Llegaron casi al anochecer a su querido destino con Kinian siguiendo sus pasos al igual que Erik. Este ya no se situaba detrás de Jadiel como antes o a su lado. Más bien a unos pasos lejos de él, lo cual sin duda alguna era un claro ejemplo de que estaba seguro de perder todo lo que tenía antes.
Aunque Jadiel estaba herido, sus pasos eran de un sujeto que sabía disimular muy bien su dolor. Incluso, Ciro le comentó que podía irse a un hotel o algún lugar para reposar, pero él, sabiendo que sus heridas podían tener un riesgo en el avión, decidió arriesgarse en todo momento y la verdad es que ya no sabía qué hacer con ese sujeto. Aun así, sabía que él estaba ansioso por ver a sus cositas traviesas después de una semana lejos de ellos.
Todavía le daba cierto grado de risa el hecho de que Jadiel haya dicho que ella no podía dormir sin sus hijos, si él era el hombre que aplastaba las remodelaciones en las habitaciones para que sus hijos no durmieran solos o algo así fue lo que entendió.
—Tenemos un enorme problema...
Kinian no completó la frase, ya que vieron en la entrada del hospital a una Dasha que tenía los brazos cruzados; a unos pasos atrás se encontraba Jedward sosteniendo un teléfono. No se sabía si estaba grabando el momento o en una videollamada, pero por el rostro golpeado del pobre hombre, seguro que era una videollamada con alguien.
—Oh, mi dulce bebé de avena. —Dasha corrió hacia ellos y abrazó a su hijo—. Mira qué golpeado estás y herido —ella le levantó la camiseta y él se quejó—. Lo siento, bebé —miró su vendaje—. ¿Quién te golpeó así? ¿Ya lo mataste?
—Disque dulce bebé de avena —Kinian se burló—. Pensé que la tía Carmen solo te lo decía de burla...
—Deja a mi hijo en paz, Kinian —Dasha lo fulminó con la mirada—. Eres el mayor y permitiste que lo lastimaran.
—¿Qué? —la sonrisa de Kinian se borró—. Yo no le dije a tu hijo que fuera de atrevido a querer matarse sin esperar a que yo llegara. Échale la culpa a tu esposo, fue quien puso sus espermatozoides y Jadiel fue quien llegó primero.
Nadja se mordió el labio inferior escuchando a esa familia discutir como si nada, en plena entrada de un hospital en reparación. Sin importarles que alguien los escuchara decir cosas tan íntimas, todavía quería comprender cómo es que ellos eran tan abiertos en ese tema con el público presente.
—Respeta, que soy mayor que tú. —Dasha hizo una mueca—. Hoy en día la gente no respeta a sus mayores —se giró hacia Nadja—. Querida, mira tu cara, tienes rasguños y un montón de cosas más —se alejó de su hijo—. ¿Cómo estás? ¿Y esa flor?
—Estoy bien, señora. —Ella asintió y apretó contra su pecho la planta—. Es mi regalo por parte de su hijo. Hicimos un trato —se aclaró la garganta—. Lamento haberla asustado; no fue mi intención.
—No te preocupes —ella espantó las palabras con una mano—. Puedes llamarme Dasha, no importa. Ya somos familia y mira qué bonita estás —hizo un puchero—. ¿Ya me darán otro nieto?
—Acabas de tener dos en lugar de una —Jadiel intervino—. ¿Cómo que ahora quieres más?
—Es que tu hermana me dio cinco; de ti quiero mínimo diez. —Dasha movió su mano—. Vamos adentro...
—¿Qué le hiciste a papá? —todos miraron a Jedward—. ¿Estás bien?
—Estoy mejor que nunca. —Él asintió—. El resto de la familia está en la casa de Jasha; estaban esperando el regreso de todos... —Miró hacia todos lados—. Aunque creo que Kinian fue a buscar a su esposa por ahí.
—¿Han sabido alguno de mis hijos? —Nadja preguntó—. Me gustaría verlos.
—Zeus estaba colocándoles su medicación cuando llegamos —Dasha les explicó con calma—. Vamos adentro, deben estar realmente cansados por el viaje.
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El placer de corromperla
RomanceÉl no olvida, menos a un traidor. Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
