Alexia permanecía en el sofá, inmóvil, con el móvil en la mano, mirando la pantalla una y otra vez, como si esperara que de repente apareciera un mensaje de Yara. El silencio en el apartamento se volvía cada vez más opresivo, haciéndola sentir pequeña y vulnerable. Se levantó y caminó hacia la ventana, mirando la calle vacía bajo la tenue luz de las farolas. Intentaba convencerse de que todo estaba bien, de que Yara aparecería en cualquier momento, pero el miedo se asentaba en su pecho, sofocándola.
Un golpe en la puerta la hizo sobresaltarse. Corrió a abrir, y encontró a Ona y Mapi en el umbral. Las dos tenían expresiones serias, y en cuanto entraron, Ona abrazó a Alexia, tratando de darle un poco de consuelo.
—Vamos a encontrarla —dijo Ona con firmeza, aunque en su voz había un rastro de preocupación—. No estás sola en esto.
Mapi, que no solía perder la calma, también se veía afectada. Sabía que Yara era responsable, y que su desaparición sin explicación alguna no era algo que se podía tomar a la ligera. Se sentaron en el sofá, intentando trazar un plan.
—¿Has intentado llamarla? —preguntó Mapi.
—Sí, varias veces, pero su teléfono va directo al buzón —respondió Alexia, su voz temblando ligeramente.
Ona asintió, como si estuviera considerando algo. Luego, habló:
—¿Algún lugar donde Yara podría haber ido? ¿Alguien más con quien haya podido encontrarse?
Alexia negó con la cabeza, mordiendo su labio inferior. No se le ocurría nada que pudiera explicar la ausencia de Yara. La sensación de que algo estaba terriblemente mal se hacía más intensa con cada minuto que pasaba.
—Deberíamos salir a buscarla —dijo Mapi, levantándose—. Si está en alguna parte, tal vez aún podamos encontrarla.
—¿Dónde podríamos empezar? —preguntó Alexia, su voz un susurro lleno de desesperación.
—Podríamos empezar por el camino que normalmente tomaría para volver a casa —sugirió Ona—. Revisamos las calles principales, luego podríamos ir a la estación de policía si no la encontramos. No podemos dejar que pase más tiempo.
Alexia asintió, sabiendo que era lo mejor que podían hacer en ese momento. Se pusieron las chaquetas y salieron del apartamento, con la mente enfocada en una sola cosa: encontrar a Yara.
El aire de la noche era fresco, y las calles estaban casi desiertas. Mientras caminaban por la ruta que Yara probablemente había tomado, Alexia no podía evitar mirar en todas direcciones, esperando ver alguna señal de ella. Pasaron por las calles que reconocía de sus habituales paseos con Yara, las mismas tiendas y edificios que ahora parecían de alguna manera diferentes, teñidos por la preocupación que sentía.
—Yara, por favor, aparece —murmuró para sí misma, su corazón latiendo con fuerza.
A medida que avanzaban, el silencio entre ellas se hacía cada vez más pesado. Habían recorrido varias calles sin encontrar rastro alguno de Yara. Mapi intentó llamar de nuevo al móvil de Yara, pero sin éxito. Era como si se la hubiera tragado la tierra.
Cuando llegaron a la esquina que conectaba con una calle principal, se detuvieron un momento. Las luces de la ciudad reflejaban en sus rostros la mezcla de miedo e incertidumbre que compartían.
—¿Y si algo malo le ha pasado? —preguntó Alexia, su voz quebrándose finalmente, las lágrimas comenzando a acumularse en sus ojos.
Ona la cogió del brazo, tratando de ser fuerte por las tres.
—No podemos pensar en eso ahora. Tenemos que seguir buscando. Si no la encontramos pronto, iremos a la policía, ¿de acuerdo?
Alexia asintió, secándose las lágrimas que empezaban a caer. El temor que la había estado consumiendo desde que llegó a casa se volvía casi insoportable. Sin embargo, sabía que no podía rendirse, que debía encontrarla.
Siguieron caminando, el sonido de sus pasos resonando en la quietud de la noche. La ciudad, que siempre había sido un lugar de seguridad para Alexia, ahora parecía hostil, llena de sombras y peligros invisibles.
Finalmente, después de lo que les pareció una eternidad, llegaron a un cruce de calles que daba acceso a varias zonas más concurridas de la ciudad. Miraron a su alrededor, esperando algún indicio de Yara, pero la calle estaba vacía.
—No puede ser que no haya nadie aquí —murmuró Mapi, frustrada.
Alexia estaba a punto de sugerir que fueran a la estación de policía cuando notó algo a lo lejos. A través de la tenue luz de una farola, vio un objeto en el suelo. Se acercó rápidamente, con Ona y Mapi siguiéndola de cerca.
Cuando llegó, su corazón se detuvo un momento. Era el bolso de Yara, tirado en el suelo, parcialmente abierto. Dentro, pudo ver su móvil, aún con la pantalla apagada. Lo recogió con manos temblorosas, y un frío terrible recorrió su cuerpo.
—Esto no es una buena señal —dijo Ona en voz baja, mientras se acercaba a Alexia.
El pánico en el que Alexia había estado tratando de no caer finalmente la envolvió por completo. Yara nunca habría dejado su bolso así, en medio de la calle. Algo terrible le había pasado, y ya no podían negarlo.
—Tenemos que llamar a la policía —dijo Mapi con urgencia—. Ahora.
Alexia no podía apartar los ojos del móvil de Yara, la pantalla oscura reflejando su rostro descompuesto por el miedo. Sabía que Mapi tenía razón, pero parte de ella aún no quería creer lo que estaba sucediendo. Sin embargo, la realidad era ineludible: Yara estaba en peligro, y el tiempo avanzaba sin parar.
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𝑯𝒂𝒔𝒕𝒂 𝒍𝒂 𝒖́𝒍𝒕𝒊𝒎𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓...🥀🐬- 𝑨𝒍𝒆𝒙𝒊𝒂 𝑷𝒖𝒕𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔
RandomYara, una jugadora de fútbol poco conocida, se une a la selección española, deseando conocer a sus mayores inspiraciones, pero encuentra a Alexia Putellas muy distante con ella. A medida que Yara busca su lugar en el equipo, descubre que la frialda...
