Mientras el sonido de la película llenaba la sala, Alexia intentaba concentrarse en la pantalla, pero su mente no dejaba de volver a la nota de Yara. A su lado, Ona y Mapi también intentaban mantenerse distraídas, aunque era evidente que todas estaban pensando en lo mismo. El ambiente era tenso, y a pesar de los intentos de relajarse, el dolor seguía ahí, como una herida que se resistía a cerrar.
De repente, el teléfono de Alexia vibró sobre la mesa, sacándola de sus pensamientos. Al principio, no quiso mirarlo, temiendo que fuera otro recordatorio de la ausencia de Yara, pero la insistencia de las vibraciones le hizo darse cuenta de que era un mensaje importante. Respiró hondo, tratando de prepararse para lo que fuera, y cogió el teléfono.
—Es del club —dijo, notando que había un mensaje en el grupo de jugadoras del equipo.
Ona y Mapi se giraron hacia ella, expectantes. Alexia abrió el mensaje y comenzó a leer en voz alta, su voz cada vez más cargada de incredulidad y dolor.
—Nos han informado que Yara ha decidido poner fin a su contrato con el Barça… —la voz de Alexia se quebró por un momento, pero continuó leyendo— y que ahora estará jugando para el Manchester United, donde ya tiene un contrato firmado.
Hubo un momento de silencio absoluto en la habitación mientras las palabras calaban en las tres. Mapi y Ona intercambiaron miradas de asombro, sin poder creer lo que acababan de escuchar. Alexia, con el rostro pálido, bajó la mirada al teléfono para leer el resto del mensaje.
—También dicen que ninguna de nosotras debe ponerse en contacto con Yara… para nada.
Las palabras se sintieron como un golpe final, una confirmación de que Yara no quería saber nada de ellas, ni siquiera una despedida, ni una explicación. El silencio que siguió fue ensordecedor, lleno de una mezcla de incredulidad, dolor y traición. Alexia dejó caer el teléfono en su regazo, sus manos temblando ligeramente.
—¿Cómo es posible? —murmuró Ona, rompiendo finalmente el silencio—. ¿Cómo puede haberlo dejado todo de esa manera? Sin avisar… sin decirnos nada.
Mapi se llevó una mano a la boca, sus ojos llenos de lágrimas contenidas.
—No tiene sentido —dijo con voz ahogada—. Ella quería este equipo… nos quería. ¿Cómo puede cambiar tanto de un día para otro? Esto no es ella.
Alexia no dijo nada, sintiendo como si cada palabra del mensaje la estuviera desgarrando por dentro. Había algo tan definitivo en lo que el club había comunicado, como si todas las esperanzas que Ona y Mapi habían intentado darle se hubieran desvanecido en un instante. Yara no quería saber nada de ellas, no solo de Alexia, sino de todas. Era un rechazo total, absoluto.
—¿Por qué? —dijo finalmente, su voz quebrándose al pronunciar la palabra—. ¿Qué hicimos para merecer esto? No entiendo… no entiendo nada.
Ona se inclinó hacia ella, poniendo una mano en su hombro.
—No hicimos nada. Esto no es culpa nuestra. Algo más está ocurriendo, algo que no conocemos.
—Pero… ¿y si… y si simplemente se cansó de todo? —respondió Alexia, la desesperación evidente en su voz—. ¿Y si decidió que no quería seguir aquí, ni con el equipo, ni conmigo? ¿Y si… realmente nunca fue tan importante para ella como lo fue para mí?
Mapi negó con la cabeza, limpiando una lágrima que finalmente había escapado.
—No. No creo eso ni por un segundo. Esto es algo más… pero sin poder hablar con ella, ¿cómo podemos saberlo? Todo esto es tan cruel, tan repentino.
Las tres se quedaron en silencio nuevamente, procesando la noticia. El peso de la traición se sentía insoportable. Aunque Ona y Mapi intentaban racionalizar lo que había sucedido, Alexia no podía evitar sentir que había perdido algo fundamental, algo que nunca volvería a ser lo mismo. El vacío que Yara había dejado en su vida era inmenso, y el hecho de que ella se hubiera ido sin una palabra, sin una despedida, lo hacía aún peor.
Finalmente, Ona intentó reunir fuerzas y darles algo de esperanza.
—Quizás haya una razón para todo esto, algo que no entendemos aún. Puede que, con el tiempo, las cosas se aclaren. Por ahora, solo podemos mantenernos unidas y apoyar a nuestro equipo.
Pero sus palabras sonaron vacías, incluso para ella misma. Sabían que el daño estaba hecho, que algo se había roto dentro de ellas, algo que no sabían cómo reparar.
Al día siguiente, Alexia se presentó al entrenamiento con el corazón pesado. La noticia de Yara ya se había esparcido entre las jugadoras, y el ambiente en el vestuario era sombrío. Había susurros, miradas intercambiadas, pero nadie se atrevía a hablar abiertamente del tema. Todas parecían estar intentando asimilar la traición de Yara, intentando comprender cómo alguien que había sido una pieza clave en el equipo, y una amiga para muchas de ellas, podía desaparecer de esa manera.
—¿La habéis leído? —preguntó una de las jugadoras cuando Alexia entró en el vestuario, refiriéndose al mensaje del club. Sus ojos estaban llenos de la misma confusión que Alexia había sentido la noche anterior.
—Sí —respondió Alexia con un suspiro, intentando mantener la compostura—. Lo leí ayer.
Otra jugadora, que había sido particularmente cercana a Yara, se acercó, su rostro lleno de preocupación.
—No entiendo por qué haría esto —dijo en voz baja, como si temiera que decirlo en voz alta lo hiciera más real—. Ella nunca mencionó nada sobre irse, y menos de esa manera. Simplemente no es su estilo.
—Lo sé —respondió Alexia, sintiendo el dolor en cada palabra—. Pero aquí estamos… tratando de entender algo que parece no tener sentido.
Otras jugadoras se unieron a la conversación, todas con la misma mezcla de desconcierto y dolor. La idea de que Yara, que había sido una compañera tan cercana, simplemente se hubiera ido sin decir adiós, era devastadora para todas. El sentimiento de traición era palpable, y la prohibición del club de contactar a Yara solo añadía más leña al fuego.
—¿Por qué no quieren que hablemos con ella? —preguntó una de las jugadoras, expresando lo que todas estaban pensando—. ¿Por qué nos están alejando?
—Quizás porque temen que descubramos algo que no quieren que sepamos —sugirió otra, su voz cargada de sospecha.
Alexia escuchaba en silencio, sintiendo cómo el peso de la situación se hacía cada vez más difícil de soportar. Por mucho que intentaran encontrar una explicación, la verdad era que ninguna de ellas entendía lo que realmente había sucedido. Y lo peor de todo era que, sin poder hablar con Yara, sin poder escuchar su versión de la historia, estaban condenadas a quedarse con la incertidumbre y el dolor.
Finalmente, el entrenador entró al vestuario, y el murmullo se apagó de inmediato. Había un silencio expectante, como si todas esperaran que ella tuviera alguna respuesta, alguna explicación que pudiera calmar el caos que se había desatado.
—Sé que estáis dolidas y confundidas — empezó, mirando a cada una de ellas con una expresión seria—. Pero ahora mismo, lo que necesitamos es concentrarnos en el equipo, en el juego. Lo que haya ocurrido con Yara no debe distraernos de nuestro objetivo.
Alexia asintió lentamente, aunque en su corazón sabía que sería difícil seguir adelante sin resolver lo que había sucedido. Pero en ese momento, tenía que encontrar la fuerza para enfocarse en lo que estaba por venir, aunque el dolor de la traición de Yara seguía presente, una sombra que se negaba a desaparecer.
Mientras se preparaban para salir al campo, Alexia sintió la mano de Ona en su hombro.
—Saldremos de esta —dijo Ona, su voz firme aunque cargada de emoción—. No sé cómo, pero lo haremos. Juntas.
Alexia asintió, intentando aferrarse a esa promesa. Pero mientras se ponía la camiseta y se ataba las botas, no podía evitar sentir que algo esencial se había perdido. Y por mucho que intentara negarlo, sabía que nada volvería a ser como antes.
¿Qué os está pareciendo hasta ahora?
¿Qué creéis que puede pasar en los siguientes capítulos?
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𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔
De TodoYara, una jugadora de fútbol poco conocida, se une a la selección española, deseando conocer a sus mayores inspiraciones, pero encuentra a Alexia Putellas muy distante con ella. A medida que Yara busca su lugar en el equipo, descubre que la frialda...
