Estimado Señor 52

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El café de avellanas ahora era su favorito, amargo pero cremoso, suave y caliente a la vez. Su rostro recobró color luego del primer sorbo. David se sentó a su lado revolviendo el suyo. Llevaban diez minutos en silencio escuchando los sorbidos de Lena mientras el profesor regulaba la calefacción para ella y la palidez de su rostro.

–¿Estás bien?

–Mucho mejor–dijo Lena lamiéndose los labios– gracias, está delicioso.

David volvió a su lugar.

–¿Qué ha pasado esta tarde, Lena?

La caoba agachó la mirada ¿Podría confiar en el profesor y contarle que su hermana no andaba en buenos pasos? Volvió a mirarlo, no dejaba de esperar una respuesta de su parte. Si lo pensaba, David ese mismo día decidió contarle lo que debía ser la historia mas dolorosa por la que había pasado en sus treinta años ¿Guardaría un secreto?

–Es delicado, David.

–Lo sospeché, pero me preocupas Lena, tú y tu abuela.

Lena limpio el resto de su labial del borde de la taza, David no se quedaría sin respuestas.

–Debes jurarme que no dirás nada.

David comenzó a asustarse, cruzó sus manos y frunció el seño.

–¿Qué pasa, Lena? Me asustas.

Lena exhalo y juró encontrar en sus ojos la confianza suficiente para depositar en ellos todos sus problemas.

–Creo que mi hermana anda en cosas turbias, con Leo.

El profesor se forzó a recordar la historia que Lena le contó la extraña noche de su cumpleaños sobre su hermana, Leo al parecer era el chico con el que huyó Aranna.

Asintió esperando que siguiese hablando.

–Hoy los policías dijeron que Leo no asiste al instituto de artes hace un año, que nadie sabe de él y que sus padres iniciaron su búsqueda preguntando por todos sus amigos –continuó Lena apenada–...creo que él y Ara huyeron del país, no se por qué, pero conociendo a mi hermana, no fue por nada bueno.

El profesor intentaba comprender la situación, aun así, los problemas de su hermana no debiesen interferir en Lena, ella había decidido continuar su vida sin la caoba.

–¿Les explicaste que no saben de ellos hace mucho?

Lena calló, revolvió los restos de café con su cuchara sin atreverse a contarle al profesor la verdad.

–Lena...–insistió el profesor.

Lilith miró al profesor como una niña luego de cometer una travesura, llena de culpa sin saber como confesarse.

–Mi abuela y yo hemos mentido–declaró.

–¿Cómo? ­–preguntó el profesor sin encontrarle sentido a su acción.

–Mi abuela quiere proteger a Ara, dijimos que no sabemos nada.

El profesor abrió los labios y miró con reprobación por unos segundos, pero luego de ver como la angustia se posaba mucho mas pesada en Lilith trató de comprender.

–¿Es que nadie más sabe de Ara y él?

–Los amigos de Lena, Dereck, mi abuela y yo.

–¿El punk loco?

Lena asintió, el profesor resopló. No quería hacer sentir peor a Lena pero le resultaba insólito que su abuela la expusiera sin tener culpa de nada. La miro con lástima, desde que supo de la existencia de una Morgan más en el mundo imaginó lo duro que era competir con alguien que siempre ganaba.

David tomó sus manos que no dejaban de tiritar rodeando la taza.

–No creo que sea nada grave–mintió­– Leo es mayor de edad.

Lena no respondió.

–Lena, mírame –dijo el profesor levantando el rostro de Lena con sus dedos– no quiero que algo como esto afecte tu entrada a una buena universidad ¿Sí?

Lena asintió no tan convencida, el profesor ahora rodeó sus manos con mas fuerzas.

–No dejaré que nada malo te pase, Lena.

–No puedes garantizarlo, David–respondió Lena con la voz cortada.

–Claro que puedo­–respondió el profesor.

Lena levantó la vista hacia él.

–Lo haré porque te quiero, Lena Morgan.

Estimado SeñorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora