El profesor Lenner odiaba los primeros días de cualquier nuevo trabajo. Tuvo cierto trauma en su primera experiencia como profesor hace ya varios años con un séptimo de primara en Ohio, los chicos lo odiaban. Era primera vez que un profesor les hacía repasar tanto de una clase a otra sobre algo al que él llamaba literatura, fue tanto el descontento de los treinta críos que cada viernes, luego de acabar el consejo de maestros, encontraba una nueva sorpresa en su peugeot 205 azul; mierda de pájaro en los vidrios, papel de baño mojado en el capot hasta incluso la pérdida del foco izquierdo delantero. Recordó con gracia ese día mientras doblaba a subir la escalera del instituto que, antes de presentar su renuncia, entregó a los padres de los críos todos los cigarrillos escondidos en sus bancas y revistas pornográficas de hace medio siglo que los niños consideraban un tesoro o más bien un maná del cielo. Adivinen quien lloró más.
Una sombra de noventa a sesenta centímetros de pecho a cintura hizo poner su radar a su máximo nivel. Le tocó el hombro con la yema del dedo índice izquierdo y antes de que David pudiese despejar la vista de sus pechos ella se acomodó la falda.
–¿El nuevo?
David la miró desentendido, sin dudas era demasiado joven para ser la típica maestra celulítica de instituto con las que frecuentaba en los pasillos.
–Lenner, David Lenner – contestó serio y le tendió la mano.
La pelirroja le sonrió tomando el control de la situación. No, no era una maestra como las otras, pero tampoco despampanantemente atractiva. Al mirarla de frente notó una simpática separación algo exagerada entre sus dientes. Le brindó un apretón de manos y sonrió cortésmente, algún polvo conseguiría gratis algún día con ella. Trato cerrado.
–¿Qué clase tienes?
Lenner sacó su iphone negro del bolsillo acomodando sus cosas de un brazo a otro y de ahí mismo un papel arrugado.
–La...-puso el papel a contraluz– 23B, ¿Es la del fondo?
La mujer le sonrió y en sus ojos notó la compasión en persona, no otra vez.
–No intentes agradarles, no lo lograrás.
–No vine para eso, no me preocupa –contestó, partiendo rumbo al pasillo.
Pero ella no se resignó a terminar la conversación, tomó la parte superior de la torre de apuntes que traía y se la llevó contra sus pechos.
– Los martes tendremos otra reunión general, te deseo suerte Lenner –respondió devolviéndole sus apuntes sin antes un coqueto movimiento de inclinación exagerada hacia él. Le besó la mejilla y le susurró como un escalofríos.
–Por cierto, mi nombre es Debra, lo mío son los números.
Y el pasillo retumbó entre su taconeo y sus glúteos meneándose en el apretado vestido amarillo que le transparentada no la más adecuada ni cómoda ropa interior, David agradeció al cielo tener mucho con lo que entretener la vista en lo que durase en su nuevo trabajo.
Ignoró que la puerta estaba abierta y que adentro ojos asesinos lo miraban. Entró a paso firme y con su mano desocupada cerró la puerta. Un silencio frío emanó del pequeño espacio que había entre fila y fila de diez pupitres. Aun había música fuerte de los audífonos de alguien y el vibreo de los teléfonos tampoco cesaba por completo.
Los miró a cada uno y suspiro arremangándose las mangas hasta el codo, volteó al pizarrón blanco e hizo chillar apropósito el marcador negro para escribir en imprenta "Sr.Lenner"
Se volteó enseguida y con el ceño fruncido pescó a tres alumnas con la mirada fija en su cintura, anteriormente en su trasero y tosió.
–Se preguntarán porque la...
Pero el sonido de la puerta azotar la pared lo sacó de sus casillas. Se convirtió en un Zeus endemoniado y apretando el puño se dignó a mirarla con cara de pocos amigos. Habían dejado la puerta abierta y la sinvergüenza silueta caoba se sentó en último asiento de la fila izquierda.
–¿Por qué están tan callados?¿Hay examen de bienvenida? –bromeó una voz juvenil, en el limbo de la dulzura y la maldad.
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Estimado Señor
Mystère / ThrillerMe sumergí en tus infiernos y no conseguí volver, Lena.
