Yara salió de la cafetería, sintiendo el aire fresco de la tarde rozar su piel. La conversación con Ona había sido más intensa de lo que esperaba, pero la ayudó a aclarar algunas dudas. Le sorprendía cómo Ona había sido tan valiente al abrirse de esa manera, al hablar de sus sentimientos con tanta sinceridad. La comprendía más de lo que le había dicho. Caminaba hacia casa con la mente aún dándole vueltas a esa charla, pero también sintiéndose reconfortada por el hecho de que pronto estaría con Alexia. Necesitaba esa calma, ese refugio que siempre encontraba en ella.
Sacó su móvil mientras cruzaba la primera calle. “Ya voy para casa. Tengo muchas ganas de pasar un tiempo contigo”, escribió, con una sonrisa dibujándose en su rostro. Envió el mensaje y guardó el móvil en su bolsillo. Solo unos segundos después, sintió la vibración de la respuesta. “Yo también, te echo de menos”. Esas palabras le calentaron el pecho, aliviando cualquier pequeña tensión que aún quedara en ella. Sonrió nuevamente, mirando hacia el cielo que empezaba a teñirse de colores rojizos mientras el sol comenzaba a descender.
Todo parecía estar en su lugar. Sin embargo, mientras seguía caminando, algo le hizo fruncir el ceño. La calle, aunque familiar, le transmitía una sensación diferente, una especie de incomodidad que no podía identificar del todo. Los edificios a su alrededor, las tiendas cerradas a esa hora de la tarde, el sonido distante de los coches; todo seguía siendo igual que siempre. Y sin embargo, sentía que algo había cambiado. Se detuvo un segundo para ajustar su bolso, y fue entonces cuando notó una presencia.
No podía verlo del todo, pero algo en su instinto le dijo que no estaba sola. Sintió una mirada fija en su espalda. Al principio intentó ignorarlo, diciéndose a sí misma que solo eran imaginaciones suyas, fruto de un día lleno de emociones. Aceleró el paso, sintiendo cómo la ansiedad comenzaba a enraizarse en su mente, pero no se atrevió a girarse.
El ruido de pasos resonaba detrás de ella, siguiendo el mismo ritmo que el suyo. Yara intentaba calmar su respiración, convenciéndose de que solo era una coincidencia. Quizá alguien más estaba caminando por la misma ruta. Sin embargo, el sonido de esos pasos no disminuía. Al contrario, cada vez parecían estar más cerca.
Sintió cómo su corazón empezaba a latir más fuerte, reverberando en sus oídos. La calle estaba extrañamente vacía, y las luces empezaban a encenderse una por una a medida que la tarde se desvanecía. Apretó los labios y finalmente, incapaz de soportarlo más, miró de reojo. Ahí estaba. Un hombre, caminando a una distancia prudente, pero sin perderla de vista. Parecía estar siguiendo cada uno de sus movimientos con una precisión inquietante.
Yara respiró hondo, intentando no entrar en pánico. “No puede ser lo que creo”, se dijo a sí misma, tratando de mantener la calma. Pero mientras más caminaba, más evidente se volvía que ese hombre la estaba siguiendo. Sentía su presencia detrás, un constante peso que la hacía sentir vulnerable. Intentó caminar más rápido, y los pasos detrás de ella se aceleraron también, como una sombra que no podía sacudir.
Al acercarse a una esquina que solía ser su referencia de que ya casi llegaba a casa, Yara decidió cambiar de estrategia. Giraría a la derecha, donde había un callejón que conectaba directamente con una calle principal. Pensaba que si llegaba a una zona más transitada, estaría a salvo. Pero justo cuando iba a cambiar de dirección, otra figura apareció delante de ella.
Una chica, alta y delgada, con una sonrisa en su rostro que no presagiaba nada bueno. Algo en su semblante le resultaba extrañamente familiar a Yara, pero el miedo y la adrenalina no le permitían recordar de dónde. La chica se acercó a ella, levantando una mano en un gesto que podría haberse interpretado como un saludo casual, pero su expresión lo hacía todo más siniestro.
—Hola —dijo la chica con una sonrisa que parecía disfrutar del miedo en los ojos de Yara.
Yara intentó apartarse, mirando rápidamente hacia ambos lados, buscando una salida. Sentía el peligro acercándose rápidamente, pero antes de que pudiera reaccionar, sintió un fuerte impacto en la parte trasera de su cabeza. Todo a su alrededor se volvió borroso al instante. Trató de mantener los ojos abiertos, de resistir al mareo que la invadía, pero el golpe había sido demasiado fuerte. Su visión se nublaba más y más, las luces de la calle parecían distorsionarse y los ruidos comenzaron a desaparecer.
Cayó de rodillas, sintiendo cómo su cuerpo perdía el control, y en los últimos segundos de consciencia, lo único que alcanzó a ver fue la sombra del hombre que la había estado siguiendo. Estaba más cerca de lo que ella había imaginado, y con él, la chica del callejón. Ambos se miraron, como si todo esto hubiera sido planeado. Yara quiso gritar, pedir ayuda, pero su cuerpo ya no le respondía. Todo se apagó.
La calle se quedó en silencio.
Perdón por tardar tanto, pero es que no tengo casi tiempo para escribir🤕
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𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔
AléatoireYara, una jugadora de fútbol poco conocida, se une a la selección española, deseando conocer a sus mayores inspiraciones, pero encuentra a Alexia Putellas muy distante con ella. A medida que Yara busca su lugar en el equipo, descubre que la frialda...
