Capitulo 84 - "¡Layla!"

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Llegaron al hospital. Logan Norrinson los esperaba en la puerta, sonriendo como siempre. Layla se acercó.

–Los resultados, doctor –Dijo.

–No tan rápido –Dijo Logan Norrinson –. Vamos a mi oficina.

–Pero Doctor –suplicó la chica nerviosa.

–Layla, espérate y vamos a mi oficina.

Los chicos obedecieron y siguiendo al doctor, llegaron a una grande oficina blanca. Tenía diversos estantes, con legajos de muchos colores. Esta lucía totalmente aseada y ordenada.

–Tomen asiento –Así lo hicieron –.  Primero que nada, ¿Has visitado a Antonia?

–No –contestó Layla extrañada –. ¿Pero qué quiere usted con mi mamá?

–Aquí están tus resultados –Contestó el doctor despistado. Layla esbozó una sonrisa acompañada de una risita –. ¿Qué pasa?

–Le gusta mi mamá –Contestó Layla sonriendo –. Usted es un gran hombre, pero tiene que entender que mi mamá está muy dañada por Ernest.

–Sí, yo lo entiendo… pero ¿Quién te ha dicho que tu mamá me atrae?

–Se le nota hasta en los huesos.

– ¡Pero tú no los puedes ver!

–Hasta en los hoyuelos que se le hacen al sonreír.

El doctor Logan Norrinson comenzó a reírse sin antes olvidarse de cubrirse la boca con las manos, para así evitar que Layla viera sus hoyuelos.

–Ya, hablemos de los resultados –Toda la confianza se fue y Layla se puso nerviosa.

El doctor Norrinson extendió un sobre blanco y Layla lo tomó con su mano temblorosa. Jahir y Dagna temblaban de nervios, Layla los miró, ellos trataron de esbozar una sonrisa, para tranquilizarla, cuando esta solo era una curva que no expresaba nada.

Layla abrió el sobre y observando los resultados abrió los ojos como platos. Norrinson asintió y Layla se puso de pie, para después comenzar a dar saltitos de alegría. Jahir y Dagna se acercaron y Layla les dio un fuerte abrazo. Sus ojos expulsaban lágrima tras lágrima. Jahir sonrió al ver el resultado.

–Sí, Layla –Dijo el doctor Logan Norrinson. Layla lo miró y sonrió –. La leucemia se fue. ¡Estás sana!

–No lo puedo creer, no lo puedo creer –Decía la chica.

– ¡Layla! –Exclamó Jahir – ¡Mi amor, no tienes cáncer!

Layla lo volvió a abrazar y una vez que deshizo el abrazo, le plantó un beso.

Salieron del hospital corriendo, brincando, riendo, etc.  Subieron a un taxi y dirigiéndose hacia el hotel, platicaban de lo sucedido.

Entraron casi corriendo. Layla llamó a la puerta de la habitación de Paula y Francisco. Sin esperar respuesta, abrió la puerta. Entró y se quedó parada a unos pasos de la entrada. Ahí estaba el abogado de Antonia.

– ¿Qué pasa? –Preguntó.

–Necesito las llaves de tu antigua casa –Contestó el abogado.

Layla las sacó de un bolsillo trasero de su pantalón y se las entregó mirándolo con desconfianza.

– ¿Ayudará algo de esto a mi madre? –Preguntó.

–Pues conseguí un nuevo juicio –Contestó el abogado. Layla sonrió –. Tu casa es el lugar de las evidencias.

–Sí, lo sé.

–Bueno, creo que yo me voy. Si es necesario que declares en el juicio, yo te llamaré. Adiós.

El abogado salió de la habitación. Layla miró a Paula y Francisco, estos la miraban desconcertados gracias a que Layla no paraba de sonreír.

– ¿Qué pasa? –Preguntó Francisco.

Layla les entregó los resultados, para que después los dos ancianos corrieran a abrazarla.

– ¿Irás a avisarle a Antonia? –Preguntó Paula. La sonrisa se borró del rostro de la chica.

–Hoy no es día de visitas. Pero mañana a primera hora iré.

«… Escuchó un ruido ensordecedor. Se tapó las orejas y cerró los ojos fuertemente. Estaba ahí, en ese cuarto obscuro, en medio y agachada. De repente alguien abrió una puerta, dejando entrar un poco de luz. Ahí se encontraban Antonia y Jahir.Se destapó las orejas y se puso en pie poco a poco. Los otros dos, imitaron esa acción. El hombre que había abierto la puerta tomó a Antonia. Layla corrió para alcanzar a Antonia e impedir que se la llevaran, pero el hombre fue más rápido cerrando la puerta, para que después Layla la comenzara a golpear. Las luces se volvieron a apagar, para que segundos después se encendieran de nuevo. Ahí estaban Jahir y Dagna. Layla los miró desconcertada.

En el otro lado de la puerta había una “salida”. Esta consistía en un pasillo largo y obscuro. Esa puerta se cerró. Layla comenzó a sonreír al igual que sus amigos. Ellos corrieron y la abrazaron. Layla miró los papeles que sin darse cuenta, ya traía en las manos. Ahí estaban escritos unos resultados que la hacían más feliz que nunca.»

Despertó desconcertada. Ese sueño había cambiado, al fin.

–Mamá, te tengo una buena noticia…

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