No puede morir

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Había sido una despedida rara.
A pesar de que habíamos hecho tregua no se podía negar la tensión en el ambiente y contra todo pronóstico no me arrepentía de haber ido a hablar con mi suegra y dejar que nietas y abuelos se conocieran.
Sabía que a Luis le iba a hacer poca gracia y así fue.
Siempre aceptó que María nos visitara y conociera a sus sobrinas con la condición de que sus padres,que hacía que no sabían de él unos años,no supieran nada de él.Quizás por orgullo.

Me doy cuenta de que me ha metido una libreta de composiciones en la maleta cuando estoy sacando un paquete de galletas para Julia.
Por fuera solo dice "Para Aitana".
No me hace falta que firme para saber qué es de él y que esos tachones son inconfundibles noches de  insomnio así que la abro y en la primera página descubro un pequeño texto.
"Nuestro amor no puede morir nunca porque está escrito en todas estas páginas".
Sin duda ese hombre que decía ser mi novio tenía un don para la palabra ,el maravilloso don de emocionar rellenando folios.
Simplemente le escribo un mensaje diciéndole que gracias y que le quiero,porque sí le quiero a pesar de que esa noche no había sido la mejor pero tampoco fue ni de lejos la peor.

Esa mañana me había despertado a su lado y debajo de Gala.
Me había hecho los buenos días y sin pretenderlo habíamos sido felices.
Si,me había hecho los buenos días porque hay quien los da y quien los hace.

Donde todo el mundo hubiera visto el vaso medio vacío nosotros lo veíamos medio lleno y a lo mejor solo era porque sabíamos que tardaríamos en volver a vernos y que de nada servía un enfado el único día que podíamos estar juntos.

Yo regresaba a casa con las niñas dispuesta a celebrar el cumpleaños de Julia nada más llegar.
Hoy hacia siete años que una carita redondita y una sonrisa espectacular habían decidido ser las dueñas de mi corazón,se habían apoderado de todo mi ser.
Hoy hacia siete años que conocí lo que luego sería el amor verdadero,el que nunca te defraudaría y el que nunca abandonarías.
Esa niña había llegado para cambiarlo todo y aunque la cigüeña que la trajo no había sido de mi agrado había logrado que relativizara las cosas de una manera drástica.
Me enorgullecía pensar que la había educado yo,que yo la había enseñado a amar y a sonreír cuando la ocasión lo merecía.
Yo le había enseñado a hablar y a caminar y que a pesar de que se cayera había que levantarse.
No nos vamos a engañar.Han habido momentos durísimos en los que ni siquiera sabes reaccionar pero supongo que eso es realmente ser madre,encontrar la salida en sitios en donde nunca quisiste entrar.
Hoy sé que daría mi vida por ese torbellino con ojos azules y flequillo.
Sé que volvería a elegir llevarla en mi vientre nueve meses y verla crecer.
Adoraba ver en lo que se había convertido mi bebé.
Ahora era la hermana mayor,y que hermana mayor.
Ahora era la que calmaba a Gala cuando nadie más podía hacerlo y quien nos daba los mejores consejos a todos.
Su corazón latía al ritmo del corazón de una niña y el nuestro latía por ella.
Había que ser feliz con lo que se tenía y nosotros tres por suerte la teníamos a ella cada día.
Donde hay alguien que sonríe al verte y te quiere de verdad es el sitio más bonito del mundo y al mío,le había puesto yo misma el nombre.
Si tuviera que empezar mi vida de nuevo la hubiese buscado mucho antes porque con ella todo cambiaba a mejor y después de todos estos años yo la seguia buscando en el estribillo de cada canción.
No cualquiera te hacía mejor persona y ella sin embargo lo conseguía.
Si no la hubiera conocido la hubiese inventado.
Yo queria ser la persona que le ayudara a cumplir sus sueños y le cogiera el teléfono a los dos de la madrugada solo porque necesitara hablar.
Quería que cuando leyese todo lo que algún día escribí en mi diario muerta de miedo supiera que ella,mi niña,era  lo más bonito que me había pasado en la vida.

El Silencio Dijo SíHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora