Kanat Chein
La frustración crece cada vez más en mi, el intentar dejar esta silla de ruedas es como lanzar saliva al aire, siempre terminas con el escupitajo en alguna parte. Levantarme de esta causa un dolor ensordecedor de esos que te roban el aliento y vuelvo a caer en ella como un prisionero.
—¿Cómo te fue? —la voz de Vegoña me hace girarme en la silla para encontrarme con sus bonitos ojos jade, sus cabellos están ondulados y caen en su pecho cubriendo bastante parte de ellos.
—Estuvimos bien , supongo que pronto mejórare —miento pues la doctora me dijo que probablemente nunca pueda dejar la silla , quizás pueda usar una andadera, la sola idea me hace sentir que de alguna manera estoy pagando todos mis pecados.
Su sonrisa se ensancha y hace juego con ese vestido menta que lleva puesto.
—Te he traído algo —me regala una sonrisa que se me antoja pícara—. Espero que te guste.
Saca detrás de su espalda una pequeña bolsa y me doy cuenta de lo idiota que soy frente a ella, porque nisiquiera he sido consiente de que tiene algo detrás de su espalda.
—¿Que es eso?
—Calma ruso, no es la gran cosa— se acerca a mi y deposita en mis piernas una pequeña caja color crema, mientras da dos pasos atrás, miró la espectativas en su rostro y se que ella se ha esforzado mucho por elegir este detalle.
Abro la caja y veo la playera es del mítico Mustang Bullit, la verdad tengo dos iguales en mi closet, pero no pienso decírselo.
—Es perfecta me encanta —ella salta de emoción, sus ojos jade brillan y es todo lo que necesito, podría volverme un mentiroso solo por verla sonreír así.
—Bueno ahora sí podemos pasear en el Maserati —me regala un guiño y se ve tan sexy —.
—¿Ahora?
—Si, bueno pensé que podíamos, pero si no está bien, además tengo que organizar la cena y las cosas para todos.
—¿Despediste a Greta?
—No, solo que no me gusta verla trabajar sola, tiene mucho trabajo Kanat.
—Bueno podemos contratar a alguien más preciosa.
—Me está gustando la cocina, estoy aprendiendo mucho con ella, además estar aquí cuando tú no estás es muy aburrido, entonces me gusta la cocina y Greta.
—Bueno vamos , antes de que aparezca tu abuela y decida irse con nosotros —bromeo reprimiendo una risa y Vegoña golpea mi cabeza mientras me ayuda a ponerme la playera, hago una nota mental de quemar las otras tendré que pedirle a Dom que lo haga.
Entramos al estaciónamiento, Vego me ayuda a subir al auto, cuando se sube al auto, sus manos tiemblan un poco, una risa divertida se escapa de mis labios.
—¿Estás temblando?
—Lo siento, es que amo los carros de carrera —se disculpa y el rubor aparece en sus mejillas, son muy pocas las veces que Vegoña se ruboriza completamente, pero está es una de ella y yo decido disfrutarla.
—Ya sabes ni un rasguño Vegoña —agrego para ponerla aún más nerviosa, ella entre cierra los ojos y me mira mal, enciende el auto y el sonido la hace sonreír.
Yo estoy viendola como uno mira a un niño pequeño cuando aprende a manejar bicicleta.
—Parate allí en donde está la seguridad —le digo mientras ella arranca.
Se detiene justo a centímetros de mis hombres, todos se giran y sus miradas están puestas en mi.
—Klaus y Nino —les digo —. Sigannos.
Ellos asienten mientras el portón se abre, Vegoña va a una velocidad de anciano, pero no pienso discutir con la adulta que de niña mataba pollitos, el solo recuerdo de ese día me hace sonreír.
Cuando entramos en el auto pista, empiezo a realmente temer por mi vida, veo el acelerador y una sensación de pánico me embarga 240 Km/h aún le queda para alcanzar el fondo y la princesa Maniaca tiene toda la intensión de llevar acabo esta azaña peligrosa.
—Vegoña baja la velocidad —digo mientras busco de dónde agarrarme no veo si no el celaje de las cosas.
—Amo la velocidad —grita Vegoña mientras sostiene el volante con firmeza.
—Yo amo nuestras vidas printssesa así que baja la velocidad —una cosa es yo ir al mando a esa velocidad y otra es ir de copiloto.
Vegoña baja la velocidad y se aorilla justo en un mirador. Desde el auto podemos ver la puesta del sol, ella sonríe , una sonrisa que luego se va apagando y termina en un llanto ahogado.
—Print estoy aquí —susurro envolviendola en mis brazos.
—Me duele el pecho Kanat,es un dolor que quema por dentro y no me deja seguir.
La aprieto mientras beso su cabeza y la dejo sollozar en mis brazos.
—Lo siento tanto Vego.
—¿Puedes hacerme tuya antes de nuestra boda?
—Si puedo, pero tú nena querías tener tu primera vez en tu noche de bodas—le acomodo un mechon de cabello detrás de su oreja—. Y yo quiero que cumplas contigo, tendrás la mejor noche de bodas.
Ella asiente mientras se limpia los ojos. Mi teléfono empieza a sonar, es Dominic.
—Cuentame —digo mientras sigo acariciando a Vego.
—Ya los cuerpos fueron puestos en Marruecos ven a casa, las noticias están colapsando con el nombre de los Chein , y el presidente acaba de pedir una reunión con nosotros, te dije que esto era demasiado.
—Calmate ya voy a la casa y hablamos, no te preocupes tu estás limpio.
—¡No me jodas Kanat! ¡No quiero verte tras rejas!
—Tu y yo lo sabemos Dom, tarde o temprano este será mi final.
—¡Ni de coña te vas a poder en una celda!
Cuelga dejándome con una sensación extraña.
—Vamos printssesa maniaca, debemos volver a casa —le sonrió mientras ella deposita un beso en mis labios, el beso me toma por sorpresa, es un beso ligero como una pluma, tan suave que quema, sus manos viajan a mi pecho y su boca se rompe ante la mía buscando desesperadamente borrar recuerdos, y me encantaría ser utilizado por ella, pero me temo que en algún momento se de cuenta de lo que está haciendo y sienta que yo me aproveche.
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Peligrosa Adicción (Prime Borrador )
RomanceUn corazón incapaz de amar, hielo seco, seco como su alma en sequía , como su corazón agrietado, como una vida sin sentido. Kanat Chein es eso y mucho más, su vida ha sido la consecuencia de las decisiones de otros, en su mundo no cabe el amor, en s...
