Piero y David se conocieron el primer año de universidad en el campus de deportes un verano como cualquier otro. Piero en ese entonces era más delgado y sus ojos claros se hacían mas predominantes en su cara, David por su parte traía consigo los mismos aires de alma vieja en cuerpo joven que lo acompañaría hasta que su cuerpo y su edad mental fuesen compatibles. Después de la fiesta de bienvenida, la piedad que suplicaba Piero de que alguien acarreara a un novato universitario ebrio hasta las neuronas pudo con el espíritu comunitario de Lenner al ayudar a los suyos que habían caído en las bromas de los de último año en Literatura Creativa, porque aunque todos pensaban que no eran más que simples desinhibidos de lo trivial, fueron las gloriosas fiestas entre cervezas las que hicieron que ambos se hicieran indispensables el uno del otro.
Cuando terminaron sus estudios, David acarreó con la mala fama de busca pleitos con profesores, mujeriego y calificaciones al borde de reprobar los cinco años que le costaron salir como un profesor común y corriente entre su generación, pero Piero era un caso aparte. Nadie creería que su pseudo estilo de metalero rebelde, el anonimato en el que vivió antes de que David le sugiriese nombrar a su familia –a sus millones más que a esta- para sorprender a alguna que otra chica la que dirían que el mismo chico –con claros años de gimnasio mas tarde- daría paso a un hombre deseado tanto por su billetera como por su cama, sin contar de que sería parte del club selecto de invitados a eventos continuos de recibimiento de una nueva generación de alumnos cada año.
-No sé como soportas esos eventos Piero -espetó David al entrar por la puerta. Traía consigo una de esas botellas del malísimo coñac que le compraba a un anciano a las afueras de la ciudad.
Piero lo miró sin ceder al cambio de ambiente que sugería David con su llegada, se contuvo a esperar a que cerrara la puerta y sirviera dos vasos sin hielo con el licor.
-Digamos que tu tampoco estabas en el mejor de los planes en mi ausencia David.
David calló, se sentó frente a él y bebió un poco, se declaraba el único amante de un buen coñac antes de recibir otro reclamo de Piero ante una caída que parecía más grave de lo que había pensado.
-Sólo fue una noche.
-Pues claro, hasta que los padres de la cría lleguen acá queriendo asesinarte o el punk destruya tu chatarra de una vez por todas.
-No lo creo de Morgan –interrumpió Lenner- no se ve la clase de chicas que necesita la atención del mundo entero, ni siquiera la he visto con más chicas cuchilleado, simplemente creo...es más...atrevida.
Piero bufó y se echó en el sofá. Era un hecho de que Lenner no se podía someter a otro lío y arriesgarse a perder otro trabajo, también estaba claro que las influencias de Piero no podrían ayudarlo a entrar a un nuevo instituto con los papeles tan limpios como pudo dejarlos antes de entrar a su actual trabajo. David intento sonreir, y con las manos en ojiva se lamio los labios.
-Sé que he cometido muchas estupideces este último tiempo, pero este no será otro más, no pretendo arrastrarte conmigo otra vez.
Piero se acomodó hacia él, le lanzó su mirada de hermano mayor a hermano menor perdido en asuntos juveniles y puberales, lo veía vulnerable cuando necesitaba de su ayuda.
-No me preocupa eso Dave, te ayudaré cuantas veces sea posible, pero sabes que cuando me vaya a España no será tan fácil, quiero asegurarme que estarás bien.
El comentario en Lenner no llegó con las mismas buenas intenciones de lo que Piero quería, fue casi una ofensa la incredulidad a su capacidad de mantenerse a salvo por su propia cuenta. David llevó el vaso hasta la cocina y no se apresuró en volver, de inmediato Piero entendió que el traductor de Lenner a esos mensajes siempre resultaba desastroso.
-Viejo sólo no quiero que caigas como después de que Tessa se fuera.
Otro golpe bajo, sentía mucho cariño por el hombre a sus espaldas pero la falta de comentarios atingentes y la inhibición de estos en Piero fallaba, a veces demasiado en temas más sensibles.
-Viejo..-resopló- mañana tengo mucho trabajo y necesito a dormir.
Piero comprendió el mensaje, sabía que otra vez no había acertado conjugando el nombre de la ex prometida de David en una frase.
-Nos vemos.
En el rol de profesor dentro de las cuatro paredes que estaban bajo su dominio por dos bloques dos veces a la semana el obsesionado con los pantalones caqui decidió exponer los cinco peores poemas recibidos por la clase inspirados en algún autor contemporáneo sobre temática libre, más por venganza que por simple gozo le era fascinante dejar en ridículo a los calienta sillas de su clase cuando podía. Lamentablemente Lena no participaba de las burlas, entre ellos estaba Greco y claro que podría ser los versos más desabridos posibles de crear, pero era su mejor amigo y el hecho de conocer sin toalla al profesor que lo exponía no le otorgaba niveles de significancia más altos que al chico hundido en sus brazos para evitar escuchar la última parte de su desastroso trabajo de fin de semana.
Lilith podría entrar de nuevo, Lena le había evitado la predominancia aceptando sin tratos claros el acuerdo invisible entre ella y Lenner de hacer de la realidad y la existencia de esa tarde en su cuarto, un hecho corriente en la vida de ambos, obviando tener que verse dos veces en la semana en un lugar donde estaría prohibido repetir las frases que susurró al oído de su profesor hace un par de noches.
Levantó su mano en cuanto cesó la última risa al terminar el poema. Lenner la atajó y su respiración calmó, cuando su mano se levantaba tendría que estar preparado a ganar la partida.
-¿Sí, Morgan?
-¿Podría leer algo suyo alguna vez? Quisiera saber a que aspirar luego de terminar el curso – sonrió sin bondad.
Por alguna extraña razón la lengua de Lenner se detuvo contra su voluntad, prefirió volver a su lugar dejando a todos en silencio esperando la respuesta que la caoba, poseída por su lado más vil, le pidió en recompensa de la hora y media de burlas a los fracasados.
-¿Es posible? –insistió.
Pero la petición se interrumpió con el timbre y sólo quedó el eco de Lena vagando entre el atochamiento en la puerta. No se podía quedar así, por lo menos no para Lenner.
Más ágil que discreto, tomó su libro de clase y con el índice buscó las dos M que acusó de error su primer día, jamás pensó que la pregunta que haría sería la puerta de entrada al abismo y que la humorada sería tan inoportuna como los comentarios de Piero.
Lena ya tomaba su mochila y fue entonces cuando apoyándose en el borde de la mesa soltó.
-Morgan.
Ella volteó con sorpresa.
-¿Podrías preguntarle a tu hermana si asistirá la próxima semana?
Y sonrió malicioso como jamás debió hacerlo, tardó segundos en darse cuenta cuan fondo había metido la pata y que su pregunta no fue tomada como la humorada que creía, jamás imaginó que Lena empezaría a quebrarse como empezó a hacerlo y aun sin llorar, sus ojos no resistirían mucho. Lo miró con tanto odio como jamás lo habían mirado, ni siquiera Tessa cuando le arrojó su anillo de compromiso a la cara, la vio ahí y se acusó de romper a Lilith, y no le causó el placer que esperaba.
Dejó de sonreír tan rápido como su cerebro se lo permitió y musito unas disculpas que no pudo poner en alta voz. Morgan corrió.
-Mierda.
Le tardaría toda la noche sacar de su cabeza como cambiaban sus facciones. Se inclinó en su sillón de trabajo ordenando los pendientes por calificar sin mucha concentración. Sin querer se reprochó a examinar mentalmente cada detalle de su mirada en cuanto pronunció a su hermana. Primero fueron sus cejas, pasaron de lo inesperado al duelo, sus labios abandonaron su mohín típico y cayeron sin fuerzas para responder, y sus ojos, sí, sus ojos, se cristalizaron y enrojecieron, pero no le permitieron llorar, luego corrió.
ESTÁS LEYENDO
Estimado Señor
Mistério / SuspenseMe sumergí en tus infiernos y no conseguí volver, Lena.
