Por tambaleante que estuviese logró subirse a un taxi y darle ,aunque sin verificarlos, unos cuantos dólares demás. Estaba derrotado cuando al bajar logró reflejarse en las puertas de vidrio de la entrada, asumía verse incluso mucho mayor, ojeroso y con el rostro totalmente pálido. Su cabello estaba revuelto, aun tenía unas cuantas venditas del hospital en sus muñecas, parecía a su gusto un autentico vagabundo. Su alta medica especificaba la intoxicación alcohólica y la presencia positiva de consumo de sustancias ilícitas. Se sintió un fracaso, intentó buscar entre sus bolsillos su teléfono celular, estaba destruido y si batería. No había sido una buena noche.
–Mierda –susurró.
Entró jaleando hacia el pasillo haciendo un montón de ademanes para mantener el equilibrio mientras intentaba abrir la puerta. Pudo escuchar que habían personas en su piso antes de entrar, unos pasos y una voz que reconocía como su hogar. Sonrió al pensar que Lena le esperaba, sin embargo, tendría demasiadas preguntas al verlo llegar así y él muy pocas buenas respuestas que darle. En cuanto entró los ojos de la caoba se abrieron en plato al verlo en tal deplorable estado, David intentó sonreír para calmarla pero no bastó. Apenas Lena se acercó se percató de que aun olía a alcohol. Probablemente si estuviesen solos Lilith se enfurecería intentando buscar respuestas, él por ahora prefería no darlas.
Había obviado por completo en su intentó de descubrir que pensaba Lena a través de sus gestos que al fondo de su salón un hombre cercano a los setenta años canoso y de saco lo esperaba con la misma cara de deprobación, o incluso mayor, de la que tenia Lena.
–David, él es el doctor Dallas–soltó seca la caoba alejándose de él.
El hombre se puso de pie. Por supuesto que recordaba quien era el hombre, Lena siempre hablaba de él como un padre. Un avergonzado Lenner tendió su mano hacia él, supo que no le agradaba. Cuando Lena le comentó a su psiquiatra que David era un hombre mayor jamás imaginó se tratase de un hombre que a su juicio le llevaba años de ventaja en experiencia. Le arrojó por lo bajo unos treinta años, para él eso ya estaba mal. No hizo menores comentarios porque entendía que además de eso, lo que le afectaba a Lena era verle llegar en tal estado. Un vahó a ron aun se percibia, su aspecto desaliñado y ojos enrrojecidos empeoraron aun la opinión que podría crear de David, por su puesto que para él no sería bueno para Lena, mucho menos en estas cirscuntancias. Tomó distancia del profesor y volvió a ponerse de pie.
–Lena, en media hora partimos –sentenció el doctor Dallas sin darle la mirada al profesor Lenner. Por un momento se sintió de nuevo el crío irresponsable que fue casi toda su vida, quizás había vuelto a serlo, Se intimidó ante la mirada intolerable del doctor– señor Lenner, en otra ocasión podremos hablar.
–De hecho –interrumpió Lena sin mucha paciencia– David ¿Podemos hablar en tu cuarto?
El profesor asintió, pudo darle excusas en ese mismo momento a ambos, pero la vergüenza fue más grande. Deducía que si ambos estaban ahí no era por visitarlo y ya, habían cosas serias por el rostro de Lena. Se castigó mentalmente al ver el cambio que tuvo la mirada de su Lilith desde la alegría de verlo llegar a la total decepción, sólo siguió sus pisadas. La caoba se sentó al borde de su cama deshecha, qué desoladora imagen era ver su rostro decepcionado.
–Lena...yo– intentó excusarse David mientras se acomodaba a su lado.
–Hueles a alcohol–interrumpió en seco– ¿Estabas de fiesta?
El profesor rió.
–Pues hubiese sido mejor, pero no.
Lena se mantenía imparcial a sus palabras, continuaba esperando una razón lo suficientemente buena para tal estado.
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Estimado Señor
Mystère / ThrillerMe sumergí en tus infiernos y no conseguí volver, Lena.
