El papel tapiz del cuarto estaba lleno de gladiolos, flores ya acongojadas por el moho y los años que apenas se aferraban una pared de concreto. Era lúgubre ver, que no sólo la hostilidad del silencio hacía de aquella habitación la boca del lobo para una pequeña Lilith deshecha. Continuaba de rodillas frente a la cama de su abuela, casi apenas sosteniendo la respiración a pausas de sus sorbetones por llorar demasiado. Sentía los párpados cargados de pena, no fue para menos al sentirse abandonada, otra vez.
Lo primero que encontró encima de la cama fue una hoja cortada de papel, que al principio no llamó su atención. Al ver las sábanas intactas corrió al baño del cuarto de Alma, también vacío, pero quizás demasiado. No encontró ninguna medicina regada en el lavamanos, tampoco las cremas corporales en las que Alma ponía su fe a la juventud. No había nada.
–¿Alma? ¿Dónde estás? –insistió Lena subiendo el tono– ¡Me estás asustando!
Pero nadie contestó. La caoba entró en razón, mucho mas que eso, buscó una. Como si fuese demasiado imposible para creerlo sólo después de unos minutos buscando al vacío revisó su armario. Otra vez lo descubrió, no había nada. Entonces comenzó a desesperarse, le costaba asimilar un viaje inesperado ¿Un robo quizás?, pero nada lo indicaba, todo estaba en su lugar, todo excepto Alma y sus cosas. Arrancó los cajones uno por uno sintiendo livianísimo el movimiento hacia el suelo, totalmente vacíos.
–¿Qué hiciste Alma?–murmuró nerviosa, su estómago empezaba a subir por su boca y en movimientos torpes buscando su teléfono en carrera al comedor casi tropezó con su mismo vestido. A duras penas logró marcar el número, pero dos pitidos y una campanilla sonando desde el cuarto de su abuela le dio a entender que si Alma se había ido, no quería ser encontrada.
Agotando sus recursos acudió a la única persona en la que su abuela podría depositar tanta confianza como para decirle su paradero. Ya no quería saber que había pasado, si no donde demonios se escondía su abuela.
–¿Lena? ¿Estás bien? Es muy temprano–masculló la voz cansada del doctor Dallas al otro lado de la líneas, parecía acomodarse en su cama–¿Es algo grave?
–Dime donde...–hizo pausa para respirar e intentar hablar mejor que un balbuceo confuso– tu sabes donde está mi abuela, lo se.
El doctor Dallas resopló.
–¿No esperó a que llegaras, verdad?
Lena calló, apretó su teléfono intentando aceptar lo que, a estas alturas ya debería ser obvio.
–¿Qué hizo Lena?
–Alma me juró que dejaría una carta para ti si se marchaba, búscala–Lena pudo escuchar como el hombre se ponía de pie– iré hasta tu casa, no te muevas de ahí.
Y así hizo, y no es que tuviese mas fuerzas tampoco. Volvió al cuarto de su abuela deseando que, Alma estuviese donde estuviese, supiese que con esa decisión la había herido, y mucho. Avanzó a duras penas, incluso pensó que sentiría menos tristeza si algo malo hubiese pasado, por lo menos no sería por su voluntad. Desde la puerta intentó mirar en panorámica al cuarto, cerca de la almohada la encontró.
"Querida Elena:
En este momento debes pensar que soy un ser horroroso que no hizo mas que tocar el mas profundo de tus miedos, la soledad. No espero que por ahora lo comprendas cariño, quizás ni siquiera si vuelvo puedas perdonarme pero intentaré ser precisa para no alargar tu angustia. Necesitaba huir de casa, Aranna está en problemas, pero descuida, esto puedo solucionarlo. No pienses que esto es por tu hermana, siempre ha sido por ti, para protegerte. Solucionaré todo en cuanto pueda, por ahora sólo puedo decir un par de cosas:
1. A nadie más que a Dallas confiaría tu vida, aunque sé que no necesitas a nadie que te proteja él lo hará por mi este tiempo. Te lo ruego, hazle caso en todo lo que diga.
2. He dejado dinero especialmente para ti en el banco, es una suma cuantiosa que llevaba un tiempo protegiendo por si en algún momento llegaba este día, se cuidadosa.
3. No intentes buscarme, Lena, por favor no lo hagas. Sólo lograrás entrar al juego de Ara, y tu no mereces eso.
4. Cuando la policía pregunte por mi, diles que simplemente me fui sin decir a donde. Es porque además, no quiero que sigas mintiendo. Sólo dirás la verdad al decir que no sabes donde fui, mientras menos sepas de esto, es mejor.
5. Cariño, cuídate y prométeme que, a pesar de que esto sea confuso y difícil para ti, no permitirás que afecte tus planes. Estaré en contacto en cuanto pueda, estaré bien.
Una ultima cosa, quema esta carta cuando termines de leerla.
Y por ultimo, no olvides que eres la luz de mi vida, te amo infinitamente pequeña dormigliona.
Tu abuela, Alma. "
La dejó caer, pero no la destruyó como Alma se lo había pedido. Se vendrían tiempos difíciles –pensó- y no quería hacerlo sola. Pero esa noche, el profesor no estaría disponible.
David dejó caer veinte dólares en el mostrador, no saludó como siempre lo hacia al viejo del bar. El hombre lo buscó con la mirada, parecía encimismado, a su juicio un poco drogado. No recibió el cambio cuando el hombre le gritó al salir de la puerta, guardó la botella en una bolsa de papel y siguió su camino. No sabia a donde caminar, muy pocas veces intentó recordar que necesitaría luego de volver a consumir BBC. Recordaba claro, que la primera hora en su departamento luego de consumirla rió como loco mirando las fotografías en su pared. Todo, absolutamente todo parecía cómicamente inaudito, absurdo, como si cada una de ellas formara un enorme bufón que tenia su cara, haciendo reír una vez mas al rey. Rió tanto que su estómago dolió, se echo en la cama y de pronto sudaba como nunca, se sentía helado, pero inundado del pecho a los hombros. Ahora quería correr, pero incluso dentro de su estado podía entender que debía controlarse un poco. Aun no se sacaba el pantalón de traje ni su camisa, pero se lanzó al piso a a hacer flexiones. Cada una mas rápida que la otra, a ratos parecía que su corazón abandonaba su pecho y sus latidos eran tan rápidos como un zumbido sin intermitentes. Se desplomó de golpe, ahora, en ese maldito momento –pensó– necesitaba un trago y a lo mas una botella para él solo, claro, ahora ya no tenía con quien compartirla. De pronto se vio sin mas en la botillería de siempre, buscando un ron barato porque ni dinero había buscado, una bolsa y en otro flash estaba en un callejón cerca del cementerio.
La gente lo miraba al pasar, pero se sentía poco importante, incluso medio invisible a los que le evitaban con pavor. Rió para sus adentros, sobrio nadie le haría eso. Intentó regular su temperatura desabrochando su camisa, dejando entre ver todo su abdomen sudado. Pareciera una posición sexual perfecta, pero descontando que, estaba sentado en el pavimento, ebrio, aun drogado y hablando sólo.
–¿David? Soy Lena....debes estar cansado y...–entrecortaba su voz para tomar aire y no quebrarse al dejar un nuevo mensaje en su buzón– sólo...sólo necesito verte cuando puedas, pasó algo grave en casa y yo....te necesito.
Pero David no respondió a su llamada.
