Capítulo 100: Madre está enterrada y no ha cambiado nada.

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     El tiempo había pasado rápidamente en Konoha y tanto Nozomi como Naruto habían cumplido sus dieciocho años. La pareja era notablemente famosa en el mundo ninja e incluso habían escrito algunos libros inspirados en ellos.

     La Hatake caminaba por la Hoja, observando las calles, sonriendo. Pese a que había sido un día duro, no podía evitar estar feliz. Pensó en pasarse por la floristería de Ino y comprar un ramo para Obito, pero alguien agarró su brazo de repente.

     —¡Hija! ¡Por fin te veo! —exclamó una mujer, apretando el brazo de Nozomi—. He estado hablando con un ninja muy guapo y amable... ¡y además es chunin!

     —Creo que se está equivocando, señora... No la conozco —murmuró la Hatake, sonriendo de manera incómoda. El pelo de la mujer, negro y largo, descansaba en su hombro derecho. Sus ojos verdes no se apartaban de los de Nozomi; negros y sin pizca de interés.

     —¿Pero qué dices? Soy tu madre. —Rio. —¿Necesitas gafas o algo?

     —Eh, bueno...

     —¡Señora, venga aquí, no debería incomodar a la gente de esta manera! —exclamó un médico corriendo hacia ellas. Nozomi frunció el ceño y se separó del agarre de la mujer—. Lo siento mucho, no volverá a suceder.

     —No se preocupe... —murmuró la Hatake mientras el hombre agarraba a la mujer por el brazo y se la llevaba.

     Nozomi respiró profundamente, no era un buen día para que alguien sacase a colación a su madre. Para despejarse, se dirigió al hospital y se dedicó a atender a los pacientes hasta que fueron las seis de la tarde.

     De camino a su casa se preguntó si Naruto habría hecho la cena. Pese a que no tenía las mejores dotes culinarias, siempre se esforzaba al máximo cocinando para ella. Y, además, no podía con su alma del hambre que tenía.

     —¡Cariño! —exclamó la misma mujer de antes. Nozomi tragó en seco y siguió caminando, queriendo seguir con su camino como si nada. De repente, la mujer agarró su muñeca—. ¡¿Por qué demonios ignoras a tu madre?!

     —Señora —masculló la Hatake, soltándose de su agarre—, déjeme en paz. Usted y yo no tenemos nada que ver. Y deje de decir que es mi madre...

     —¡¿Cómo que señora?! ¡Soy tu madre, ingrata! —Agarró a Nozomi por los hombros y la miró con lágrimas en los ojos. —¡Sé que eres ninja y estás ocupada, pero podrías pasarte por casa de vez en cuando!

     —Señora, mi madre está muerta —dijo la chica—. Se ahorcó desde la escalera del último piso de nuestra casa, así que sus vértebras se rompieron. ¿Sabe cómo se le llama a eso? La fractura del ahorcado. La soga acabó por ceder y, cuando cayó al suelo, se abrió la cabeza cuando esta chocó contra un mueble. Había tanta sangre en el suelo que incluso manchó mi vestido cuando lo descubrí. Señora, por favor, acabe con este sin sentido y déjeme en paz.

     —¿Qué estás diciendo? —murmuró la mujer, apretando con más fuerza los hombros de la Hatake—. E-eso no es posible. ¡Tú eres mi hija, deja de decir esas estupideces!

     La mujer golpeó la mejilla de Nozomi, que se la quedó mirando atónita. Debía haber salido corriendo en cuanto había escuchado la voz de esa señora.

     —¿Nozomi? —dijo Naruto, acercándose a ambas—. ¡Por fin te encuentro! —Reparó en la mujer que tenía al lado y frunció el ceño. —¿Quién es?

     —Mi madre, por lo visto —masculló ella—. Hazme un favor y devuélvela al hospital.

     —¿Va en serio o es otra de tus bromas macabras? —preguntó el Uzumaki, pero en cuanto analizó la cara de la chica con detenimiento, entendió que era una orden—. Está bien, espérame en casa...

Smile | Naruto UzumakiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora