Al día siguiente…
Layla despertó, Regina ya no estaba en el cuarto. El sol entraba en la ventana, haciendo que ella no pudiera abrir los ojos. Los talló con el extremo de la manga del suéter que traía. Al abrirlos, se encontró con Miguel, sentado al extremo de la cama, viéndola.
– ¿Qué quieres? –Preguntó Layla – ¿No crees que es de mala educación, entrar como si nada en una habitación, que no es tuya?
–Solo vengo a decirte que no puedes decirle a mi mamá como llegué ayer y a qué hora – Dijo el chico, intentó salir de la habitación, pero Layla de nuevo fue más rápida, se paró en la puerta, para que no saliera.
–Supongo que esa es una amenaza ¿no? –Preguntó.
–Tómalo como quieras, a mi me suena más a una advertencia – Dijo Miguel, haciendo a Layla para un lado. El era mucho más fuerte que ella.
–No quieres que ella sepa, porque sabes que estuviste haciendo algo malo ¿Verdad? –Preguntó Layla. El chico apenas salía de la habitación, pero se regresó, volvió a acercarse a Layla, para solo quedar a un centímetro de ella, y arqueó las cejas – ¡Contéstame!
–Eso es algo que no te debe de importar –Dijo Miguel susurrándole en el oído – ¡Eres una niñita! Deberías de preocuparte por qué muñeca irás a comprar.
–Tengo dieciséis años ¡No soy una niña! –Dijo Layla enojada.
¬– Y yo dieciocho, así que para mí, sí lo eres –Dijo Miguel mirándola con cara de pocos amigos.
–Ah! Si, solo por dos años, ya soy una niña que necesita muñecas, para divertirse –Dijo Layla empujándolo para que él se alejara
Miguel se volvió a acercar. Era mucho más alto que Layla, su cuerpo estaba musculoso, su cabello era castaño y lo usaba un poco grande, de manera que le tapaba la frente.
– ¿Te drogas? –Le preguntó Layla al olerlo.
– ¿Qué muñeca irás a comprar?
–Eso es un sí –Dijo Layla, para después salir de la habitación.
Miguel la siguió y la tomó del brazo, Layla hiso una mueca de dolor y el la miró extrañado.
– ¿Le dirás a mi madre? –Preguntó el chico. Layla negó con la cabeza. Las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas, a causa del dolor – ¿Qué pasa?
–Me duele, ¡Suéltame! –Dijo Layla, para después bajar al primer piso, quitándose las lágrimas de su rostro.
Se ponía la ropa, después de darse un baño, cuando observó que su brazo tenía un moretón grande. Le dolía mucho. Ignoró el dolor, se puso unos jeans, una blusa de manga corta, un suéter verde, unos vans negros, y su gorrito invernal, para después salir de la casa.
Había obscurecido, Layla caminaba por una calle la cual no conocía, cuando vio a alguien conocido. Caminó rápidamente hacia esa persona. Era Jahir. Pegó los labios con los de él, y después sonrió.
– ¿Qué haces aquí? –Preguntó el chico.
–Me mudé de casa, vivo cerca –Contestó Layla. Descubrió su brazo y le enseñó el moretón a Jahir.
– ¡Es muy grande!
–Lo sé, Miguel lo apretó y me dolió –Dijo Layla cubriendo de nuevo su brazo.
– ¿Miguel? ¿Quién es él? –Preguntó Jahir.
–Ah! Es un chico que vive en la nueva casa… el hijo de la amiga de mi mamá.
– ¿Por qué apretó tu brazo?
–Ah! Nada importante.
Eran las doce de la noche, Layla y Jahir estaban sentados en la banca de un parque. Comenzó a llover y Layla decidió irse a su casa. Se despidieron y ella se fue caminando a su casa.
Pasaba por una calle larga y obscura, había un grupo de chicos riendo, a la mitad del camino. Layla pasó despistada al lado de ellos. Pero uno se acercó.
– ¿Qué andas haciendo por aquí?–Preguntó.
– ¿Miguel? –Preguntó Layla, ya que olía igual que el chico.
–No, no soy Miguel, pero puedo serlo, si tú lo quieres –Dijo el chico, tomándola por la cintura, para luego, pegarla a su cuerpo.
– ¡Suéltame! –Exclamó Layla. Los otros chicos no se habían dado cuenta. – ¡Suéltame! ¡Te lo advierto!
– ¿Qué me harás si no te suelto? –Preguntó el chico. Layla levantó su rodilla derecha, pegándole en los bajos al chico –Estúpida –la soltó y Layla intentó correr. Pero otro chico la tomó del brazo.
Layla lo miró a los ojos e hiso una mueca de incomprensión.
ESTÁS LEYENDO
Positive vibe...
Novela JuvenilLayla, una chica de dieciséis años, sufrió de una enfermedad. Al poco tiempo, esta regresa, pero no le desgarra la esperanza y felicidad que ella siente de salir adelante. Siempre sintió el desprecio de su papá, gracias a su abandono y este vuelve...
