Mientras caminaban hacia la esquina, Layla miró hacia atrás y pudo observar que un chico los seguía. Ella negó con la cabeza y leyó en los labios de Jack “Es necesario”. Volvió a mirar hacia su camino y vio que Ernest apenas la volteaba a ver. Él le sonrió y Layla solo miró hacia la acera.
Tomaron un taxi y se dirigieron, como ya había dicho Ernest, hacia el centro comercial. Layla le lanzó una mirada furtiva a su madre y ella abrió sus ojos, indicándole que no la mirara de esa manera. Ernest iba feliz y platicaba con el chofer.
– ¿Por qué tan asustadas? –Preguntó el chofer mirando a las dos mujeres por el retrovisor.
– ¡Nada que ver! –Exclamó Ernest –. Así son ellas de serias.
Layla miró la manga de su suéter, esta comenzaba a macharse de rojo por la herida del brazo. Cerró los ojos fuertemente por el dolor y Antonia la tomó de la mano acariciándola. Layla miró a su madre y ver una “sonrisa” en su rostro, la tranquilizó, aunque ella supiera que esa sonrisa era totalmente falsa.
Bajaron del taxi al llegar al centro comercial. Ernest se percató de la mancha del suéter de Layla y quitándose el abrigo, se lo puso a su hija “tiernamente”. Layla miró hacia atrás y vio que un taxi acababa de llegar, y que Jack bajó de él. Este traía una gorra negra y unos lentes de sol. Les seguía el paso. Layla lo miró suplicándole para que se fuera, pero el negó con la cabeza.
Subirían al ascensor, pero antes de cerrarse las puertas de este, Antonia empujó a Layla, provocando que esta quedara afuera. Se cerraron las puertas, y Ernest miró confundido a Antonia.
–Te puedo soportar maltratos hacia mí, pero a mi hija no –Dijo Antonia duramente.
Sacó la botella de líquido amarillo y comenzó a tirarlo en el ascensor. El piso comenzó a llenarse de aquel líquido y Ernest intentando quitarle la botella, provocó que esta se cayera y terminara de tirarse el líquido. Por el olor, podías darte cuenta al instante que era gasolina. Antonia aplanó el botón para que el ascensor volviera al piso de abajo, para después indicarle que volviera a subir, atorando aquel ascensor. Ernest hacia el intento de tranquilizar a Antonia, pero esta ya se hallaba a tal punto de que ni un psicópata la pudiera calmar. Sacó los fósforos y encendiendo uno, lo tiró hacia el piso, para que inmediatamente se comenzara a encender en llamas el piso del ascensor. Antonia, inmediatamente, comenzó a presionar el botón para bajar, hasta que el ascensor contestó a sus suplicas y cayendo precipitosamente se abrieron las puertas. La señora apenas saldría, cuando una hilera de llamas tapó la puerta. Esta se horrorizó y Ernest corrió para salir. Las puertas se cerraron, al mismo tiempo que Ernest cruzaba, para que le aplastaran el cuello y solo la cabeza quedara afuera del ascensor. Antonia presionó el botón para subir. Ernest hacía el esfuerzo de meter la cabeza, cuando golpeando con el piso, esta se separo de su cuerpo.
El ascensor se detuvo, Antonia se apresuró a correr, saltando el cuerpo de Ernest y arriesgándose a que sus piernas se quemaran. Pero no fue así, alcanzó a brincar las llamas y una vez que se hallaba afuera del ascensor, este explotó.
La gente rodeo a la señora, que con la cara sudada lloraba sin cesar. Unos Mirandola con compasión y otros con horror, ya que acababa de provocar una muerte.
– ¡Mi hija! –Exclamó –. ¿Dónde está mi hija?
En ese instante, Layla subía las escaleras. Antonia corrió hacia ella y le dio un abrazo. Layla alcanzó a ver el cuerpo calcinado de su padre, y la cabeza al desprenderse de él. Miraba petrificada hacia el ascensor, que caía en ese mismo instante. Segundos después, un chico, subía las escaleras y acercándose a la chica, la tocó de la espalda, lo que la hizo reaccionar con un sobresalto.
–… y ni me aviso que se iba a ir –Dijo Jahir.
– ¡Que extraño! –Exclamó Catalina –. ¿No crees que esté molesta contigo?
–No lo creo, la última vez que hablamos fue cuando vinimos a visitarte –Contestó Jahir.
– ¡Antonia! –Gritó alguien desde la entrada al centro comercial, mientras Antonia, Layla y Jack caminaban por la acera –. ¡Espera!
Los tres giraron y se encontraron con el doctor Logan Norrinson, que corriendo hacia ellos, gritaba que no se fueran.
–Lo vi todo –dijo al llegar.
– ¿¡En que me he convertido!? –Exclamó Antonia, mientras cubría su cara con sus manos.
–No, fue en defensa propia. Ese hombre está loco –Dijo Norrinson, con una voz suave –. Si no me equivoco fue un secuestro, porque ustedes no serían capaces de estar con él.
Layla asintió indicando que él estaba en lo cierto. La verdad, ella y Jack se habían quedado sin habla después de todo lo que habían pasado.
–Cuando Dagna me dijo que Layla se había ido a Alemania sentí un presentimiento, sé que algo anda mal –Dijo Jahir a Axel, mientras salían de la casa de Catalina y caminaban por la acera.
–Creo que deberías de comunicarte con ella, tienes que saber si está bien –Dijo Axel –. Haz lo posible por ir para allá.
–Layla, sé que es difícil para ti, pero quiero que me hables de lo que sucedió mientras yo estuve inconsciente –Dijo Antonia, mientras abrazaba a su hija, cuando ya se encontraban en el hospital.
El lugar en el que se encontraban, era la habitación que le habían asignado a Antonia. Esta tenía una venda en su cabeza, gracias a la herida producida por Ernest, con el florero. Layla, tenía una venda en el brazo recién cocido, esta estaba sentada sobre la cama, al lado de su madre, quien, como ya había dicho, la abrazaba.
–Mamá, por favor, no –Dijo la chica, pero con la mirada suplicante de su madre, accedió a hablar sobre lo sucedido.
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Positive vibe...
Teen FictionLayla, una chica de dieciséis años, sufrió de una enfermedad. Al poco tiempo, esta regresa, pero no le desgarra la esperanza y felicidad que ella siente de salir adelante. Siempre sintió el desprecio de su papá, gracias a su abandono y este vuelve...
