Al amanecer del segundo día desde que Yara había sido secuestrada, la realidad se asentaba en ella con una mezcla de dolor y confusión. Despertó con un agudo dolor en la cabeza, la herida en la parte trasera de su cráneo aún latía con intensidad. Se encontraba en una sala fría, sentada atada a una silla con las manos y los pies inmovilizados, y con una venda negra cubriéndole los ojos. El miedo y la incertidumbre eran sus compañeros constantes.
El día anterior, Olga había entrado en la sala y, con una actitud casi triunfal, le había dado instrucciones que Yara intentó procesar con esfuerzo. Le había explicado, con un tono que mezclaba desdén y determinación, que debía dejar el equipo y a Alexia sin ninguna explicación. El contrato con el Manchester United estaba preparado y debía recoger sus cosas en un momento específico para evitar la presencia de Alexia. La orden era clara y cruel: escribirle a Alexia un mensaje diciendo que ya no quería estar con ella, sin más explicaciones.
En ese momento, Olga parecía satisfecha con su plan, pero el rostro de Yara estaba lleno de lágrimas y rabia. No entendía por qué estaba haciendo esto, aunque las respuestas comenzaron a clarificarse cuando Olga mencionó su deseo de recuperar lo que alguna vez fue suyo. Era obvio que la envidia y el rencor impulsaban sus acciones, y el sufrimiento de Yara era solo una pieza en su juego retorcido.
Al despertar esa mañana, Yara escuchó voces provenientes de fuera de la habitación. Su mente aún nublada trataba de descifrar lo que estaba pasando. El tono de las voces le parecía familiar. A través de la rendija de la puerta, pudo captar fragmentos de una discusión acalorada entre Olga y el hombre que la había golpeado.
—¡No puedo creer que hayas dejado que se enterara de todo esto! —exclamó Olga, claramente irritada—. ¿Cómo te atreves a poner en peligro nuestro plan?
El hombre intentó defenderse, su voz baja y ansiosa.
—No sabía que ella iba a reaccionar así. No hemos tenido tiempo para pensar en todo.
—No se trata de tener tiempo —respondió Olga con firmeza—. Debemos asegurarnos de que todo salga según lo planeado. Ella no puede irse, y si nos descubren ahora, todo estará arruinado. Debes hacer lo que te digo.
La conversación continuó, pero Yara no podía distinguir todos los detalles. Sin embargo, el tono de urgencia y la intensidad en la discusión le indicaban que algo importante estaba a punto de suceder. Luego, Olga entró en la habitación donde estaba atada. Su expresión estaba marcada por una mezcla de frustración y determinación.
—Parece que hay un cambio de planes —dijo Olga con una frialdad calculada—. Los entrenamientos de hoy se han suspendido, por lo que no podrás ir a recoger tus cosas como estaba previsto.
Yara sintió un escalofrío recorrer su cuerpo al escuchar esto. La idea de que Alexia pudiera estar en casa y no tener oportunidad de dejarle un mensaje para explicarle lo que estaba pasando le llenaba de desesperanza.
Olga continuó hablando, su voz ahora con un tono de conspiración.
—Pero no te preocupes, tengo una solución. El plan ahora es que Alexia venga a buscarte.
Yara intentó procesar la información mientras Olga hablaba. La situación parecía cada vez más surrealista. Olga salió de la habitación y comenzó a hacer ajustes en su plan. El hombre se acercó a ella con una mirada expectante.
—Llama a Alexia —ordenó Olga—. Usa un móvil desechable con número oculto y distorsionador de voz. Dile que si quiere ver a Yara, debe ir al parque que está a 10 minutos de su casa. Dile que puede ir acompañada, pero que debe llegar sola para que podamos manejar la situación como queremos.
El hombre asintió, y pronto se oyó el sonido de una llamada realizada desde un teléfono desechable. Olga se aseguró de que la llamada se hiciera con el máximo cuidado para no dejar pistas.
Yara, mientras tanto, estaba atrapada en un mar de desesperación y confusión. Aunque no podía ver nada, el plan de Olga y el sonido de la conversación le dejaron claro que su situación era más complicada de lo que había imaginado. El corazón le palpitaba con fuerza mientras pensaba en Alexia, preguntándose si su novia recibiría el mensaje y cómo reaccionaría ante esta trampa.
El dolor y la ansiedad se mezclaban en su mente, pero Yara trató de mantener la esperanza viva. La posibilidad de que Alexia viniera a buscarla era su único rayo de esperanza en medio de la oscuridad que la rodeaba. Su deseo ferviente era que pudiera encontrarla y que todo esto pudiera terminar pronto, pero sabía que tendría que enfrentar un desafío aún mayor para lograrlo.
—————
Cuando lleguemos a 37k en visualizaciones, subiré el siguiente capítulo:))
ESTÁS LEYENDO
𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔
De TodoYara, una jugadora de fútbol poco conocida, se une a la selección española, deseando conocer a sus mayores inspiraciones, pero encuentra a Alexia Putellas muy distante con ella. A medida que Yara busca su lugar en el equipo, descubre que la frialda...
