Le resplandecieron en el rostro calurosas luces blancas, sentía el estómago totalmente vacío y dificultad al respirar. Al principio, todo le parecía un montón de manchas difusas encima de él, apenas su cuerpo le permitió acomodarse en una fría camilla que le entumecía la espalda. En cuanto comenzó a recobrar la consciencia, entendió que estaba en un hospital. El insufrible sonido de las maquinarias conectadas a sus brazos le hizo entenderlo.
–¿Señor Lenner? –dijo a lo lejos para él una voz masculina –¿Se siente mejor?
David intentó sacar fuerzas para cerrar los ojos y refregárselos con su mano, sentía ardor en su garganta y una migraña infernal que le hizo volver a recostarse.
–No entiendo...–susurró carraspeando.
–Quizás recordará cuanto alcohol bebió hoy –contestó una mujer de azul quien le acomodó la punción en su muñeca –tiene suerte de que su amigo pudiese traerlo a tiempo.
–¿Qué?...¿Quién? –susurró mirando hacia los pies de su cama. Pudo divisarlo, era Piero sentado como niño castigado en un rincón. A pesar de que aun estaba confundido y su visión no era nítida, su rostro era tan pálido que el mas mínimo moretón en él se dejaba ver como una gran mancha morácea. Estaba débil, quiso gritarle desde su cama, pero su cuerpo no lo permitió.
–¿Dónde estamos, Lena? –preguntó el doctor Dallas asomándose por el vidrio delantero en vista hacia un edificio antiguo del centro.
–Es el edificio de David –contestó la caoba desabrochando su cinturón– necesito que le conozcas.
–¿Vive acá con sus padres? Porque si es así será muy raro aparecerme como si nada, Lena.
Ella rió y lo miró con ternura.
–David vive solo –contestó Lena. Al doctor pareció no agradarle su respuesta, frunció el ceño y no hizo el mínimo gesto para seguirla. Quizás, sólo quizás se pasó por alto contarle al doctor Dallas que David era un poco mayor y no por pocos años o peor aun, que era su profesor. Lena se sintió invadida por su mirada dictatorial.
–¿Qué no me has contado, Lena? –dijo serio Dallas.
–¿Puedes siquiera conocerle primero? David es un hombre maravilloso, te lo prometo.
El hombre calló, no quería ser una preocupación más para Lena y entendía, a través de sus infantiles pardos, que sólo quería tener la máxima ayuda posible de la gente que le importaba. Se animó a sonreírle a Lena aunque no estuvo ni un segundo convencido de que esto era una buena idea, pero eso bastó para que la caoba corriese de su auto hacia la entrada del edificio. Armándose de paciencia y recordando que esto lo hacía como un enorme favor para la mujer que amaba, la siguió.
Al principio se sorprendió de que Lena se manejase tan bien por un edificio como ese. Parecía antiguo, para nada un lugar habitado por universitarios ruidosos de todas partes del mundo como imaginó. Al contrario, sólo habían en el personas mayores y unos cuantos conserjes que ya conocían a la caoba. Intentó guardar sus prejuicios, pensó qué, por lo menos, difícilmente se trataría de otro de los chicos como Derek que tanto habían afectado a Lena.
De pronto él se sintió nervioso, ¿Lena entendía lo raro que era presentarle a un chico a tu psiquiatra sin más? Se culpó no preguntar más por esta relación, aunque tenía entendido que si estaba ahí no era si no porque para Lena, era la única figura paternal que había tenido desde pequeña. En el ascensor se cruzó de brazos, observó que Lena hizo una llamada la cual no era contestada, la caoba dejó un mensaje desilusionada por no tener respuesta.
–Debe estar trabajando –excusó Lena apretando su teléfono– aun así, tengo llaves y podemos esperarlo.
Nada de esto le convencía al doctor Dallas, pero le había prometido a Alma cuidar a Lena como si fuese ella misma, y asi lo haría.Por la limpio del lugar supuso entonces que, o se trataba de un universitario obsesivo y lo suficientemente enamorado de Lena para dejarle sus llaves o, era un hombre muchísimo mayor que ella. Temía a la segunda, pero aun no lo creía.
A penas Lena abrió la puerta, el lugar le pareció un poco sombrío. Paredes borgoña oscuro, piso de madera, las ventanas sin abrir y la alfombra doblada como si alguien realmente hubiese salido apurado de casa. Hasta Lena se extrañó, no se animó a seguirla cuando la vio adentrarse en los cuartos del lugar, sin embargo inspecciono minuciosamente el resto del panorama. Paredes llenas de libros antiguos, una computadora, unas botellas de cerveza a medio tomar y ninguna fotografía cercana. Pudiese ser un adolescente aun. El doctor sintió que Lena le llamaba esperando aun a encontrarlo por ahí, pero efectivamente el lugar estaba vacío.
–David no está en casa, pero deberíamos esperarle –contestó Lena con presura al ver que Dallas no tenía la mejor de las impresiones. Lena intentó calmarle poniendo una mano en su brazo y sonriéndole tranquila– no lo juzgues antes de conocerlo.
Él no contesto, aceptó que Lena se tomase los derechos de invitarle a sentarse, pero aun incluso más nervioso que ella intentó mostrarse calmado. La caoba no despegaba los ojos de su teléfono, entendía que por ahora el famoso David no respondía a Lena, temió por ella, no podría enfrentarse a mas calvarios de los que ya le había dejado Alma.
–Quizás debamos volver mañana –sugirió el doctor Dallas poniéndose de pie.
–No –sentención– David debe estar por llegar.
Le insistieron que debía ir a casa acompañado de alguien luego de recuperarse de un invasivo lavado de estomago por intoxicación. Debía confesar que apenas sentía fuerzas para levantarse de la cama, pero en cuanto pudo estar mas despierto insistió en que sólo lo dejasen frente a un taxi.
–Señor Lenner –insistió una de las enfermeras– debe irse acompañado a casa.
–No es necesario–insistió.
Piero se mantenía a la distancia, sabia que, si se le atravesaba en el camino a David este sacaría fuerzas de donde sea para acabar con él. Apenas lo miró, hizo caso omiso de su presencia como si nadie hubiese estado allí. El rubio lo vio caminar un poco tambaleante hacia la salida haciendo a un lado al personal que intentó detenerle, al final se rindieron a su insistencia. Pero Piero, a distancia decidió que quizás aguantaría otros golpes mas con tal de saber que su mejor amigo llegaría a casa seguro. Se acercó sin decir nada tras él cuando iba bajando las escaleras del hospital camino a tomar un taxi.
–David –dijo titubeante intentando tocarlo por la espalda.
El profesor lo esquivó fulminándolo con la mirada.
–No esperes que agradezca tu ayuda –sentenció David volviendo a darle la espalda.
–Yo jamás dejaría solo a un amigo –dijo firme Piero siguiéndolo.
David volteó.
–Ese es el problema, yo no soy tu amigo.
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Estimado Señor
Mystery / ThrillerMe sumergí en tus infiernos y no conseguí volver, Lena.
