Lena aun se mordisqueaba las uñas, había parado de llorar hace unos minutos y ahora su misma ansiedad empezaba a intoxicar sus pensamientos. Más que tristeza, sintió miedo. ¿Qué podría ser tan urgente que ameritaba que Alma fuese al rescate de Ara? Sin dudas, no era un asunto tan ligero como su abuela lo hizo ver. Aunque desde la última visita de la policía Lena no tuvo nuevas noticias sobre el caso, y que por recomendación del profesor se había mantenido alejada de leer actualizaciones sobre posibles sospechosos, corrió a su computadora. Sintió escalofríos al solo teclear la inicial del nombre de Leo en el buscador. Unos segundos después se enteraba que, a pesar de ser un caso aun sin resolver, su curso estaba detenido por falta de pruebas de manera temporal. Se sintió fatal por poder respirar mejor , y aunque siempre sentiría algo especial por Leo, nada le atormentaba más que verse involucrada en el asesinato de una persona a la que llegó a conocer demasiado.
Miró el reloj, habían dado ya las diez y el doctor Dallas aun no llegaba. No quiso marcarle de nuevo, conocía bien la rutina de su doctor y aunque se tratase de una urgencia, no dejaría de lado a otros chicos por socorrerla.
Volvió a marcar el número de David pero sólo el timbre marcó sin que nadie contestara ¿Aun dormía? Sintió deseos de salir corriendo a tomar un taxi y quedarse a dormir con él esa noche, pero sus preguntas tenían respuestas mucho mas grandes que su capacidad de imaginarlas.
Su café había enfriado, cuando volvió a mirar a su alrededor se sintió profundamente abandonada, no había ruidos en la casa. El desliz de las manillas del reloj, el gato ronroneando a ratos y el sonido de la nevera descompuesta sólo le hacían ver, que aunque por momentos sintiese que las nubes negras que le invadían su mente de vez en cuando se esfumasen jamás desaparecerían.
Cuando llegó el doctor Dallas no la saludó, le tomó de los hombros y la echó a sus brazos. El doctor por unos segundos recordó su decima sesión con la pequeña Lena Morgan. Lucía un vestido Lila, Alma le esperaba siempre afuera de su box para llenarlo de nuevas preguntas. Esa tarde fue especial, Lena había logrado conectarse por unos minutos con los recuerdos de la traumática mañana de noviembre.
– Mamá estaba enfadada, Ara había roto su collar favorito –dijo mientras jugueteaba con los bloques de plástico.
–¿Tu mamá descubrió a Ara rompiéndolo?
Lena negó con la cabeza.
–Ara se escondió tras la escalera, mamá nos confundió –contestó con total normalidad. El doctor Dallas aun parecía extrañado, buscaba algún mínimo gesto, o el más sutil cambio de tonalidad para encontrar la emocionalidad tras el relato de su pequeña paciente, aun no lo lograba. Conocía por sus años de experiencia que, las personas pueden crear barreras para separar los efectos dolorosos de un trauma y la narración que realizan de este de este. Pero Lena parecía entenderlo todo y sin embargo no sentir nada.
Sin tratar de perder de la vista a Lena apuntó en su libreta sus impresiones. Cuando levantó la mirada Lena ya no estaba en su sitió. Con un pequeño pánico en el pecho volteó, la pequeña Morgan estaba sentada frente a la ventana.
– Mamá no me quiere –susurró al vacío.
El doctor Dallas pudo escucharle. Con total compasión ante la declaración mas bien fundamentada con razones por la pequeña, acercó las ruedas de su silla hasta Lena.
– Creo que estás triste, Lena ¿Es así? –titubeó Dallas.
Lena no respondió, seguía absorta mirando hacia el jardín delantero del hospital.
Él respetó su silencio, simplemente la observó hasta que comenzó a moverse. La pequeña caoba volvió a su lugar, aunque parecía no poder conectarse con nada a su alrededor. Entonces, el doctor Dallas empezó a asustarse. Lena levantó la vista, sus manos estaban temblorosas y miró con pánico la habitación, buscó a Dallas y aquel rostro infantil lleno de pavor le suplicó a gritos ayuda.
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Estimado Señor
Mistério / SuspenseMe sumergí en tus infiernos y no conseguí volver, Lena.
