Azulinos angustiados ante las verdades que el profesor se rehusaba a decir se rindieron a caricias juveniles en su sien. El profesor entendía, que detrás de una Lilith cubierta de acero se escondían los mas sinceros deseos de ser amada ¿Por él? Atajó su cintura en un abrazo detrás de su espalda, Lena le cedió los permisos necesarios para combatir sus barreras corporales, ¿Sería suya desde ese momento? No era posible. Amaba su libertad aun cuando ella quisiera matarlo, si Lena no era libre ¿Quién sería Lena?.
Se dio por pagado al tenerla esa noche aceptando su amor y con sus caricias, confirmarle que efectivamente, la taquicardia era mutua al verse.
Beso su mejilla antes de rosar sus labios, delicada y peligrosa Lilith.
La caoba se hundió en los brazos del profesor, el tabaco de menta, el amargor y calor del whisky en sus labios, las ganas de destrozar la tela jaspeada de su sudadera y fulminar con su deseo todo aquello que se interpusiera entre sus átomos y los del profesor.
Lúgubres paredes borgoña crearon el escondiste perfecto para un hombre de casi treinta tomando como su otra mitad a la embajadora del infierno. David acarició la nuca de Lena apartando su cabello con los dedos.
Lena acaricio los nudillos del profesor y luego de besarle casi con vergüenza se puso frente a él de pie. David parecía desentendido, la miro expectante hacia los cielos, Lena se dignó a agachar la mirada hasta encontrarse con los ojos del profesor. Posó sus dedos finos en el primer botón de la camisa innecesariamente abrochado, lo deshizo. Y ante una Lilith dando lecciones de seducción el profesor no interrumpió. La caoba deslizó sus dedos hacia el segundo botón en seguidilla hasta el último de ellos dejando que su camisa se abriese en cortina ante un amanecer en su vientre. Llevaba un brassier rosa palo con encajes blancos, nada mas bajo su ropa.
David arrastró sus muslos hasta sentarse en el borde del sofá, tomó bajo la camisa de Lena su cintura desnuda, curva hasta sus caderas, abismal a su deseo.
Acercó su cabeza hacia el vientre de Lilith, pidió permiso con la mirada para besar su piel, esa noche el profesor tenía los privilegios.
Apenas su lengua acaricio la piel tersa y calida de Lena, los dedos de la caoba apresaron a su cabeza a no despegarse, su barbilla picaba unos segundos antes de que plantara un beso en el lugar. Rodeándola besos en círculos sin salida, el profesor se puso de rodillas ante Lena ahora sin intenciones de consultar su opinión. Deshizo el botón de su jeans oscuro y dejó caer la cremallera hasta dejar florecer lo muslos palidos de Lena ante su rostro. Unas bragas a par con su brassier dejando a transparencia su entrepierna. Con su nariz recorrió el espacio restante entre su obligo y el borde de la braga
–Eres hermosa, Lilith–dijo entre jadeos el profesor mientras terminó de bajar su pantalón hasta los tobillos. En puntillas Lilith lo arrojó deslizándolo bajo el sofá.
De pie en lencería jovial en casi tonos carne ante David como una musa ante un poeta se dejo amar por el profesor las siguientes horas. El profesor alzó la mirada, besó sus piernas atajando el instante precisó en que la caoba cerró los ojos esperando que los labios de David cruzaran la barrera de peligro antes del orgasmo.
El profesor esperó, aun con su Lilith sumergida en el extasis se puso a su altura antes de que abriese los ojos. Deslizó su sudadera por el dorso hasta el cuello quedando en vaqueros a la cintura ofreciendo su pecho desnudo para su angel caído.
Lena dejó caer las tiras de su brassier hasta el hombro, un beso casto para el profesor luego. David no parecía tener prisa. Observó su cuerpo y mordiendo el labio acercó el cuerpo de Lilith hacia él desde los muslos, la caoba se puso de puntas rodeando el cuello del profesor entre sus brazos. Síndrome de Standhal otra vez, las curvas de Lilith bajo su cintura merecían ser besadas hasta desaparecer, el grosor de sus piernas y la curva de su trasero, todo en ella perfectamente diseñador para sus manos.
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Estimado Señor
Mystery / ThrillerMe sumergí en tus infiernos y no conseguí volver, Lena.
