Mientras Gordon Rivers leía en voz alta la segunda estrofa de un poema personal frente a su clase a pesar de saber ser el hazme reir del salón, Lenner, desconcertado aun buscaba entre sus notas a que más atenerse en su clase con Lena Morgan. Guió su dedo hacia sus únicas notas azules en su hoja personal. Literatura. Volvió a observarla, no tenía ni el más mínimo parecido a cualquier otra alumna sobresaliente en su clase que el hubiese conocido, volvió a comprobar, y lo hizo. Literatura. La pescó ahora sonriendo, Lilith había abandonado su cuerpo y había dejado en sus cenizas al fénix de una inocente chica de instituto y que belleza también tenía cuando sonreía. La observó por un rato más de reojo mientras trataba de concentrar la atención en el poema más aburrido que jamás hubiese escuchado y poniendo apuntes en su libreta de cuero.
–Pss...Morgan–susurraron a sus espaldas.
Lena volteó hacia su derecha, Victor le llamaba en voz baja.
–¿Qué quieres?
–¿Vienes hoy?
Sin que David pudiera notarlo, deslizó sobre la mesa un papel doblado.
"C&T, esta noche ¿quieres salir?"
Lena subió la mirada hacia Victor, le miró con ilusión.
Se sacó el chile de menta desabrido que aun mascaba y lo pegó en el pequeño recado, lo hizo bolita y se lo aventó sin tomarlo en cuenta.
–Podrías haber dicho que no...
–No–susurró ella volteando a verlo con muecas de asco.
–Muy bien Gordon, anotaré...–hizo pausa para captar la atención de la clase–algún punto a tu favor en el próximo ensayo. Los murmullos en su contra reflorecieron.
Una chica rubia de moño alzó la mano y preguntó:
–¿Qué ensayo, señor?
David sonrió y se acarició el contorno inferior del labio con el pulgar, ahora era su turno. Tenía treinta miradas hacia a él pero sabía a quien prefería buscar.
–El ensayo que, gracias a la astuta señorita Morgan, –contestó señalándola con la mano– me traerán este viernes sobre un libro a elección. Aclararé que, las historietas y las novelas juveniles de amor no cuentan como libros para mi, no digan que no se los advertí.
Dejando a todos con la boca lista para regaños se sentó encima del escritorio y continuó:
-Pueden retirarse ahora.
Y ese preciso momento el timbre los liberó a todos por la puerta dejando el salón vacío en menos de cinco segundos.
Los miró de nuevo, uno a uno algo raros pero con la misma satisfacción por marcharse, todos a excepción de Morgan. La vio retirarse más tranquila como si el tiempo dependiese de ella, se atrasó al desenrollar sus auriculares que se volvían a enredar en su alargados dedos blancos mientras caminaba a la salida con total atención en ellos, y al parecer maldiciendo.
–¿Necesitas ayuda? –preguntó Lenner.
Pero Lilith se sintió atacada, lo fulminó con la mirada y echándose los audífonos a su bolsillo corrió en sus pantalones rojos a cuadros.
–Vaya chica– bufó.
Para ser un primer día no estaba nada de mal, había impuesto el orden en su clase, consiguió coquetear con Debra en el almuerzo y sin siquiera contarle de su vida ella aceptó un café a la salida. La mujer estaba tan deslumbrada con las historias típicas y bastante repetitivas de David que antes de dejarlo escapar, otra vez como en el pasillo, le anotó su teléfono en el café de máquina de él.
–Puedes hablarme a cualquier hora.
"Y abrirte."
–Te llamaré más tarde – accedió y besó su mejilla- Hasta el lunes.
–Hasta el lunes, profesor.
Como le ponía que una chica le dijera así con ese tono de voz seductor, una de las ventajas de ser un docente era esa, siempre se sentía el maestro de las mujeres que seducía teniendo total poderío sobre ellas.
Pero como conocía el juego, y conocía a chicas como Debra, botó el café antes de salir del instituto en una papelera y se dirigió a su auto. Hizo sonar la alarma a distancia y aumentó su ego al notar que su auto era uno de los mejores del estacionamiento, por no decir el mejor omitiendo claro, que era un préstamo de su mejor amigo. Loss chicos le miraban con desconfianza y ciertamente intimidados cuando subió a su coche y encendió el motor haciendo vibrar las vías.
Miró por el espejo retrovisor ¿Lilith lo miraba?
Rió para sus adentros y le tocó la bocina para que se moviese y él pudiera poner en reversa su joya azabache.
–Es limitado –soltó Greco de la nada.
Morgan desconectada con el mundo lo miró.
–¿A quién te refieres?
–Al señor Lenner, le estabas echando el ojo.
–Claro que no- respondió Lenna estupefactada y casi indignada. Greco siguió caminando sin esperarla pero ella le alcanzó rápido,
–¿Por qué lo dices?
–Atacas a lo que te atrae, siempre lo haces.
–Por Dios Greco, podría ser mi padre.
–Claro, si se pudiese ser padre a los 9 años, muy buen argumento Lena.
–No intentes molestarme hoy, no estoy de humor.
–Lo siento, no volveré a mencionarlo.
Lena se arrepintió de hacerlo callar, Greco había estado muy callado ese día y eso era algo poco usual en él. Le tomó del brazo y le sacudió el cabello invitándolo a un café al Starbucks cercano.
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Estimado Señor
Gizem / GerilimMe sumergí en tus infiernos y no conseguí volver, Lena.
