La semana siguiente se sintió como una eternidad para Yara. La tensión previa al partido importante que decidiría su paso a las semifinales de la Champions League estaba a flor de piel. Aunque su nueva vida en Inglaterra había comenzado a estabilizarse, no podía evitar pensar en el Barcelona. Sabía que ellas también estaban avanzando en la competencia, y la posibilidad de enfrentarse a sus antiguas compañeras, e incluso a Alexia, en algún momento, le revolvía el estómago con una mezcla de ansiedad y emoción. La idea de verlas de nuevo, aunque fuera desde el otro lado del campo, le daba un extraño consuelo.
El día del partido llegó. Yara se preparó en silencio, enfocada, pero con un undo en la garganta que no lograba deshacer. El vestuario estaba lleno de voces animadas y estrategias de último minuto, pero ella se mantenía en su propio mundo, recordando todo lo que la había llevado hasta allí. Al salir al campo, respiró hondo y se concentró en lo que mejor sabía hacer: jugar al fútbol.
El juego del Manchester United fue dominante desde el primer minuto. Yara sentía que el balón se movía con una fluidez que pocas veces había experimentado. Cada pase, cada regate, todo parecía encajar a la perfección. Su mente, aunque todavía dividida entre su presente y su pasado, se enfocó en el partido, en la victoria que tanto necesitaban. A los 20 minutos, la oportunidad que había estado esperando llegó.
Yara recibió el balón cerca del área rival, esquivando a los defensores con la agilidad que siempre había sido su marca registrada. Todo sucedió en un instante: una finta a la derecha, un giro hacia la izquierda, y de pronto se encontró con una línea clara hacia la portería. Sin dudarlo, lanzó un potente disparo que atravesó la defensa y se clavó en el fondo de la red. El estadio estalló en vítores, pero Yara apenas los escuchó.
En lugar de celebrar como lo haría normalmente, con la euforia habitual que la caracterizaba, corrió hacia una de las cámaras cercanas. El mundo a su alrededor parecía desvanecerse mientras señalaba el tatuaje en su antebrazo derecho: el pequeño delfín con la inicial “A” justo debajo. Con el corazón latiendo a mil por hora, hizo un corazón con las manos, sabiendo que en ese gesto estaba todo lo que no podía decir en voz alta. Era su manera de enviar un mensaje a quien realmente quería que lo viera. Se preguntó si Alexia estaría viendo el partido, si entendería que, a pesar de todo, Yara no la había olvidado ni un solo segundo.
El partido continuó y, al final, el Manchester United consiguió la victoria, asegurando su lugar en las semifinales de la Champions League. Mientras sus compañeras celebraban en el campo, Yara se mantuvo un poco apartada, sonriendo, pero con una tristeza que no podía compartir con nadie. Estaba orgullosa de su equipo y de lo que habían logrado, pero algo le faltaba, algo que ningún trofeo podría llenar.
Cuando se dirigía al vestuario, un asistente se hacercó para decirle que la esperaban para una rueda de prensa. Yara asintió, preparándose mentalmente para las preguntas habituales sobre el partido, los goles, y el rendimiento del equipo. Se dirigió a la sala de prensa, donde los flashes de las cámaras y los murmullos de los periodistas creaban una atmósfera familiar pero abrumadora.
Las preguntas sobre el partido fueron directas y profesionales. Habló sobre el desempeño del equipo, sobre cómo se habían preparado para este momento y cómo todas habían trabajado juntas para lograr la victoria. Pero, hacia el final de la rueda de prensa, uno de los periodistas le hizo una pregunta que la tomó por sorpresa.
—Yara, notamos que celebraste tu gol de una manera un poco diferente hoy, señalando lo que parece ser un nuevo tatuaje. ¿Podrías contarnos un poco más sobre eso? ¿Tiene algún significado especial?
Yara sintió un escalofrío recorrer su espalda. Se había preparado para esta pregunta, pero la verdad detrás del tatuaje era algo que no podía compartir abiertamente. Tomó una pequeña pausa antes de responder, asegurándose de que su voz se mantuviera firme.
—Sí, es un tatuaje que me hice recientemente —comenzó, intentando sonar casual—. Mi prima Alba es una gran fanática de los delfines, y siempre hemos tenido una conexión especial. Quise hacerme este tatuaje en honor a ella, para recordarla siempre que juego. Es algo muy personal, pero me da fuerza en el campo.
La respuesta fue simple, una historia creada para proteger la verdad. Pero mientras terminaba de hablar, levantó la mirada y fijó sus ojos en la cámara frente a ella. Sabía que había alguien, en algún lugar, que estaría prestando atención. Era un gesto pequeño, pero cargado de significado, un intento de conectar con Alexia a través de la distancia y el tiempo.
“Espero que lo entiendas”, pensó mientras mantenía la mirada fija en el lente. “Espero que sepas que esto es para ti”.
La rueda de prensa terminó, y mientras salía de la sala, Yara sintió el peso de sus emociones apretándole el pecho. Había hecho lo que tenía que hacer, había cumplido con su deber, pero nada de eso la hacía sentir mejor. Sabía que, aunque había creado una mentira piadosa para el mundo, la verdad seguía latiendo fuerte en su corazón: Alexia seguía siendo todo para ella, y ese pequeño delfín en su piel era una promesa silenciosa de que, a pesar de todo, nunca la olvidaría.
El día había sido un triunfo en muchos sentidos, pero mientras caminaba hacia el vestuario, la soledad volvía a envolverla. Las risas y las felicitaciones de sus compañeras resonaban a su alrededor, pero Yara sabía que ese no sería un cumpleaños para recordar con alegría. La victoria en el campo no podía llenar el vacío que sentía por dentro, el vacío que solo Alexia podría llenar, aunque estuviera a kilómetros de distancia.
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𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔
De TodoYara, una jugadora de fútbol poco conocida, se une a la selección española, deseando conocer a sus mayores inspiraciones, pero encuentra a Alexia Putellas muy distante con ella. A medida que Yara busca su lugar en el equipo, descubre que la frialda...
