64

482 31 2
                                        

Ester Exposito

Estaba sentada en sofá con Danna quien llego con ese gran empeño de irnos de fiesta.

-Vámonos. – dice, sigue convenciéndome

-No quiero ir, Danna. – digo, cansada

-¿Qué cono te pasa? ¿Por qué estas tan aburrida? – pregunta

-Me había emborrachado anoche, no tengo ganas para fiestas. – le digo

-Dale, no vamos a beber mucho. – dice

-Bese a Itzan. – le confieso

-¿Cómo? – dice

-Estaba borracha pero lo bese anoche cuando llegaba. – explico

-¿Y? – pregunta

-Nada. – contesto

Danna sienta a mi lado.

-¿Qué te dijo? – pregunta

-No mucho, no estaba enojado. – le digo

-Joder, Ester. No me digas que sigues colgada por ese imbécil porque no tengo tiempo para perder en oírte hablar de él. – dice

-Sabes muy bien como están las cosas. – digo

-Entonces, debíamos ir de fiestas para que por fin conozcas a alguien quien te va entender y querer a pesar de todos errores. – dice

Eso sonaba muy bonito pero tenía miedo de hacerlo.

-¿Qué club? – pregunto

-Un nuevo que se abrió hace poco tiempo, te va gustar. – dice

-Vale.- digo, aceptándolo

No tenía ganas de fiestas y bebida pero tampoco podía quedarme sentada allí, pensando en Itzan una y otra vez. Decidí sacarlo de mi cabeza, si él no quería volver a estar conmigo eso significaba que no podía perdonarme y yo no quería esperar para que el vuelve a normalidad.

El decidió enrollarse con Sara y yo tenía derecho de enrollarme con cualquier otro chico.

Ponía mi vestido rojo, maquillaje, me veía muy atractiva, eso me gustaba.

Quería vivir como si nunca había estado con Itzan.

En cuanto entramos al club, nos fuimos a un lugar reservado y pedimos champagne. Jorge ya estaba allí así que no tendríamos porque preocuparnos de que no íbamos a encontrar una mesa disponible.

-Tenias razón, es un lugar espectacular. – digo

-Ya te dije. – dice

Todo era perfecto hasta que notaba que Itzan y Sara estaban sentados por la mesa cerca del bar.

-Joder. – comento

-¿Qué? – dice Danna

De inmediato notaba mi preocupación en cuanto estaba viendo lo mismo que yo.

-Madre mía, esta ciudad parece tan pequeña. – dice

Yo sigo viéndolos, con brazos cruzados, estaban muy cerca uno del otro, estaban hablando y riéndose.

-Podemos irnos de aquí si quieres. – dice Danna, acercándose a mi

-No, no pienso irme de aquí, no quiero huir. – digo

-¿Piensas seguir mirándolos toda la noche? – pregunta

-No les estoy mirando. – digo, casi gritando

SuncityDonde viven las historias. Descúbrelo ahora