Capitulo 44 - "Yo siempre estaré contigo"

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Layla se recostó en la cama, mirando el cielo, cuando de repente comenzó a reírse. Miguel entró al cuarto y la miró extraño.

– ¿De qué te ríes? –Preguntó sentándose en la cama.

–Estabas tan asustado –Dijo Layla entre risas.

–No es para tanto.

Layla se sentó al lado de él, este la comenzó a mirar como si ella fuera de otro mundo.

– ¿Y ahora qué? –Preguntó Layla.

–Te comportas tan diferente conmigo. Con el chico que estabas ahorita, eres dulce –Contestó Miguel mirándola.

–Bueno, pues él es como mi novio y tú como un rival, o algo así. –Miguel rió, y después dirigió la mirada a Layla.

– ¿Y eso? ¿Por qué un rival? Apenas nos conocemos.

–Desde el primer día que nos vimos, nos tratamos mal. Bueno, más bien, alguien me trató mal –Dijo Layla.

Regina caminaba hacia la casa, cuando alguien la tomó por sorpresa, tapándole la boca con un pañuelo y metiéndola en una casa, la cual nadie hospedaba. Ella, asustada, miró a la persona. Era nada más y nada menos, que su propio padre. El la tiró en un pequeño sillón, que estaba en una supuesta sala de estar. Intentó amarrarle las manos y los pies, pero ella se paró corriendo. El pañuelo debió haber tenido alguna sustancia, ya que cuando Regina apenas puso los pies en el piso, se sintió mareada, que al llegar a la cocina, cayó desmayada.

Amanecía, Regina apenas abría los ojos, asustada. Lo primero que observó fue a su padre, recargado en la puerta principal, bebiendo. 

– ¿Qué quieres? –Preguntó Regina, con su voz temblorosa. 

–Que vuelvas a la casa.

–Eso nunca. ¿Cuándo me dejarás ir?

–Cuando admitas que volverás a mi casa, y te vayas a hacer tu maletas.

– ¡Vale! Pero suéltame, así no podré ir.

Pablo se dirigió hacia ella, le retiró las cuerdas de las manos, para después terminar con la de los pies. Regina apenas se puso de pie, le tiró una patada en los bajos, para luego, correr y abrir la puerta de entrada. Salió gritando “¡Auxilio!” ya que su papá comenzaba a perseguirla. Justo en ese momento, pasaba un carro, se detuvo, y una persona tomó a la chica, para después meterla de inmediato.

– ¿Te hizo daño? –Preguntó.

–No, es mi padre, no sería capaz –Contestó Regina.

–Vamos a casa.

El carro negro se detuvo en frente de la grande casa. El chico agradeció al otro que manejaba, Miguel y Regina salieron del carro. Abrieron la puerta y Layla asustada corrió a abrazar a Regina.

– ¿Dónde pasaste la noche? –Preguntó Layla – Mandamos a Miguel a buscarte. Estábamos preocupadas.

–Vamos arriba, ¿Vale? Y te lo platico con calma –Dijo Regina, mientras se quitaba las lágrimas que habían comenzado a salir por sus grandes ojos.

Subieron las escaleras y se metieron al cuarto, seguidas de Miguel y de Roberto. Este estaba ahí desde la tarde pasada, ya que Layla le había avisado, preocupada.

– ¿Qué pasó? –Preguntó Roberto, abrazando a su amiga, que lloraba desconsoladamente.

Regina les habló de lo sucedido, apenas podía ya que la pobre no podía respirar de tanto llorar. Sus amigos y Miguel, escuchaban, callados, ya que el relato los había dejado sin palabras.

Unas horas después, Roberto había ido a descansar a su casa y Miguel había decidido dejar solas a Layla y Regina. Layla, abrazó a su amiga.

–Yo siempre estaré contigo –Dijo, tratando de consolarla – Y no te irás con él. Tendremos que poner una denuncia en contra de él, porque esto se nos está saliendo de las manos.

–Vale –Regina asintió, para después ir a darse un baño.

« ¿Qué sigue? ¿Qué más nos falta?» Se preguntó Layla en la mente.

Minutos después, Regina salió del cuarto de baño y se recostó a descansar.

– ¿Iremos al lago? –Preguntó Jahir, cuando todos salían de la prepa.

–No lo sé, Regina no se encuentra bien.

–La llevamos, seguro se relajara. 

–Vale.

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