La casa estaba abarrotada de gente. Unos bailaban, otros bebían, reían o solo hablaban. Jahir, Axel y Otto trataban de abrirse paso entre la gente. Cuando al fin llegaron a la barra de bebidas.
–Bueno y al fin la viste –Dijo Axel.
–Sí, pero no en la situación que esperaba –Comentó Jahir –. Como nunca la quise ver.
–Pero, si dices que ya no tiene leucemia –Dijo Otto –. ¿Por qué no querrías verla sana?
–No es eso, son muchísimas cosas que pasaron. La destrozaron por completo.
– ¿De qué hablaban? –Preguntó Catalina quien acababa de llegar después de una intensa lucha por abrirse paso entre la gente.
–Layla–Contestó Axel–. Haber, dime ¿De quién más nos habla Jahir?
El rostro de Catalina se nubló y decidió mirar hacia otro lado, evitando las miradas de sus ahora acompañantes.
– ¿Qué pasa Cata? –Preguntó Axel juguetón –. ¿Celosa?
Catalina no respondió, pero miró a Axel achinando los ojos con la mirada amenazadora. Jahir se distrajo gracias a que si celular sonaba. Lo sacó de su bolsillo trasero del pantalón y mirando el identificador de llamadas, se dio cuenta de que Helena, su madre, había regresado. Salió inmediata pero dificultosamente. Cuando al fin llego a la puerta principal, su celular dejó de vibrar. Corrió unas cuadras hasta que la música lo dejara escuchar más y llamó a su madre.
– ¿Bueno? –La voz que tanto conocía Jahir se escuchó al otro lado del teléfono.
– ¿Ya estás en casa? –Preguntó Jahir.
–Sí.
–Voy para allá –Terminó con la llamada.
– ¿Tienes que irte? –Preguntó Catalina quien lo había seguido y escuchado la corta conversación.
–Sí, Helena está de vuelta.
–Te acompaño.
–Vamos.
Caminaron hasta que una chica los detuvo.
– ¡Jahir! ¿Layla ha regresado? –Preguntó.
–Sí, Eleanor, está en casa de Paula –Contestó Jahir.
–Gracias – Eleanor dobló una esquina, para que después tomara un taxi.
Una vez que llegó a casa de Paula, le pagó al chofer y bajando del taxi, caminó hacia la puerta. Dio unos pequeños golpecitos, para que después Layla le abriera la puerta.
–Hola, Eleanor –Dijo –. Pasa.
–Prefiero hablarlo afuera, no quiero incomodar.
–Vamos.
Minutos después caminaban por la acera. Las farolas alumbraban escasamente las calles, así que se podría decir que caminaban bajo la obscuridad de la noche. El aire estaba fresco y alocado.
– ¿Viste a Ernest? ¿Cómo está nuestro padre?
Los ojos de Layla se hundieron en la preocupación. ¿Cómo le iba a decir a Eleanor que su papá era un secuestrador? ¿Cómo le iba a decir que estaba loco? ¿Cómo le iba a decir que Antonia lo había asesinado? Definitivamente iba a ser difícil para ella hablarle sobre lo sucedido, a una chica que había tenido un buen concepto de Ernest toda su vida.
Layla le pidió que caminaran hacia un parque, para que después las dos estuvieran sentadas en una banca y Eleanor volviera a hacer las mismas preguntas.
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Positive vibe...
Teen FictionLayla, una chica de dieciséis años, sufrió de una enfermedad. Al poco tiempo, esta regresa, pero no le desgarra la esperanza y felicidad que ella siente de salir adelante. Siempre sintió el desprecio de su papá, gracias a su abandono y este vuelve...
