Capitulo 69

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Yara despertó lentamente, con una sensación de pesadez en la cabeza y un dolor agudo que palpitaba en la parte posterior de su cabeza. Su mente estaba nublada, como si una niebla espesa la envolviera, impidiéndole pensar con claridad. Al intentar moverse, se dio cuenta de que algo no estaba bien. Sus manos y piernas estaban atadas a una silla, y no podía ver nada, sus ojos cubiertos por una venda apretada.

El miedo la golpeó de inmediato, como una ola imparable que la hizo estremecer. Su respiración se aceleró mientras su mente, aún desorientada, trataba de recordar lo que había pasado. Fragmentos de la tarde volvían a ella en ráfagas de imágenes y sensaciones. Se despidió de Ona después de una conversación profunda y esclarecedora. Luego estaba el paseo de vuelta a casa, el mensaje que le había enviado a Alexia, la calidez que sintió al leer su respuesta…

Pero entonces, el miedo. Una sombra oscura que la siguió por la calle, la incomodidad creciente en su pecho mientras los pasos resonaban tras ella. Se acordó del hombre, la figura que había aparecido como una amenaza constante, pero que intentó ignorar hasta que fue imposible. El callejón, la chica de sonrisa inquietante, y finalmente, el golpe que la sumergió en la oscuridad.

El último pensamiento que tuvo antes de perder el conocimiento fue Alexia. Esperaba, desesperadamente, que ella estuviera bien. Que todo esto no tuviera nada que ver con Alexia, que estuviera a salvo en casa, sin saber lo que le estaba ocurriendo a ella.

La realidad de su situación la golpeó con más fuerza que el dolor en su cabeza. Estaba atrapada, indefensa y completamente a merced de quien la hubiera llevado allí. Sentía las cuerdas mordiendo su piel, el frío de la sala en la que se encontraba, y el terror de no saber qué vendría después. Intentó calmarse, enfocar su mente en algún plan, pero la incertidumbre y el miedo la consumían.

De repente, el sonido de una puerta abriéndose la sacó de sus pensamientos. El crujido de la madera y el eco de pasos acercándose la llenaron de pavor. Yara apretó los labios, su corazón martilleando en su pecho, temiendo lo que podría suceder a continuación. El sonido se acercó cada vez más hasta que sintió una presencia justo delante de ella.

Una mano tiró de la venda que cubría sus ojos, y la luz la cegó momentáneamente. Parpadeó repetidamente, su visión aún borrosa por el impacto en su cabeza, pero lentamente, la figura delante de ella se fue haciendo más clara. Tragó saliva, intentando enfocar. El hombre frente a ella tenía una mirada fría, vacía de cualquier compasión. Fue entonces cuando lo reconoció.

Era él. El hombre del parque.

Sus recuerdos la golpearon como un torbellino. Recordó cómo lo había visto varias veces después del encuentro de aquel día, pero no quiso decírselo nunca a Alexia para no preocuparla. Siempre estaba cerca, observándola, acercándose un poco más cada día. Alexia había había intervenido antes de que él pudiera acercarse demasiado aquel día con la selección. En ese momento, Yara había sentido alivio, pero ahora entendía que aquel hombre no había desaparecido, solo había estado esperando, acechando.

Se sintió enferma al darse cuenta de que la había estado siguiendo todo este tiempo, y que ahora la tenía exactamente donde quería. Trató de mantener la compostura, de no mostrar el miedo que le recorría de pies a cabeza, pero era imposible. Estaba aterrorizada.

—Tú… —murmuró, su voz apenas un susurro. El hombre la miró, su expresión inmutable, como si estuviera examinando una presa.

—Me alegra ver que te acuerdas de mí —dijo él, su voz suave pero llena de una frialdad que la hizo estremecer.

Yara intentó alejarse, pero las cuerdas la mantenían firmemente en su lugar. Sentía una desesperación creciente, una necesidad urgente de escapar, pero no había salida. Estaba atrapada.

—¿Qué quieres? —logró preguntar, su voz quebrándose al final.

El hombre se inclinó hacia ella, sus ojos fijos en ella, como si disfrutara de su miedo.

—Quiero terminar lo que empecé en el parque —respondió, su tono tranquilo, pero con una amenaza latente en cada palabra.

Yara sintió como si el suelo se desmoronara bajo ella. No podía imaginar lo que este hombre planeaba, pero sabía que no podía permitir que sucediera. Sus pensamientos volvieron a Alexia, la imagen de ella riendo, de sus ojos llenos de cariño. Necesitaba volver a ella, salir de este lugar, sobrevivir.
Pero no sabía cómo.

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Por fin se me ocurrió un poco de acción para que no fuera todo tan repetitivo y sin emoción. ¿Os acordáis de este hombre?
Si antes del 12 de marzo llegamos a 35k en visualizaciones, ese mismo día subiré los dos siguientes capítulos seguidos, dependerá de vosotrxs🙃

𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora