Capitulo 67 - Tus imperfecciones.

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– ¿Qué pasa?

–Verás, hace días te hicimos exámenes y te entregaríamos los resultados hoy –Dijo el doctor. Layla asintió –. Aquí tienes, léelos en voz alta.

Layla lo hiso, y después miró al doctor con los ojos cristalizados.

– ¿Qué? 

–Sí. Lo siento mucho –Dijo el doctor –. La quimioterapia no te sirvió de nada y sabes que te tenemos que poner otro trasplante.

–Este vendría siendo un segundo intento –Dijo Layla –. Ya había oído hablar que en el segundo intento es aún más difícil.

– ¡Tonterías! Si te aplicas, podría ser más fácil –Dijo el doctor.

– ¿Cuándo tengo que venir? –Preguntó Layla.

–Hoy, por él crepúsculo –Dijo el doctor –A eso de las siete.

–Ok, si no le importa, yo me retiro –Dijo Layla. Salió de la oficina, sin creer lo que había escuchado. 

Corrió por todos los pasillos y tomó el taxi rápidamente. Bajó afuera de su casa y metiéndose, corrió rápidamente hacia su recamara. Se tiró en su cama y tapó su cara con sus manos. Quedó dormida.

Horas después, Antonia subió a la habitación, y con una sabana, tapó a su hija. Se quedó mirándola. Layla abrió los ojos y sonrió al ver ahí a su madre.

–Mamá ¿Qué hora es? –Preguntó.

–Casi las siete –Contestó. Layla se sobresaltó al escuchar la respuesta de su mamá.

– ¡Lo olvidé! –Exclamó. Antonia la miró confundida –. Hoy a las siete y media, me harán un trasplante.

Se apuraron en alistarse y salieron casi corriendo por la acera, para después tomar un taxi.

Días después…

Despertó, Antonia la esperaba sentada en el extremo de la cama. Layla la miró y revoleo los ojos.

– ¿Ya nos vamos? –Preguntó. Antonia asintió y la chica se puso de pié, para después darse un baño.

Salieron, de nuevo, al hospital. Esta vez verían que tal le fue a Layla en el trasplante. Caminaron por los pasillos, hasta llegar a la oficina del doctor. Este dirigió la mirada hacia ellas, para después volverse a concentrar en los papeles que traía a la mano.

–Y ¿Qué tal? –Preguntó Layla, mirando al señor, que conocía tanto las emociones de la chica.

–Bien ¿Y tú? –Preguntó el doctor. Layla lo miró desconcertada y entrecerrando los ojos –. Ah! Perdón. Aquí tengo los resultados, pero será mejor que yo les explique todo. 

»Su hija presenta un grado avanzado de leucemia. Eso usted ya lo sabía, justo cuando se la diagnosticamos. Hace semanas, le aplicamos una quimioterapia y… no sirvió. Hace días le aplicamos un trasplante, y tampoco sirvió. Ahora, será su decisión si quiere seguir con los tratamientos, que futuramente, se volverán agresivos para su hija. –Antonia miró a Layla y ella dirigió su mirada hacia el piso –. Si quieren hablar solas, lo entiendo. Tengo que entregarle unos resultados a otro paciente, así que ahora vengo.

El Doctor salió para después cerrar la puerta detrás de él. Layla se sentó en una de las sillas, que estaba del otro lado del escritorio del doctor, y Antonia imitó esa acción. La decisión, era lo más difícil y complicado. Layla fue quien tomó ese cargo, difícil e importante para su vida. Tomó la decisión.

Las lágrimas aparecieron en los rostros de las dos mujeres que, sentadas, permanecieron en silencio, hasta que el doctor volvió.

– ¿Ya tienen la decisión? –Preguntó.

–Sí –Contestó Antonia –. 

Iba por la acera, ella decidió caminar, mientras Antonia se regresaba a casa en taxi. 

Layla cerró los ojos y una vez que estaba en el lago, se recostó en la arena, así como había hecho hace tiempo. De nuevo, cayó en un sueño profundo.

Horas después, había obscurecido. Layla despertó gracias a que a su alrededor se habían roto unas ramas, a los pasos de alguien. La chica se incorporó e inspeccionó el lugar con la mirada. Minutos después, apreció Jahir y se sentó al lado de ella.

– ¡Me asustaste! –Exclamó Layla.

–Tengo entendido que hoy fuiste al doctor –Dijo Jahir – ¿Qué te dijo?

–Que… estoy bien –Mintió la chica.

–No es verdad –Dijo Jahir –. Se nota que me estás mintiendo.

Layla le habló de lo sucedido en la oficina del doctor. Jahir la miró asustado.

–No quiero que los demás lo sepan. Mientras no estén enterados, mejor.

–Layla, tienes que decirles.

–Tengo, pero no quiero –Dijo Layla. Se quedaron en un silencio incomodo. Minutos después, Layla lo rompió –. Soy la persona más imperfecta del mundo.

–Pero para mí tus imperfecciones te hacen perfecta –Layla lo miró desconcertada –. Sí, es la verdad.

La chica sonrió y chocó sus labios con los del chico. Lo abrazó lo más fuerte posible y sus lágrimas comenzaron a salir. Los ojos de Jahir se cristalizaron. Se recostaron los dos en la arena, a la orilla del lago y cayeron en un sueño profundo.

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