Los pasos del profesor se aceleraron al distinguir a lo lejos doblar por un pasillo a Tessa, sin embargo no lo fue lo suficiente para atajar a la caoba antes de salir. Aunque Lena pudo verle acercarse cada vez mas rápido prefirió ignorarlo, si había abandonado la escasa protección a su ego que aun podía permitirse, ahora decidiría reforzarla. Pero David no opinaba igual, susurrándole como un gatito la sujetó sin fuerza por la cintura, ella no se opuso.
– Lamento llegar tarde, no es fácil cuando eres ex empleado –bromeó el profesor intentando aflojar la tensión del rostro de Lena.
– Supongo que viste a Tessa– interrumpió Lena sin muchos ánimos de mirarlo– entra.
David prefirió mantener la seriedad que su Lilith emanaba. Omitiría por ahora sus intentos de acortar la incomoda distancia de poder sentirla mas cerca. Se limitó a cerrar la puerta sin iniciativa, simplemente por ahora escucharía. Una sutil ternura le provocó ver a Lena tan seria en su butaca, sus mohines y ojos esquivos le evitaban, pero su cuerpo entero le llamaba a gritos. David sonrió, intentando disimular el pequeño gusto del triunfo que significaba no haberla perdido, aun así recuperó su seriedad tensando el rostro y aclarando su voz.
– Tenemos que hablar –declaró finalmente la caoba en un suspiro.
– No me gusta como suena –respondió el profesor levantando las cejas.
– Ni a mi decirlo – aceptó Lena de brazos cruzados. Aunque por un momento rehusaron a mirarse a los ojos por la torpeza de sus orgullos en juego, el profesor se atrevió a comenzar.
– ¿Tessa tiene que ver en esto? –preguntó el profesor con las manos en ojiva, Lena meneó la cabeza como si intentara ordenar todas las ideas que en su cabeza parecían tan inconexas. Se lamió los labios y se acercó al profesor.
– Al principio sólo se trataba de Dallas, creo que sabes que no le agradas mucho –espetó la caoba en un susurro– a veces siento que no le conociera. Entonces David se acercó, e ignorando las señales de alerta de la caoba se puso en cuclillas tomando sus manos.
– A veces me haces sentir que tendré que sacarte de ahí ahora mismo –declaró David en un tono más serio – ¿te hizo algo?– Lena negó con la cabeza y se llevó las manos al cuello.
–No quiero imaginar que él pueda hacerte daño –declaró Lena con voz temblorosa sobándose las rodillas.
David intentó calmarle con sus azulinos tranquilos, Lena sólo pudo retenerle la mirada. Una caricia en la mejilla del profesor calmaba los miedos de la caoba, por un segundo parecía estar todo bien otra vez.
– No te alejes de mi en estos momentos, Lena –susurró David– estoy aquí para ti.
Lena no respondió, en su cabeza aun resonaban las palabras de Tessa una y otra vez. Aclaró su voz ignorando que en el cuarto la luz de día cada vez dejaba a ambos en la penumbra.
– Me duele imaginar que esto está destinado a terminar mal –declaro. Y por primera vez, incluso desde que la había recogido en ese bar la primera vez que la vio fuera de el salón de clases, percibió lo débil que podía ser su Lilith al sentir que no podía ser amada. Y él, en ese minuto, sólo amarla era lo que hacía bien. Entonces le pareció tomo una tragicomedia, si ese era el miedo de Lilith, no tenía entonces nada que temer. Aunque siempre temía que en algún momento ambos ya no coincidieran en un futuro en común, no podía imaginar un mejor plan que besarle la espalda por las mañanas.
– Lena, ni yo sé que será de nosotros mañana–respondió David sin soltarle– pero por hoy, prefiero amarte y llevarte a casa.
No quería, detestaba hacerlo, si pudiese pedirle a su Lilith interior sacar la misma lengua venenosa que era capaz de salpicar comentarios ácidos para negar la necesidad de tenerle cerca y sentirse segura, pero no pudo. Aunque intentó aclarar su voz ahogando el nudo en su garganta no pudo evitar que sus ojos enrojecieran.
– Odio imaginar que esperas algo de mi que no soy– soltó en un chillido agudo– escuchar a Tessa, ver esas fotos...
– Lena...–intentó interrumpir David con el pecho apretado, nunca imaginó cuanto calaron en ella sus inoportunos comentarios sobre su pasado.
– Odio sentir que sólo te lleno de problemas y que llegaremos a un momento donde ninguno de los dos pueda hacer feliz al otro –insistió Lena con mas angustia que aire, no evitó sollozar al soltar su sentir sin filtros.
El profesor calló, aceptaba que aunque jamás sintió que la edad fuese un problema para ambos no podía negar que en algún momento la vida los aterrizaría de golpe. De pronto, en su cabeza corrió una idea que sin querer imaginar resultados pudiese aliviar un poco las ansiedades de Lena.
–¿Puedes mentirle a Dallas sobre donde dormirás esta noche?–insinuó el profesor con sus azulinos a fuego.
– David, pareciera que no te tomas enserio las amenazas que Dallas te ha hecho–bramó Lena intentando soltarse de sus manos
David ladeó infantilmente su cabeza.
– No puede hablar con mis padres para obligarlos a que me aleje de ti ¿No crees? –bromeó el profesor– son ventajas de salir con alguien mayor.
Lena por primera vez en toda esa conversación se animó a sonreír. Limpiando sus mejillas con el dorso de su mano comenzó a calmar su respiración.
– Ahora que estas mas tranquila, necesito que Greco te cubra el viernes.
– ¿Qué planeas? –preguntó la caoba calmando su sollozo de un sorbeteo.
ESTÁS LEYENDO
Estimado Señor
Misterio / SuspensoMe sumergí en tus infiernos y no conseguí volver, Lena.
