gilderts x Kagome

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Magnolia siempre era ruidosa, pero hoy el ambiente se sentía diferente. Las campanas de la ciudad repicaban con un ritmo específico, y las casas comenzaban a separarse mecánicamente para crear un camino directo hacia el gremio.
​Gildarts Clive estaba de regreso.
​Caminaba con su capa andrajosa ondeando al viento, con una sonrisa cansada y el peso de una misión de diez años sobre sus hombros. Sin embargo, se detuvo antes de llegar a las puertas de Fairy Tail. En un banco cerca del canal, una mujer joven estaba sentada tranquilamente, ajena al despliegue de ingeniería de la ciudad. Tenía un arco largo apoyado a su lado y estaba remendando una túnica blanca y roja.
​—Es una entrada bastante dramática para alguien que solo viene a tomar una cerveza —dijo ella sin levantar la vista.
​Gildarts soltó una carcajada profunda, rascándose la nuca con su mano mecánica. —¡Jaja! Lo siento, jovencita. Mi magia tiende a ser... poco sutil. Si no separan la ciudad, terminaría derribando la mitad de las panaderías solo por caminar distraído.
​Kagome levantó la vista y sus ojos chocolate se encontraron con los del mago. Gildarts, que había enfrentado dragones y desastres naturales, sintió un escalofrío extraño. No era miedo; era como si ella estuviera viendo a través de todas sus capas de fuerza hasta llegar a las cicatrices que nadie más notaba.
​—Tu magia rompe cosas —observó Kagome, dejando la aguja a un lado—. Pero tu espíritu está tratando de unir algo que perdiste hace mucho tiempo.
​Gildarts borró su sonrisa de fanfarrón. Se sentó en el banco, manteniendo una distancia prudente para no activar su magia de choque por accidente. —Eres perceptiva. ¿Eres una maga del gremio? No te recuerdo.
​—Soy Kagome. Y no, no soy de por aquí. Digamos que sé lo que es viajar por lugares donde nadie más puede seguirte —ella extendió una mano y, por un segundo, un aura rosada y pura envolvió sus dedos.
​Gildarts observó, fascinado. Su magia de Crash reducía todo a cubos o cenizas, era una fuerza de destrucción absoluta. Pero la energía de Kagome... se sentía como el pegamento del universo. Era la fuerza que mantenía las cosas en su lugar.
​—Tienes un poder interesante, Kagome —murmuró él, con un tono más suave—. El mundo suele necesitar gente que destruya los obstáculos, pero creo que necesita mucho más a personas que sepan cómo purificar el desastre que dejamos los tipos como yo.
​—Tal vez por eso nos cruzamos hoy —Kagome se levantó, colgándose el arco al hombro—. Gildarts, el camino a casa es más corto si dejas de cargar con la culpa de lo que no pudiste proteger. Tu hija te está esperando dentro de ese gremio.
​Gildarts se quedó helado. —¿Cómo sabes...?
​Pero Kagome ya se había dado la vuelta, caminando con paso ligero hacia el bosque. —¡Ve a beber esa cerveza, mago! El mundo no se va a romper hoy, yo me encargaré de mantener las piezas juntas por un rato.
​Gildarts la vio desaparecer, sintiendo que el peso en su pecho era mucho más ligero. Por primera vez en años, no sentía que iba a destruir todo lo que tocaba.
​Entró en Fairy Tail con una sonrisa real, pensando que, en algún lugar de las eras, una sacerdotisa acababa de salvar al hombre más fuerte de Fiore de sí mismo.

Kagome crossover Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora