Estimado Señor 30

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Sintió que su lengua se desconectó de su cerebro y que cualquier respuesta sarcástica o estratégicamente ambivalente sólo se quedó en una intención sin concretar. Lenner selló el momento  rozando sus labios y dejando que la barba hiciera presión en el mentón de Lenna ¿Qué podría hacer para tomar el control otra vez? Un rápido cameo al contexto. El profesor Lenner despeinado, con labios rojizos y con rastros de labial púrpura oscuro, sin corbatín y con la bragueta imponente. Luego de eso, surgió el arrepentimiento.

El profesor trató de compensarse apretando nuevamente el manurio. Se miró al espejo retrovisor volviendo a posicionar su peinado inicial y  quitar con su pañuelo las marcas que su Lilith había dejado.

–Será mejor que me vaya, Lena.

No quería que lo hiciera, él tampoco deseaba hacerlo.

–Es lo mejor.

Lenner se enfretó ante la caoba que abandonaba todo aire de mujer madura arreglándose casi avergonzada la falda de su vestido, quería acercar su mano a calmarla cuando al levantar la vista, se enfrentó a unos incidiosos ojos saltones que miraban indisimuladamente hacia dentro del coche.

–Joder Lena es Greco.

Lena giró asustada y ante los ojos de su mejor amigo dejó entre ver todo su pánico. Entre movimientos al bruto y poco sincronizados ambos trataron de mantener la compostura en los pocos segundos que tardó Greco desde la entrada hasta la puerta de copiloto del auto del profesor Lenner. Casi al mismo tiempo, aceptaron la culpa ante su presencia, sin decir nada Lena tacteó el botón de la puerta y bajó el vidrio de la ventana con sus dedos tiritones.

–Profesor Lenner–dictó Greco sin mirar a Lena.

El profesor asintió con la cabeza.

–Greco...–titubeó la caoba–...estaba....estaba contándole al profesor Lenner sobre la exposición de tu madre.

–¿Le interesa el arte, profesor?–interrumpió Greco.

–Pues sí–afirmó David con una destacable actuación de indiferencia– uno de los niños es hijo de un antiguo amigo.

Ambos afirmaron con la cabeza la declaración del profesor, después de todo si conocía a uno de los niños.

–Ademas–acotó Lena– el profesor Lenner se ofreció a ayudar en la entrega de premios a los alumnos destacados, ya sabes, sienten que es una autoridad.

David arrugó el ceño y fulminó a Lena con la mirada, aunque tener que dar explicaciones de que otra cosa mas que una charla de detalles de premiación hacia con Lena hace quince minutos atrás era una alternativa mucho menos agradable que ser partícipe de las grandes y espontáneas mentiras de Lena.

–Así es.

Ni a media intención de digerir todas las palabras de su mejor amiga sólo levantó las cejas y afirmó. Greco conocía lo suficiente a Lena como para captar facciones en su cara cuando esta mentia. Los hoyuelos en sus mejillas, abrir los ojos exageradamente y morderse el labio inferior delataron que la caoba y el profesor hablarían de cualquier cosa menos de niños y arte.

–Lena, ayúdame a encontrar a mi madre, no contesta su teléfono.

Lena buscó a sus pies su clutch de cuero y tachas. Apenas pudo arreglarse un poco su cabello con ligeras ondas para la ocasión. Al bajar, buscó al profesor y con sus labios musitó un "lo siento". Lenner lo había captado y aceptaba, a regañadientes, que la mirada de Greco era demasiado intimidante como para dar excusas sin contenido.

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