El profesor apretó su mano intentando dar en su calor las fuerzas que la caoba necesitaba para abrir los ojos. De dos a tres pitidos retumbaban de las máquinas dentro de la ambulancia ante la poca paciencia del paramedico en jefe, trató de hacer despertar a Lena alumbrando sus pupilas y tomando sus pulsos con la yema de su anular. Sus palpitaciones aumentaban con cada segundo que Lena pasaba sin abrir los ojos, sintió pánico por primera vez de perderla e imaginó lo horrible que sería no volver a ver sus ojos otra vez, miró a todo el mundo por respuestas al por qué su pequeña Lilith parecía eterna en un mal sueño. La había encontrado como un animal herido otra vez, pero esta ocasión no fue como las anteriores, estaba tan pálida y helada al tacto que si tan solo no la hubiese escuchado respirar, la historia sería completamente distinta.
— ¿Me puede repetir el nombre de la chica?—insistió el hombre calvo desabrochando del brazo de Lena la correa del esfigmomanómetro.
— Lena Morgan, tiene diecinueve años— titubeó el profesor con las manos temblorosas.
— ¿Es usted algún familiar?
— Soy su profesor — declaró al pesar de su voz, el hombre se volteó a mirarlo con inseguridad y prosiguió en Lena.
Le suplico sin que ella supiese que se quedara a su lado cuando tomó su mano y la apretó contra sus labios, no sabía en ese entonces cuanto la podía necesitar sobre su sofá unas noches más. Sin entender que pasaba en un camino que se le hizo angustiosamente largo hacia el hospital suplicó a cualquier ente que se dignara a escucharlo, darle más tiempo junto a su Lilith.
Las puertas de la sala de emergencia abrieron paso a la camilla de la caoba quien apenas pudiendo entreabrir los ojos, tuvo recuerdos borrosos al mirar al techo. Baldosas blancas y lámparas alargadas que le cegaban los ojos de manera intermitente. Sin entender que pasaba se cubrió la vista con su antebrazo y buscó a sus costados alguna cara familiar que la pudiese ubicar en tiempo y espacio.
A lo lejos, escucho murmullos y la silueta de un hombre insistente en seguirla se quedó mirándola desde la entrada.
Si David pudiese grabar la cara de Alma al pasar por la entrada principal de emergencias corriendo hacia él para recordarse que ya no debía meterse en más líos, quizás lo haría. Fue peor cuando se vio forzado a llamarle y contarle que pasaba con su nieta aunque el poco supiese.
— ¿Qué hacia Lena con usted en ese momento?— dijo Alma de golpe y entre jadeos.
El profesor dudó si mentir, después de todo no tenía absolutamente nada que ocultar a menos claro, que se referirse a la relación que llevaba con Lilith
— Señora, al entrar a mi piso me encontré con Lena inconsciente, créame que estoy tan preocupado como usted sobre lo qué pasó con ella antes de que la encontrase ahí tirada.
Pudo entender que los descendientes del infierno o más bien, los parientes de Lena, compartirían la diabólica mirada de furia como una herencia genética a la hora de enfrentar a sus enemigos. Así, tal cual como cuando Lena se enojaba lo miró Alma. La mujer volteó hacia los lados y como si señalase al asesino de su nieta enterró su uña en el pecho del profesor
— Escúcheme bien, profesor Lenner—masculló Alma— si vuelve a acercarse a Lena le juro que lo denunciare por acoso hacia mi nieta ante sus superiores.
A incrédulas aún arrugó el ceño y sin tanto cuidado como creyó luego debió tenerlo con una mujer mayor se deshizo del punzón de su dedo y la enfrentó sin titubear.
— Señora Morgan- bramó el profesor en voz baja mirándola de forma inquisidora — Lena ya es una adulta y quiera usted o no, no pienso alejarme de ella, menos cuando sé el tipo de abuela que es usted.
A su orgullo y a otros mentiría al decir que la cachetada de la mujer no dejó su piel palpitando bajo la marca de una mano alargada tatuada en su mejilla derecha. Las enfermeras se llevaron las manos a la boca al verlos y un guardia de seguridad sin cara de buenos amigos se acercó hacia ellos. El profesor, sin entender como la mujer prefería atacarlo antes de buscar a Lena se alejó sin dejar de mirarla con el mismo odio que ella le ofreció primero.
Tardó media hora en acercarse un hombre bajito de bata blanca por noticias, Alma, con una prisa infantil tomó a este de su brazo y lo alejó para saber las nuevas de su nieta, pasmado a su actuar David intentó acercarse sin importarle amenazas. En cuanto el hombre se alejó de la anciana, volteó a él.
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Estimado Señor
Mystery / ThrillerMe sumergí en tus infiernos y no conseguí volver, Lena.
