Capítulo 87

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Dasha miró a su esposo y este se cruzó de brazos sin alejarse de la pared junto a la puerta. Quería tomar la primera silla que encontrara y estamparsela en la cara por imbécil, pero con el ojo morado que tenía y la nariz con el algodón, por el momento era suficiente. Sin embargo, sabía que algo le ocultaba, que no toda la información que le dio era verdad.

Le confesó, después de tanto insistirle, que se iba a divorciar de él, que su Nadja fue secuestrada hace unos días, que Leyna estaba gravemente herida en un hospital y que Demyan apenas estaba recibiendo su tratamiento.

—¿Vas a seguir enojada conmigo por más tiempo? —Jedward suspiró—. Tenemos que hablar...

—¿Ahora quieres hablar conmigo? —ella se limpió la nariz con un pañuelo—. Eres el ser más deplorable que he podido conocer en toda mi vida y lo sabes.

—Soy tu esposo. —Él se encogió de hombros—. ¿Cuántos años tenemos juntos contando los separados? —enarcó una ceja—. Creo que son más de cincuenta.

—No cuentan ese tiempo que andabas de acosador. —Ella tomó otro pañuelo—. Dame mis pastillas.

—Sí, señora —Jedward caminó hacia el bolso—. Tienes que controlarte, no puedes andar así como así todo el tiempo queriendo golpearme.

—Te golpeo porque siempre me ocultas cosas importantes de nuestros hijos —le arrebató el frasco—. ¿Y si algo le pasa a mi bebé? —sus manos comenzaron a temblar—. Es tan chiquito.

—Ya es todo un adulto que sabe lo que hace —se sentó a su lado y luego suspiró—. Jadiel me pidió que no te dijera nada, pero creo que ya viene de camino con Nadja o tal vez están esperando...

—Es algo grande, ¿verdad? —Dasha lo interrumpió—. Es por eso que toda la familia se reunió para irlo a buscar? Y deja de hablarme mentiras, no lo soporto.

—No, no creo que sea tan grande —le ayudó con las pastillas y le acercó el vaso con agua—. Nuestro hijo sabe cómo moverse, es muy astuto y bastante serio... aunque eso último lo sacó de ti.

—Imagínate, estar contigo me vuelve seria... —Se tomó otras pastillas—. Eres un estrés constante y el único que causa mis males en los hospitales.

—Es que por algo te casaste conmigo, no pudiste resistirte a mis encantos de niño bueno. —Jedward le quitó el vaso vacío y lo dejó en el piso—. No digas que no te enamoré desde la primera vez que me viste. Sé que soy irresistible...

—No, sabes que no me enamoré de ti la primera vez que te vi; es más, ni recuerdo cómo era que te veías en ese entonces —rodó los ojos—. Han pasado tantas cosas que ya no siento que esta familia esté del todo bien y creo que nuestra hija tiene depresión posparto y lo trata de ocultar.

—¿Jasha?

—¿Tienes otra hija y no me habías dicho? —Dasha se giró bruscamente hacia él—. Porque solo recuerdo haber parido a una y los otros cuatro son hombres.

—Es que me sacó un poco de mi zona eso que dijiste —Jedward entrelazó los dedos—. Jasha no se ve que tiene eso, pero pensándolo bien y desde otra perspectiva, es posible que sí.

—Ella nunca nos dirá algo a menos que sea meramente que se lo saquemos a las malas —negó con la cabeza—. ¿Crees que somos malos padres?

—No, tú eres una excelente madre; el problema es conmigo. —Jedward miró sus manos—. Han pasado años desde que nos casamos y, mirándolo desde otra perspectiva, supongo que debí concentrarme en nuestros hijos por igual y no solo en uno —asintió para sí mismo—. Los primeros tres embarazos que tuviste fueron complicados. Tengo que decir que no sé cómo sobrevivimos al cuarto con los gemelos —sonrió decaído—. Me concentré tanto en una sola persona que no supe lo que estaba mal.

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⏰ Última actualización: 5 days ago ⏰

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