El Valhalla estaba en llamas… pero no por la guerra contra los dioses.
Todo empezó cuando Brunhilde, desesperada por motivar a los Einherjar, abrió un portal temporal para buscar “inspiración”. Lo que trajo fue a una chica del Japón feudal con un arco sagrado, un uniforme escolar y un poder espiritual capaz de purificar incluso la arrogancia divina.
Kagome Higurashi aterrizó en medio del salón de los guerreros humanos, con su larga melena negra ondeando y una flecha aún brillando en su mano.
—…¿Dónde estoy? ¿Esto es el infierno o el pozo otra vez? —murmuró, mirando a su alrededor.
El silencio duró exactamente tres segundos.
Luego, el caos.
Lü Bu, el guerrero más fuerte de los Tres Reinos, se levantó de golpe, su lanza Sky Piercer temblando en su agarre. Sus ojos salvajes brillaban con una intensidad que nunca había mostrado en batalla.
—Esa aura… esa determinación… ¡Mujer! ¡Pelea conmigo! ¡No… cásate conmigo! ¡Serás mi reina de la guerra!
Adam, el Padre de la Humanidad, se acercó con paso calmado, pero su mirada protectora era feroz. Extendió una mano como si quisiera cubrirla del mundo entero.
—Hija mía… no. No mía. Eres demasiado pura para este lugar. Nadie te tocará mientras yo respire. Ni siquiera los dioses.
Sasaki Kojiro se inclinó elegantemente, espada en mano, con una sonrisa de samurái enamorado.
—Una flor tan delicada en este campo de batalla… Permíteme protegerte con mi espada. O mejor aún, déjame perder contra ti todas las noches.
Jack el Destripador observaba desde las sombras, su sonrisa torcida más suave de lo habitual.
—Qué ojos tan hermosos… Quiero verlos brillar solo para mí. Nadie más merece admirarlos.
Raiden Tameemon, el invencible sumo, se golpeó el pecho con fuerza, sonrojado como un adolescente.
—¡Kagome-chan! ¡Mi corazón late más fuerte que en cualquier pelea! ¡Deja que te cargue sobre mis hombros y te muestre lo que es un hombre de verdad!
Qin Shi Huang, el Primer Emperador, se acercó con porte regio, quitándose la capa para ponérsela sobre los hombros a Kagome.
—Este imperio ahora te pertenece. Todos mis tesoros, mis ejércitos… y yo mismo. Solo di una palabra, mi emperatriz.
Nikola Tesla ajustaba sus gafas con manos temblorosas, dibujando diagramas en el aire con electricidad.
—¡Fascinante! Tu energía espiritual es un campo de fuerza completamente nuevo. ¡Quiero estudiarlo… no, quiero fusionarme con él! ¡Contigo! ¡Para siempre!
Leonidas de Esparta cruzó los brazos, pero su voz grave temblaba de emoción.
—300 espartanos juraron morir por su rey. Yo juraría morir… y matar… por ti. ¡Ven a mi lado, guerrera!
Okita Souji, el prodigio de la espada, se sonrojó violentamente y desenvainó su katana solo para volver a guardarla, nervioso.
—K-Kagome-san… Nunca había visto a alguien tan hermosa y fuerte al mismo tiempo. ¿Me… me dejarías protegerte?
Sakata Kintoki, con su hacha enorme al hombro, soltó una risa estruendosa pero sus ojos dorados estaban llenos de adoración infantil.
—¡Eres más linda que cualquier onigiri! ¡Kintoki te defenderá de todo! ¡Incluso de los dioses celosos!
En menos de un minuto, Kagome estaba rodeada por diez de los guerreros más poderosos de la humanidad, todos mirándola como si fuera la única razón por la que valía la pena pelear en el Ragnarok.
—E-esperen… —balbuceó Kagome, retrocediendo con las mejillas rojas—. ¡Yo solo vine a sellar un youkai! ¡No pedí un harén de guerreros obsesionados!
Pero era tarde.
Lü Bu y Leonidas ya discutían a gritos quién la merecía más en combate.
Adam intentaba alejarla protectoramente mientras Jack susurraba promesas oscuras y dulces al mismo tiempo.
Tesla y Qin Shi Huang competían por impresionarla con inventos y regalos imperiales.
Raiden y Kintoki peleaban por quién la cargaría primero.
Sasaki y Okita se retaban a un duelo amistoso “por el honor de escoltarla”.
Kagome suspiró, pero no pudo evitar sonreír. Todos estos hombres, que estaban dispuestos a morir contra dioses por la humanidad… ahora solo querían vivir para ella.
—Está bien, está bien… —dijo finalmente, levantando las manos—. Pero nada de pelear entre ustedes. Si van a estar “enamorados y obsesionados”, al menos háganlo en equipo. Como un… equipo muy grande.
Los ojos de todos brillaron al mismo tiempo.
Esa noche, en una sala privada del Valhalla decorada con banderas de todos sus países y épocas, Kagome se encontró en el centro de un círculo de guerreros que la miraban con devoción absoluta.
Lü Bu la levantó sin esfuerzo y la sentó sobre su regazo, sus manos grandes pero sorprendentemente gentiles.
Adam besó su frente con reverencia paternal que rápidamente se volvió algo más profundo.
Sasaki trazaba líneas suaves con los dedos por su brazo, susurrando poesía de espada.
Jack lamía lentamente su cuello, disfrutando cada pequeño estremecimiento.
Raiden masajeaba sus hombros con fuerza controlada, murmurando lo suave que era.
Qin Shi Huang la besaba como si fuera su tesoro más preciado.
Tesla enviaba pequeñas descargas placenteras por su piel mientras explicaba “la ciencia del placer”.
Leonidas la abrazaba por detrás, su pecho ancho y cálido.
Okita y Kintoki competían por besos, uno tímido y dulce, el otro entusiasta y ruidoso.
Kagome jadeaba entre ellos, abrumada pero feliz, su energía espiritual brillando suave y rosa, mezclándose con la fuerza bruta, la astucia, el genio y el honor de todos.
—Son… imposibles —susurró entre gemidos, mientras manos y labios la adoraban por todas partes—. Todos ustedes… locos por mí.
Lü Bu gruñó contra su oído:
—Lucharíamos contra los dioses mil veces… solo para tenerte así una noche más.
Y mientras el Valhalla retumbaba con risas, celos juguetones y promesas de devoción eterna, Kagome pensó que, por primera vez, no quería volver al pozo del tiempo.
Aquí, rodeada de los campeones de la humanidad, se sentía verdaderamente adorada.
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Kagome crossover
FanfictionCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
