suavemente la mano de su amiga—. En realidad, esos detalles, esos momentos compartidos, son lo que más valoro. No solo fue el hecho de recibir algo, sino todo lo que representaba. El tiempo, el esfuerzo, el cariño que puso en cada elección. Es como si quisiera decirme, a través de esos regalos, cuánto me conoce y cuánto le importo. Y eso, es algo que no tiene precio.
Mapi sonrió ampliamente, contenta de ver a su amiga tan feliz y satisfecha.
—Es increíble, ver lo conectadas que estáis. Esa conexión, esa comprensión mutua, es algo que pocas personas logran encontrar y es evidente que no solo te escucha, sino que te entiende y sabe cómo hacerte sentir especial.
Alexia asintió, sintiendo una calidez en su pecho al pensar en todo lo que había compartido con Yara.
—Es cierto. A veces me sorprendo de lo bien que nos entendemos, de cómo sin decir mucho, ya sabemos lo que la otra está pensando o sintiendo. Yara ha estado a mi lado en los momentos más difíciles y en los más felices, y eso ha creado un lazo muy fuerte entre nosotras. Estos regalos solo son un reflejo de todo lo que hemos construido juntas.
Mapi la observó por un momento, como si quisiera decir algo más, pero se detuvo, dándole a Alexia el espacio para expresar lo que sentía. Después de unos instantes, Alexia continuó, su voz suave pero llena de convicción.
—Creo que, a veces, nos olvidamos de lo importantes que son estos pequeños gestos, estas muestras de cariño que van más allá de las palabras. No se trata solo de grandes declaraciones o actos impresionantes, sino de esas pequeñas cosas que muestran cuánto nos importan las personas que amamos. Y Yara… ella es la maestra en eso. Siempre sabe cómo hacerme sentir querida, valorada, y comprendida.
Mapi asintió, con una sonrisa reflexiva en los labios.
—Y eso, es lo que realmente importa en una relación. No es solo lo que se dice, sino lo que se hace. Yara te demuestra con cada pequeño gesto que estás en sus pensamientos, que eres importante para ella y tú haces lo mismo por ella, lo veo en cómo hablas de ella, en cómo te iluminas cuando la mencionas. Es un amor que se construye todos los días, con cada detalle, cada sonrisa, cada momento compartido.
Alexia sonrió, sintiéndose profundamente agradecida por tener tanto a Yara como a Mapi en su vida. Ambas personas eran pilares fundamentales, cada una a su manera, y saber que tenía ese tipo de apoyo y amor la hacía sentir increíblemente afortunada.
—Tienes razón. Estoy muy agradecida por todo lo que tengo, por las personas que tengo a mi lado. Yara es… increíble. Y tener amigas como tú también es algo que valoro muchísimo. Gracias por estar aquí, por escucharme, y por siempre darme tu perspectiva honesta.
Mapi se inclinó y le dio un abrazo rápido a Alexia.
—Siempre, Alexia. Para eso estamos las amigas. Ahora, ¿qué te parece si seguimos disfrutando de esta tarde y pensamos en algo divertido que hacer el próximo fin de semana? Creo que después de toda esta conversación, nos merecemos una buena dosis de risas.
Alexia rió, sintiéndose más ligera después de haber compartido tanto con Mapi.
—Me parece perfecto. Vamos a disfrutar, que para eso estamos aquí.
Y así, las dos amigas continuaron su tarde, hablando de planes y sueños, disfrutando del presente con la certeza de que su amistad era uno de esos tesoros invaluables que, al igual que los regalos de Yara, se construían día a día, con amor, cuidado y comprensión.
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𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔
AléatoireYara, una jugadora de fútbol poco conocida, se une a la selección española, deseando conocer a sus mayores inspiraciones, pero encuentra a Alexia Putellas muy distante con ella. A medida que Yara busca su lugar en el equipo, descubre que la frialda...
