Un auto

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Vegoña Vugoski

Mis ojos viajan por el rostro de Kanat, sus ojos azules están llenos de una oscuridad que jamás le había visto, su ropa está rota y pedazos de esta solo permiten ver las heridas, Dominic sale sin decir una palabra.

—¿Estas loco? —mi voz sale rabiosa—. ¿En qué demonios estabas pensando?

—Estoy bien printssesa, estoy aquí —susurra antes de posar su mano en la mía —. Ya no están nena.

—¿Lo torturaste? —la pregunta me toma por sorpresa, no pensé que quería algo así, pero si, se que si hubiera visto como lo torturaban lo hubiera disfrutado.

—Todo lo que pude printssesa, desearon no haber nacido —me sienta en su regazo, su olor suave y amaderado, se mezcla con ese olor metálico de la sangre.

—Gracias ruso —susurro en su pecho.

—No paloma, no me agradezcas eso, me haces sentir horrible, si no te hubiera déjado aquí ...—lo silencio no voy aceptar que se culpe por algo que el no tuvo control veo en su brazo una herida, pero es leve.

—No vuelvas a intentar culparte —le riño de mentira y eso hace que en sus ojos azules se cruce un pequeño destello de alegría—. ¡Vamos a ducharte, mi mamá y abuela Ado esperan por ti!

Me levanto de la silla, pero Kanat me vuelve a pegar a el.

—¡Ese vestido está peligroso Vegoña Vugoski! —me susurra en la oreja—. ¡Estoy en esta silla, pero no soy de palo!

Una carcajada sonora se escapa de mis labios y tapo su rostro con mis manos, mientras siento que mis mejillas se encienden de vergüenza.

—¿Estás seguro que puedes usar tus recuersos aún? —bromeo pícaramente.

Sus ojos brillan con una oscuridad deliciosa, peligrosamente adictiva. Baja su mirada a su intimidad, y luego me guiña el ojo.

—¡Oh sí printssesa maniaca soy el favorito de Dios! —no puedo evitar reírme y después de todo lo que me pasó, reírme de verdad reírme sinceramente me rompe, Kanat se da cuenta enseguida de mi puchero y de que me voy a poner a llorar y antes de que me rompa en sus ojos.

Su silla se mueve quedando a centímetros de mi, sus manos agarran mi cintura y su frente queda a la altura de mi vientre, sus labios rozan mi ombligo a través de la tela y me permito romperme ante el, me permito ser débil, me permito no ser la Vegoña Vugoski que siempre he sido, porque hay veces en la vida que el dolor que sentimos es tan grande, que no podemos ser los mismos que éramos, porque algo muy profundo dentro de nosotros se partió y cuando algo dentro se rompe en pedazos, cada que intentas recogerlo para repararlo, te cortas, te cortas con las heridas y te encuentras con heridas que no conocias, pero estan allí.

—Te quiero tanto polaca —la voz de Kanat me hace salir de las lágrimas, es como si su voz me volviera a la luz—.

—Y yo a ti malcriado —entierro mis manos en sus cabellos—. Vamos hay que ponerte hermoso.

Una mirada amenazante sale de sus ojos, pero no dice nada,Kanat se ayuda de una baranda que instalo Dimitri y logro pasarlo de la silla de ruedas a una silla en la ducha.

—¿Que miras? —le pregunto al darme cuenta que está embobado , mientras le coloco el jabón, tiene algunos tatuajes, el de la bratva, el nombre de su madre, el que se hizo para mí y uno que no habia visto, es el nombre de Dominic y Varvara en forma de espadas que atraviesan un corazón, la imagen me confunde totalmente.

—Tu mentón y nariz es que desde aquí se ve más bonita —me guiña pero entonces veo la diversión en sus ojos y me auto evaluó , claro mis pechos le quedan en toda la visión.

Peligrosa Adicción (Prime Borrador )Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora