Estimado Señor 48

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–No pretendía que supieses todo de esta manera, ni tan pronto–hizo una pausa para analizar el rostro de Lena, no habían expresiones– ¿Quieres realmente saberlo?

Lilith volteó hacia el profesor. Sus ojos quemaron a los suyos de culpa pura. No parecía triste, mucho menos enojada. Solo hielo en sus ojos, asintió con la cabeza.

David revisó en vano sus atajos mentales entre los recuerdos de las multiples formas en las que había contado esa historia otras veces, pero Lena no parecía estar dispuesta a darle todo su día. Acudió a lo obvio con Lilith, directo y sin rodeos.

–Estuve casado hace un par de años, mi ex esposa estaba embarazada.

–Eres padre–interrumpió Lilith sin suavidad.

Lenner tomó aire, le dejaría herirlo sólo porque sabía el movió un peón primero al mentirle.

–No Lena, no fui padre.

El inframundo autorizó a Lilith a abandonar el cuerpo de Lena por un par de minutos al hacer conectar las palabras del profesor. Tomó en cuenta el nuevo cuadro. David, de treinta años abierto a ser sincero con ella, no por mera petulancia, el profesor dejaba ver su herida.

David Lenner de veinte y pocos años entraba a urgencias. Había saltado un rojo y destruido el borde del parachoques al estacionar a medio camino de la entrada del hospital de Boston. Cuatro y cincuenta de un día miércoles siete de Abril. El novato Lenner recibía una llamada del padre de Tessa en plena cátedra de español antiguo. Ante la novedad contestó, el resto de su vida deseo jamás haberlo hecho. Algo estaba muy mal con Zoé.

Las complicaciones del embarazo de Tessa empezaron del inicio, desde ese día habían decidido monitorear tanto como fuese posible el desarrollo de Zoé. Solo un viaje en Bora Bora se permitieron antes del nacimiento de su primera hija para retratar las fotografías que decorarían el cuarto de la pequeña en la mansión de los Thomas en cuanto naciera a mediados de Junio, no pasó.

Abre las puertas, la vista se le nubla y las voces a coro de médicos y mujeres de blanco intentando detenerlo al arrasar con ellas buscando la recepción pasan a otro plano.

Ve a la mujer de la blusa de margaritas, pregunta por Tessa.

Ella lo mira con lastima, una mujer afroamericana con pomulos muy prominentes. Una trenza recogida, jamás entendió porque la recordaba con tanta claridad.

La mujer levanta su teléfono, luce extrañada y abre sus gruesos labios marrones sin poder responder a sus gritos, ella cuelga, ella lo mira, ella toma sus manos.

Tessa ha entrado a un parto de urgencia, él le suplica entrar, ella se pone de pie.

Esperó a su sombra buscando sin éxito su teléfono, ignora al paramédico que le inciste mover su carro de la zona de emergencias. El corre al pasillo.

La mujer vuelve, toma sus hombros a pesar de medir medio metros menos que el.

Le suplica calma, le dice la verdad.

–Señor Lenner, la señora Thomas no puede recibir a un tercero, ya está su esposo allí.

Él le grita desentendido, exige verifique su error pues él llevaba un anillo de compromiso en su anular. La mujer empatiza en su desesperanza, pero entonces, cuando su cabeza estuvo a segundos de explotar,  cuando recibió lo que el llamó la abofeteada de Dios, el antiguo profesor al que odiaba y ahora llamaba suegro tocó su hombro.

–Tenemos que conversar, David.

Y luego de media hora deseó él mintiera, pero jamás ese hombre que tanto lo detestaba sería capaz de tal imaginación dramática, ni mucho menos de herirlo a tal punto. Miró a la madre de Tessa esperando una respuesta en otro polo. La mujer confirmó.

–Zoé no es tu hija, David.

En un melodrama, en un escenario que no eligió, David fue despojado por segunda vez al mundo inmerso en un dolor que sin importar cuantos significados posibles encontrara a la descripción del sufrimiento, jamás dio con la palabra indicada. Despojado al dolor era la frase completa.

Borró de su memoria los siguientes días, recuerda ver a Piero llevar sus cosas en su viejo Nissan de ese entonces. Vio a Tessa sólo para confirmar lo que decían sus padres, jamás vio al otro hombre, jamás conoció a Zoé, jamás volvió a ser el antiguo David Lenner. 

El resto era aun mas doloroso, el funeral de la pequeña fue pocos días después, Tessa no estaba ahí, él tampoco a pesar de que su cuerpo si lo estuviese. Piero sujetaba su hombro, desde ese día odio los sacerdotes y a Tessa.

A la fecha, dar un recorrido por el cementerio de los recuerdos era la prueba de fuego para el trabajo que el doctor Michell hizo con él, jamás dejaría de odiar a Tessa, pero dejar que se llevase la poca vida que quedó en él, no se lo merecía.

Quizás por eso Lena había calado tan profundo en él, razonó, ella traía de vuelta pequeños esbozos de un David Lenner sin dolor, un David Lenner mas humano.

Ella calló, se cubrió la boca con sus delgadas manos. Apenas separó sus palmas de sus labios dejo ver su rostro entero emanando compasión.

–David, lo siento tanto.

Él acarició su mejilla.

–Gracias por traerme de vuelta del infierno, Lilith–espetó el profesor a medio centímetro de besarla.

Estimado SeñorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora