De Tessa guardaba una sola fotografía. Y no era que la guardara olvidando la mera misantropía en la que se sumergió luego de que ella se fuese dejando el anillo girando en el suelo mientras ella sacaba su maleta por la puerta. Guardaba esa foto porque desecharla, sería también sacar de su pared de recuerdos la única fotografía que tenía junto a sus padres. Pensó en rayar su cara alguna vez, o en dibujar cuernos de diablo en su cabeza rubia, pero ya tenía casi treinta y muchas visitas en su cama para dejar ver el resentimiento.
Se sentó en el borde de su cama ¿Sería quizás hora de descolgar todas las fotografías de esa pared? Al pasar del tiempo, sólo eran recuerdos que se le venían encima a la hora de dormir. Hasta una vez su terapeuta se lo había recomendado cuando la depresión había empezado a consumirlo.
–¿Por qué cree usted que aún las conserva?–preguntó el Dr.Michell.
David se cruzó de manos y sólo suspiró haciendo como si la pregunta fuese absolutamente sin sentido.
–Pues todos tienen fotos ¿No tiene usted acaso fotos de sus vacaciones en Disneyland con su hija, doctor?
El doctor Michell, un hombre de traje de franela mostaza en pleno verano, medio calvo y arrugado como camisa vieja, no dejó de mirarle insidioso. Golpeaba su lápiz contra su block de notas esperando que, una vez aunque fuese en esos sesenta minutos que le costeaba Piero como última puerta a recuperar a su mejor amigo, lo mirase a los ojos.
–La gente gusta de guardar fotografías de momentos agradables y recordarlos algún día, dígame usted ¿Gusta de recordar todos los momentos de su pared?
David bufó. Cada vez con menos paciencia no dejaba de mover su pierna derecha mirando ahora si al techo como si tuviese veinte años y estuviese en una cátedra de Latín antiguo a las ocho de la mañana.
–Ustedes tienden a tratar de buscar cosas donde no las hay.
–Ha desviado todas mis preguntas, señor Lenner.
–Pues no, conservo algunas fotografías sólo para...–abrió los labios sin las palabras.
–¿Recordar?
–Quizás.
–Incluso las de su ex prometida y las de...
–Por favor doctor–interrumpió enfadado y por primera vez mirándolo a los ojos– que insinúa.
–Pues si quiere mi opinión, llama mi atención que, como usted me cuenta, sólo guarde fotografías en una pared blanca, frente a su cama. Que tenga un muro repleto con cuadros de estas y que además, frecuente pesadillas con las personas que aparecen en ellas.
–¿Es que a caso usted no sueña con la gente que conoce?
–Usted lo ha dicho, sueños, no pesadillas.
David calló y volvió a mirar hacia el techo.
–Me parece, señor Lenner, que usted no gusta de recordar con ellas por agrado, si no como una manera de culpabilizarse, o tal vez.....
–Castigarse....–susurró al viento.
Se puso de pie frente a frente con dos metros y medio de alto de pared por cuatro metros de largo. Habían cientos de fotos en cuadritos metálicos y de madera oscura. De la universidad, de su infancia, de su familia más allá de sus padres, vacaciones, viajes e incluso algunas fotografías que tomó en el momento más oscuro de su vida, eran simples paisajes. Era como, si por mero aburrimiento, hubiese ofrecido a la muerte menos trabajo y el mismo idease el montaje de fotos que quería ver antes de morir, o quizás no.
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Estimado Señor
Tajemnica / ThrillerMe sumergí en tus infiernos y no conseguí volver, Lena.
