Se despidió de él y entró decidida a la casa de su abuela. Entró y se quedó petrificada por lo que estaba viendo. ¿Acaso era una pesadilla? Antonia, Paula, Dagna y Regina eran retenidas por unos hombres que vestían todos de negro. Aquellos parecían unas guaruras. Había otros hombres por toda la casa. Eran siete. Layla se tomó el tiempo de examinarlos, vio que traían pistolas y comprendió que esto no era nada de broma.
–Salgan de mi casa –Exigió. ¡Vaya exigencia!
– ¿Dónde están Roosevelt y Ernest? –Preguntó uno de los hombres, que parecía el jefe de los demás.
– ¿Qué no te lo hemos dicho? –Preguntó Antonia con una fuerza brutal –. Ernest murió y Roosevelt está en la cárcel, en Alemania.
Aquellos hombres hablaban en alemán.
–Eso no se lo cree nadie, señora –Dijo aquel hombre.
– ¿Quién es usted? –Preguntó Layla. Hasta ahora, ninguno de los hombres la había agarrado.
–Soy Iker.
–Bueno, usted, Iker. Salgamos y yo le puedo dar la información que pide de Roosevelt, pero suelte a mi familia –Dijo Layla segura de lo que estaba diciendo.
–No. Me lo dirás aquí.
–Afuera –Dijo Layla con una voz fuerte.
–Aquí. No exijas o les dispararé –Dijo Iker.
–Dispárales –Dijo Layla, cuando por dentro reaccionó y quedó pensativa por lo que había escuchado. ¿Pero que había dicho? No se daba cuenta de que estaba tratando con las personas más peligrosas de Alemania. Incluso ellos tenían que ver en algo del pasado de Dagna.
– ¿Qué? –Preguntaron las otras mujeres al unisono.
Iker se quedó mirando a Layla y cuando estuvo a punto de tirar del gatillo, Layla echó un gritito.
– ¡La niñita tiene miedo! –Dijo Iker burlón. Los demás hombres comenzaron a reírse y con un simple movimiento del brazo de Iker, todos callaron.
Layla dio unos pasos hacia él y estando a solo unos centímetros de su cara dijo:
– ¡AFUERA!
Iker puso la pistola en la cabeza de Dagna. La chica cerró los ojos fuertemente y Layla se cruzó de brazos viendo a aquel hombre. Él la miró y bajó la pistola.
–Vamos a complacerla y salir todos a afuera –Dijo de una vez.
Todos salieron en compañía de Layla, quien muy segura de sí misma, hablaría sobre Roosevelt.
– ¡Habla de una vez! –Exclamó aquel hombre. Layla suspiró y miró a cada uno de los señores.
–Ernest si murió. Mi madre lo mató ya que nos secuestro –Dijo Layla buscando las palabras correctas –. Roosevelt vino a México en busca de Ernest, pero al enterarse de que este había muerto, se fue a… Arizona, ya que escapó del trabajo comunitario que le habían dado en Alemania.
Eso no era más que mentira. Layla suspiró y quiso que le creyeran.
– ¡Llévensela! –Exclamó Roosevelt – Le sacaremos la verdad.
– ¿Y su familia? –Preguntó uno de los hombres.
–Mátenlos de una vez –Dijo Roosevelt.
–¡NO! –Gritó Layla.
– ¿No qué? –Preguntó Iker burlándose de la chica.
Jahir caminaba por la acera cuando se detuvo. « Olvidé pedirle mi celular a Layla» Pensó. Regresó y al doblar la esquina, vio como subían por la fuerza a Layla en un carro. El se echó a correr y una vez que estuvo a unos metros se detuvo. Iker lo miró.
– ¿Quién eres?
– ¿Qué le harán a Layla?
– ¿Quién eres? –Iker repitió su pregunta. Jahir miró a Layla. Los ojos de la chica suplicaban que se fuera.
–Su novio. Déjenla en paz.
–No, ella nos tiene que dar una información.
–Yo se la puedo dar. Ella me habla de todo –Dijo Jahir. Layla le dio una última mirada, para que después uno de los otros hombres le cubriera los ojos con un pañuelo.
–Súbanlo a él también.
Los hombres salieron de la casa, después de haber amenazado a la familia de Layla y haber matado a la única terca y fuerte de ellas. Uno de aquellos hombres le susurró en el oído a Layla a quien habían matado. Layla comenzó a llorar desconsoladamente. Subieron a Jahir al auto. El se sentó al lado de Layla y recargó la cabeza de la chica en su hombro. Ella se sintió acompañada y comenzó a suspirar tratando de calmarse ¡Era totalmente imposible! Los automóviles que traían a los hombres se pusieron en marcha con Layla y Jahir a bordo.
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Positive vibe...
Teen FictionLayla, una chica de dieciséis años, sufrió de una enfermedad. Al poco tiempo, esta regresa, pero no le desgarra la esperanza y felicidad que ella siente de salir adelante. Siempre sintió el desprecio de su papá, gracias a su abandono y este vuelve...
