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Jimin estaba a punto de salir de casa cuando al abrir la puerta se encontró con Hoseok. Tenía las sienes palpitantes. No era una buena señal.

—Hola —saludó él.

—Buenos días —dijo Jimin—. ¿Qué haces aquí?

—¿Podemos hablar?

—Claro. —Se apartó—. Pasa.

—No, aquí no. —Carraspeó—. Quiero invitarte a desayunar.

—¿Va todo bien?

—Sí, como siempre.

—Creo que eso es bastante relativo.


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La cafetería estaba desierta. Aún era temprano para que los clientes habituales aparecieran por allí. Hoseok y Jimin estaban sentados en una de las mesas del fondo, con la tranquilidad de poder conversar sin temor a que les escuchasen. Hoseok aún tenía el semblante característico de las últimas semanas.

—Soy todo oídos —susurró Jimin.

—Jimin, no tenemos por qué tener esta conversación, pero algo dentro de mí me dice que debo hacerlo.

—No sé cómo debo tomarme eso. Pareces... preocupado.

—Claro que lo estoy. —Se rascó la barbilla—. Estoy preocupado por ti.

Jimin se sorprendió hasta que cayó en la cuenta.

—No es necesario. Estoy bien, teniendo en cuenta las circunstancias. Sé que no es algo fácil de asimilar, pero yo ya estoy acostumbrado. A decir verdad, no me queda otro remedio.

Hoseok parecía estar en su propia nube, como si tratase de hacer un esfuerzo sobrehumano por dar una opinión puramente objetiva, aunque tratándose de la vida amorosa de su amigo, el asunto se complicaba vertiginosamente.

—Tengo que reconocer que aún me cuesta trabajo admitir todo esto. Sé que no soy nadie para criticar, pero es demasiado... fuerte.

—Tienes todo el derecho a pensar así. Asumo tus críticas.

—No quiero criticarte. Es decir, no es lo que un buen amigo debería hacer. Intento entender lo que tienes con Yoongi, pero es bastante complicado.

Jimin se dejó caer sobre su asiento.

—Dímelo a mí.

—Sé que estuvo mal todo lo que te dije, pero era algo que me salió de dentro. Es absurdo, pero estaba enfadado. —Soltó un suspiro—. Se me antojaba imposible que hubieras sido capaz de...

—Dilo.

—Bueno, de... estar enamorado del mismo hombre que tu hermano.

—Sí, Hoseok. Soy culpable, lo sé. Soy culpable de querer al marido de mi propio hermano. —Bajó la voz para que ninguno de los camareros que rondaban cerca pudieran oírlo—. Pero te juro que nada de esto estaba planeado. Hubiera hecho cualquier cosa para cambiarlo, pero ya lo ves. Así está la situación.

—No me imagino tu cara.

—¿A qué te refieres?

Hoseok se inclinó y bajó la voz.

—Cuando le viste aparecer en casa de tus padres. Debió de parecerte una locura.

—Aún me lo sigue pareciendo. —Cerró los ojos—. No puedo creer que se trate del mismo hombre que dejé hace dos años.

Los Ángeles También Lloran (ᴀᴅᴀᴘᴛ. ʏᴏᴏɴᴍɪɴ )Donde viven las historias. Descúbrelo ahora