El profesor había volteado demasiado rápido a la entrada como para escucharla, de hacerlo las cosas habrían sido más fáciles para ambos. Entró al salón buscando su portafolios debajo de la mesa, en cuanto se puso de pie un perfume demasiado familiar pegó fuerte de jazmines a su nariz, la doctora Teressa Thomas estaba apoyada en la puerta y con los nudillos tocó dos veces la puerta. David la miró desde el suelo, quizás desde la misma posición de la última vez que estuvieron juntos. Aprovechando los estamentos que tendría que mantener el profesor al no estar solos e hizo caso omiso a sus miradas de desagrado y entró sentándose cerca de él.
–Te he llamado varias veces–confesó jugueteando con sus anillos.
–Lo sé–contestó acomodándose la corbata y poniéndose de pie.
–David –le detuvo la rubia con ojos arrepentidos cuando salía por la puerta, él volteó de mala gana– algún día tendrás que perdonarme.
–¿Qué te hace pensar que lo haría?–contestó el profesor levantando una ceja de mal genio.
Ella se cruzó de brazos, tomó un poco de aire y cuando el profesor emprendía camino volvió a abrir los labios.
–Supe algo sobre tu chica–declaró mirando al vacío haciendo que David se tensara por completo– quizás hay cosas que no sepas sobre ella.
Dos pasos hacía atrás y una impresionante suerte de un pasillo paralelo completamente vacío de estudiantes u otro moro. El profesor Lenner volvió sin paciencia cerrando la puerta del salón de maestros, decidió jugar su juego y sentarse frente a frente a su casi ex esposa.
–Estás realmente loca Tessa, no tengo idea de quien hablas –masculló el profesor entrecerrando los ojos. Ella dejó escapar una carcajada que se coartó ante la mirada de pocos amigos de David.
–Primero me pides que no me meta con ella y luego la niegas, sé que sales con la cría de tu clase, Lena Morgan– declaró victoriosa y se inclinó hasta David– nadie te conoce tanto como yo, David Lenner.
–No metas a Lena en esto, como yo no he metido a tu padre al hablar de tus becas en Inglaterra–amenazó sin quitarle los ojos de encima.
Descansó de su mirada al abrir su bolsa de piel oscura, destelló una funda de folio que dejó al alcance del profesor, al inicio del documento en imprentas el nombre completo de su Lilith. Tentado por el diablo más no por su desconfianza en Tessa quiso saber que contenía, levantó la vista y al casi cumplir las expectativas de la doctora Thomas deslizó el documento hacia su lado de la mesa.
–Estos archivos son confidenciales de cada alumno Teressa, devuelve el de Lena a su lugar.
No hizo caso a sus peticiones, con la punta de su uña francesa arrastró la carpeta de cartón fuera del plástico y procedió a hojearla hasta la mitad. La miró impaciente más sin la voluntad suficiente para huir sin escuchar que había sobre Lena que él no supiese.
–Es retirada por orden médica de sus actividades escolares durante un año terminando el periodo a través de clases personalizadas y exámenes libres comparables al nivel de exigencia a los exámenes nacionales agendados en el calendario académico antes de ser internada en el Hospital Psiquiátrico Virgilio Marón tras un intento de suicidio y anterior abuso de sustancias –leyó en voz alta Tessa, levantó la mirada–¿Quieres que siga? esto se pone interesante.
–Quiero que te calles y guardes eso antes de que se enteren tus encargados en Turkheim–dijo tajante arrebatándole el folio de las manos sin delicadeza.
–¿Con que clase de chica estás saliendo, David?– insistió Tessa con voz acongojada mientras jugueteaba con su collar – te estás metiendo en un lío.
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Estimado Señor
Gizem / GerilimMe sumergí en tus infiernos y no conseguí volver, Lena.
