80

6.2K 257 27
                                        

Alba

A diferencia de lo que esperaba cuando me acosté, no me había hecho despertar el dolor de cabeza por la resaca que afortunadamente no tenía, sino las enormes ganas de ir al baño, y una vez allí, el enorme agujero que tenía en mi estómago. Me moría del hambre y yo con hambre no podía dormir.

Decidí bajar hasta la cocina en pijama, por el silencio que había parecía que todas seguían durmiendo. Habíamos decidido no molestarnos, no despertarnos a ninguna hora para hacer nada, a nuestro ritmo, lo que vienen siendo unas merecidas vacaciones. 

Fui a hacerme un café, es lo primero que necesito por la mañana para ponerme en marcha, pero pude comprobar que la cafetera estaba llena y este recién hecho, así que supe que alguien más estaba despierto. Después de darle el primer sorbo y empezar poco a poco a situarme salí al porche de la piscina, donde me encontré haciendo lo mismo que yo a María.

- Buenos días Reche

- Hola – dije sentándome junto a ella - ¿Están todas dormidas?

- Solo Julia, Natalia y Pablo se han ido a dar una vuelta por la playa, yo no podía tirar de mi cuerpo

- Llegasteis tarde anoche, supongo

- Un poco, sí, ya estabais todas durmiendo ¿Vosotras que tal?

Hasta ese momento había dejado lo que había ocurrido aquella noche como un fichero en borrador, a la espera de revisarlo todo y almacenarlo definitivamente. En parte me alegré de que fuese María la primera persona que me encontrase y no Natalia, por ejemplo, no sabía cómo iba a reaccionar a lo que había pasado entre nosotras.

- Bien, estuvimos un buen rato charlando por aquí tiradas mientras disfrutábamos de las estrellas y de alguna que otra cerveza

- No sé cómo estamos así de bien, ayer nos pasamos la tarde bebiendo como cosacas

- Supongo que porque no fue en plan bestia como cuando salimos, sino poco a poco y comiendo algo. La verdad es que yo tenía una borrachera chula, no llegué a sentirme mal en ningún momento

- Una borrachera chula, me meo.

Tenía claro que quería decirle a María lo que había pasado, ella era la única a la que había reconocido que aún sentía cosas por Natalia, pero no sabía cómo hacerlo. Confiaba en que ella, sagazmente, acabase por llevarme ahí

- Te quedaste sola de cachondeo con dos ex, si me lo dicen hace unos meses me río en la cara de quien sea

- Ya, es surrealista - admití pensando en la situación - aunque lo pasé súper bien, nos reímos muchísimo

- Entonces... ¿Todo bien contigo?

Y ahí estaba la pregunta, María me había dado la entradilla que esperaba y yo respiré hondo antes de verbalizar en voz alta lo que había pasado justo antes de irme a dormir

- Anoche besé a Natalia

- ME CAGO EN LA PUTA, ALBA – María empezó a toser mientras me miraba con los ojos muy abiertos, se había atragantado con el café - ¿QUÉ?

- Lo siento, es que no sabía cómo decírtelo y me ha salido de golpe

- Casi me ahogo, joder... Cuéntamelo todo pero ya

- Natalia me había contado que la noche antes de venir salió de fiesta porque según ella no tenía sueño, empezamos a tontear un poco lanzándonos puyitas y ella me soltó que en realidad no es que no tuviera sueño, sino que le apetecía echar un polvo

CAUSA Y EFECTODonde viven las historias. Descúbrelo ahora