Las dos calles finales de la Avenida Salem daban a una cafetería orgánica con pocos clientes pero un delicioso pastel de zanahoria del que David Lenner era amante en su época de acné y porno llamada pubertad, eso más tarde se lo confesaría. Acordaron que a la sospecha de sus vecinos que cuchicheaban sobre un hombre que vivía solo y solía traer chicas menores a su piso, pasarían esa tarde fuera del piso. Lena lo descubrió en las últimas mesas de dos terminando un café mientras leía el periódico. Río para sus adentros, de lejos y sin conocerlo pasaría de hablarle. Ahora que lo amaba, esa postal le parecía increíblemente atractiva.
— ¿Qué tal la bolsa, cariño? — dijo la caoba mientras él bajó el periódico para levantar la mirada.
— No mejor que tu, te ves preciosa — contestó poniéndose de pie para atajarla por la cintura
— ¿Tanto me extrañas cuando falto a tus clases?—respondió a beso mordisco en la mejilla del profesor.
— Un poco, aún así no tienes los puntos extras que di hoy por una interrogación sorpresa —dijo con mohines burlescos a la sorpresa en el rostro de Lena — reglas son reglas, señorita Morgan.
Lo pescó del corbatín púrpura y plantó un beso corto en su mentón, un profesor recién afeitado y perfumado eran un buen consuelo. Robando su juego, cogió el labio inferior de Lena entre los suyos y la sentó en sus piernas a pesar de posibles efectos secundarios, la caoba se sonrojó vigilando de que nadie a los costados fuese una cara similar.
— ¡David! —reclamó Lena intentando zafarse de sus brazos.
— Lena, dudo que alguien más conduzca 40 minutos por un café tan malo como este —susurro cerca de su oreja.
Se dejó convencer a sus azulinos favoritos de que aunque riesgo, era de noche y muy lejos de terrenos conocidos para ser descubiertos. Al menos podían ocultarse fuera de clases, una vez frente al pizarrón solo podían desearse a lo lejos dando a roses de manos al repartir y recibir un examen, una súplica por el otro. En días como ese, se podía bajar la guardia y ser en ocasiones, una pareja normal.
— Tessa sugirió a algunos maestros para vigilar tu fiesta de promoción — soltó leyendo el menú sin importancia — y como en meses sólo conoce mi nombre, soy el primero en la lista de candidatos.
Lena rió, parecía tranquilo pero con una mente llena de dudas cada vez que la miraba, sabían el motivo por el que realmente se habían reunido ese día . Enfrentar ahora en sus cabales y repuesta, toda la verdad al profesor.
— Dudo si ir, aunque suena tentador verte beber un ponche sin alcohol vigilando a tus alumnos manosearse por ahí —contestó jugueteando con los dedos del profesor.
— Llevaré mi kit mata punks de bolsillo — bromeó sonriéndole con la mirada.
Una mesera de pelo rapado al costado se acercó con una tetera humeante a brindarles una taza de café a cada uno.
— Será realmente raro verte desde una esquina y no poder besarte — confesó la caoba apoyándose en los codos luego de que la mesera se alejara.
— Lo hacemos a diario, en un salón — bromeó el profesor— aunque confieso que me encantaría ser yo quien te lleve.
— Iré con Greco, David —dijo entre risitas burlescas soplando su café.
— Lo sé, y no tienes idea de lo tranquilo que me siento al saberlo — contestó con una sonrisa infantil que dejó expuesta su dentadura perfecta.
Lo observó un rato, sabía que David no quería alterarla al recordarle la conversación pendiente sobre lo ocurrido esa noche, pero que por dentro moría de ganas de hacerlo. Jugueteó con el azucarero un rato mientras el profesor buscaba en el menú algo de comer sin un extraño nombre naturista.
— David —interrumpió Lena mirándolo dijo.
— ¿Sí?
— Puedes preguntarme lo que quieras, luces confundido.
Y realmente lo estaba, evitaba mirarla demasiado a los ojos por temor a que leyese sus temores. La verdad era que no había pegado ojo en toda la noche imaginando que tuvo en sus brazos a una psicopata que amenazaba cada día más la vida de su pequeña Lilith. Dejó de lado el menú para aclarar su voz, si no había hablado era por el bienestar de la caoba, pero si nunca lo hacía, ambos estaban expuestos.
— La verdad es que no entiendo qué está pasando, Lena — resolló David — quise mantenerme calmado pero mentiría si digo que todo esto no me está perturbando.
— Lo se, ni yo puedo entenderlo— suspiró inclinándose más cerca del profesor— he ido a visitar al doctor Dallas hoy.
David asintió, recordó escuchar su nombre luego de que Lena el día de su cumpleaños le comentara sobre sus días oscuros en su box.
— Pues me regañó porque había dejado mis medicinas y también hablamos de Aranna
— Has sido irresponsable al dejarlos Lena—reclamó el profesor.
—Lo sé, sólo que no me sentía libre con ese frasco en mi bolsa, lo importante es lo que me advirtió de Aranna.
—¿Qué dijo sobre ella?
— Aranna no está bien, es una persona peligrosa para todos —dijo de voz entre cortada, le molestaba mencionarla otra vez en una conversación con David e imaginarla cerca del profesor — no tiene límites David, podría lastimar a Alma y a mi sin remordimiento.
— No entiendo qué pasa en la cabeza de tu abuela al protegerla, en las sombras es mucho más difícil de atacar —bufó David con la cara enrojecida de furia— sólo te expone a esa demente, aún no asimilo que haya entrado a mi piso sin más.
David calló de golpe, su cabeza no podía procesar bien aún. Se sentía horriblemente culpable de estar a pasos de acostarse sin saber con la pesadilla diaria de Lena. Sin embargo, Lilith ocultó todo este tiempo una verdad dolorosa. En su lugar, tampoco encontraría salida ¿Debía disculparse o disculpar a Lena?
—Puede sonar estupido —resolló— pero físicamente esa noche no fui capaz de distinguirlas —declaró avergonzado de poder ofenderla— no quiero volverme paranoico de pensar que pudiese ser ella cada vez que estés en mi cama.
Lena podía entenderlo, no por nada Aranna había elegido siempre los escenarios a poca luz para darse a conocer. Sentía también la angustia de David ante problemas que si tan sólo hubiese hecho de ella una alumna más, no tendría. Se pasó el índice por el labio intentando recordar algo que pudiese distinguirlas en situaciones así, entonces recordó.
Cinco años, dos niñas hiperactivas y una bicicleta vieja fueron suficientes para dejar a Aranna llorando en plena calle mientras Lena salía invicta de una caída en picada al suelo. Su cuello sangraba, el manubrio golpeó tan fuerte a Aranna que pudo atravesar su dermis con facilidad. Producto de ello, una pequeña cicatriz triangular detrás del cuello de su hermana.
— Una pequeña cicatriz en su cuello —dijo mirando a la nada como si pudiese proyectar la imagen de su recuerdo— una pequeña cicatriz triangular.
David lo incorporó, aunque le parecía surrealista acudir a revisar su cuello cuando dudase si le haría el amor a Lena o a Aranna Morgan, sería un mal chiste si lo decía. No se calmaba por completo pero en el rostro de la caoba había mucho más pesar que en el suyo.
— Siento involucrarte en esto, David — dijo ella atrapando sus manos y captando su atención — sólo tengo esperanza en que se marche luego de conseguir lo que quiere
— ¿Qué es lo que quiere? —preguntó David un poco menos confundido acercándose a Lena.
— Recuperar todo lo que le pertenecía
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Estimado Señor
Misterio / SuspensoMe sumergí en tus infiernos y no conseguí volver, Lena.
